Un thriller de terror inesperado
Sigue a Isabel, una mujer que decide mudarse con sus dos hijos a un edificio elegante que opera con un sistema de admisión poco habitual. Todo parece funcionar bien al inicio, pero tres vecinos mayores que viven en el piso de abajo empiezan a intervenir en la vida de la familia. Sus visitas y comentarios generan un ambiente cada vez más tenso hasta cambiar por completo la rutina del nuevo hogar.

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Por Ignacio Rapari
Estrenada mundialmente en el Festival Tallinn Black Nights y con próximo paso por el BAFICI, la nueva película de Cristian Bernard (76-89-03, Regresados, Ecos de un crimen) es un cuento de horror clásico que necesitó once años de idas y vueltas para concretarse.
Bajo tus pies es una película de terror española dirigida por un director argentino. No hay nada decididamente llamativo en esa circunstancia. Sin embargo, cuando uno se detiene en la trayectoria de Bernard —responsable de una filmografía breve y singular, atravesada por miradas del mundo, contextos y niveles de producción absolutamente disímiles—, aquello que en principio parece intrascendente se transforma en algo mucho más significativo.
Desde 76-89-03 —revisitada años después en el documental 76-89-23—, pasando por el complejo regreso junto a Flavio Nardini con Regresados, hasta su debut en las majors con Ecos de un crimen, estrenada en plena pandemia y con más de 100.000 espectadores, la trayectoria de Cristian Bernard se construyó a partir de interrupciones prolongadas y retornos marcados por contextos de producción siempre cambiantes. En más de una ocasión, habló públicamente de una película de terror inspirada —o directamente basada— en hechos reales. Un proyecto que atravesó idas y vueltas constantes, cambios de protagonistas y una larga serie de vaivenes industriales que terminaron postergando la materialización de la película más personal de su carrera durante más de diez años y en tierras extranjeras. Pero eso es para otro análisis.
La cámara comienza siguiendo a Isabel, una psicóloga radiante interpretada por la siempre inmensa Maribel Verdú, que está a punto de mudarse junto a sus dos hijos a un imponente piso en un edificio de Bilbao. Tras la recorrida por el departamento, a cargo de una vendedora inmobiliaria, aparece la primera señal de alerta: el precio de renta no se corresponde con ese maravilloso lugar. Algo no cierra. ¿Cuál es la letra chica? La condición de locataria del personaje, sumada a una pregunta de índole religiosa formulada por la vendedora, activa las primeras reminiscencias a El bebé de Rosemary, película con la que Bajo tus pies establece varios puntos de contacto, aunque también diferencias claras desde el comienzo. Aquí, el conflicto no se articula en torno a un plan sobrenatural grandilocuente, sino a algo mucho más inmediato y terrenal: la desesperación provocada por la falta de sueño.
Ese elemento, casi un subtema —si se quiere, soterrado—, se filtra a través de situaciones más convencionales del género (llamativamente agrupadas entre fundidos a negro): voces que gritan durante la noche, que parecen reclamar a los nuevos inquilinos y los empujan hacia un espiral de decisiones extremas. En ese proceso, los niños ocupan un lugar central. Gritan, lloran y sienten miedo frente a lo desconocido, frente a lo perverso. Sin embargo, nada resulta tan devastador para ellos como la impotencia frente al derrumbe de su madre.

Isabel, presentada inicialmente como una figura protectora y fuerte —aunque marcada por el abandono de su esposo, padre de los niños— y completamente organizada en su rol profesional, comienza a desmoronarse. En palabras parafraseadas de su hija Lucía, se vuelve “mala”. A partir de ese punto, emergen dos elementos que se distancian notablemente de trabajos previos de Bernard. Por un lado, la oscuridad adulta sigue presente, pero el foco se desplaza hacia la luz —y la vulnerabilidad— de los primeros protagonistas infantiles de su obra. Por otro, la película consolida por primera vez un tema de alcance universal: la lucha del bien contra el mal en la que los planes de este último llenan de sentido a toda la película y a ese edificio tan imponente como escalofriante de la ciudad de Bilbao.
A lo largo de este cuento de hadas siniestro pueden rastrearse decenas de referencias que no temen ser descubiertas en ningún momento: desde Stanley Kubrick y Roman Polanski hasta Guillermo del Toro, especialmente en un memorable tercer acto que entre oscuridad, maquillaje y fantástico se reserva lo mejor. En el caso de Kubrick, la fascinación de Bernard por El resplandor ya se dejaba ver en Ecos de un crimen y en Bajo tus pies va incluso más allá, con un momento tan insólito e inesperado que el homenaje explícito queda relegado a un segundo plano.
Pero las referencias no están presentes porque sí. Existe una sintonía clara entre lo que el realizador manifestó a lo largo de los años en entrevistas y podcasts -su concepción del cine y la importancia formativa que tuvieron para él las películas de los años 70- y lo que finalmente terminó plasmado en la pantalla. En ese cruce aparece uno de los grandes desafíos de Bajo tus pies: dialogar con una relación contemporánea entre el público y las películas en la que lo clásico, lo sutil o aquello que no forma parte del debate inmediato en redes sociales suele percibirse como poco rentable o directamente irrelevante.
Bajo tus pies es, ante todo, una gran película de horror: de personajes, de climas, de una cámara inquieta y, sobre todo, una notable clase de puesta en escena. Todo es para disfrute del gran público, lo que no resulta casual si se tiene en cuenta que, históricamente, ese vínculo fue para Cristian Bernard mucho más generoso que el que mantuvo con la crítica. Es probable que esa relación favorable influya para que la película genere repercusión a lo largo del año. Recién después, y sólo después, Bajo tus pies puede pensarse como un caso de estudio: el de artistas que evolucionan, perseveran y, entre horrores muchas veces inexplicables, logran encontrar la luz.
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