Teclas y un mundo en descenso
La influencer Magalie goza de su fama realizando videos peligrosos que pone en riesgo su cuerpo. Cuando uno de sus experimentos sale mal, la protagonista se verá extorsionada por una periodista, quien le exige una entrevista si no quiere poner en jaque todo lo obtenido.

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Está claro que cada director tiene su marca, algunos más identificables que otros, pero el caso de Quentin Dupiex es muy particular: el realizador francés realiza historias “chicas”, pero repletos de mensajes sociales a través de una comicidad que abraza la sátira, por momentos en pleno terreno del metalenguaje y en otras de lo abstracto. Aquellos que han visto diferentes obras de él podrían identificarla de manera evidente, y en El accidente de piano (L´accident de piano, 2025) esto no es una excepción.
El estreno de MUBI –en esta ocasión fue directamente en la plataforma de streaming, pero sus trabajos más recientes gozaron de un acotado estreno en la pantalla grande- sigue a la influencer y creadora de contenido Magalie (Adèle Exarchopoulos), quien realiza videos lastimándose con diferentes elementos o poniendo en riesgo su cuerpo para generar interacciones, siendo una de las personas más famosas de las redes sociales. Cuando un trabajo con el instrumento musical que lleva el título del film sale mal, ella junto a su representante y secretario Patrick (Jérôme Commandeur) se aislarán en un chalet montañoso. Pero todo se complicará cuando una periodista (Sandrine Kiberlain), quien sabe de un secreto que rodea al último trabajo de la joven con el piano, la extorsionará solicitándole una entrevista.
Dupiex utiliza la historia para brindar diferentes temáticas de la actualidad, que puede pensarse en noción de trilogía sobre visiones de la cultura con Daaaaaalí! (2023) y El segundo acto (Le deuxième acte, 2024). Si la primera se refería al ego del artista y la originalidad en el arte, y la segunda abordaba cuestiones de la industria audiovisual, su nuevo trabajo arrolla con las nociones de la fama inmediata y de cualquier manera, del contenido superfluo y superficial.
Todo está personificado en el personaje de Exarchopoulos, generando cero empatía y con unas características banales y desagradables que parecen dejar en claro la postura del director –quien, como en varios de sus proyectos, acá también se encarga del guion y de la fotografía, un tanto más apagada en que otras ocasiones- sobre estos nuevos famosos.
La propuesta se enriquece cuando la protagonista interactúa con otros personajes, que le dan mayor volatilidad a toda la exégesis que quiere darle el realizador. Entre el personaje de Commandeur, como una especie que alterna entre un perro faldero y Coronel Parker, y un tóxico fanático interpretado por Karim Leklou, evidenciarán el mundillo trivial, codicioso y hasta peligroso que representa este tipo de consumo.
Más allá del comentario notorio que realiza Quentin, cabe destacar que la trama también cuenta con un misterio –muy leve- que logra enriquecer el panfleto, principalmente referido al accidente con el piano que logra llevarse bien gracias a su narrativa y que permite mayor explosión para su cierre. Este secreto que desemboca en la participación del personaje de Kiberlain también permite ingresar un personaje con una perspectiva diferente, quizá como voz de la razón en todo este caótico código ofrecido –hay ciertos flashbacks que parece amagar con el desarrollo del personaje principal, pero no profundiza-, como sucedió en la abstracta obra sobre el pintor español de dos años atrás.
En esta nueva ocasión, El accidente de piano resulta más subrayado en la crítica que en sus antecesoras y, a la vez, cuenta con un ritmo más clásico a la hora de llevar adelante la trama con ciertos aires de suspenso –el metalenguaje que se volvía impulsivo en los estrenos anteriores, acá parece brillar por su ausencia-. No obstante, la marca de Dupieux está más que presente y a aquellos que han disfrutado sus trabajos no los defraudará, mientras que el público en general deberá estar atento que cuenta con ese código muy particular.
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