28 de julio de 2026
dink

Llegó la hora del pickleball

Alguna vez prodigio del tenis, actualmente Dusty Boyd se encarga de dar clases en el club de su padre. Cuando una lesión lo aleja de las canchas, la solución llegará bajo otras dimensiones y otro instrumento: el demonizado pickleball, donde encontrará un nuevo camino e inesperados aliados.


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Por Ignacio Pedraza

Una de las noticias más importantes de esta semana fue la confirmación de la vuelta de Ricky Moranis para protagonizar la próxima Spaceballs 2 (2027). El comediante, quien vuelve a la pantalla grande tras veinte años, será dirigido por Josh Greenbaum, quien tiene la compleja tarea de cranear la secuela de la icónica parodia. El nombre del realizador nos compete en estas líneas porque, antes de estrenar el retorno de Mel Brooks, nos trajo a Apple TV+ Dink (2025).

Bajo el guion de Sean Clements, la nueva propuesta del servicio de streaming de la manzanita nos trae a Dusty “Hammer” Boyd (Jake Johnson), quien se preparó toda su vida bajo la dura crianza de su padre (Ed Harris) para ser un erudito en el mundo del tenis. Sin embargo, una lesión durante un enfrentamiento con Andy Roddick –cameo del número uno del mundo en 2003- lo alejó del circuito, y en la actualidad debe conformarse dando clases en el club presidido por su progenitor.

La soberbia del protagonista lo llevará a lastimarse la muñeca, y su doctor (breve participación de Ben Stiller, quien produjo el proyecto) le recomienda rehabilitarse a través del pickleball, deporte similar al tenis, pero en una cancha más reducida y con paleta. Renegado a practicar un juego que lo entiende como un insulto para su deporte mater, el protagonista encontrará un nuevo camino que lo hará cambiar su perspectiva. Durante ese trayecto, Dusty conocerá a simpáticos personajes, pero principalmente a Candace (Mary Steenburgen), una mujer divorciada con quien entablará una especial relación.

Sin salirse de los parámetros del género más pasatista, el largometraje apunta a una trama simple dentro de las comedias deportivas, cercano a lo que años anteriores hicieron Adam Sandler o Will Ferrell -que recientemente lo tuvimos en formato serie con The Hawk (2026)-. En ese sentido, si bien Johnson ha demostrado tener un registro propicio para este tipo de historias y su carisma es innegable, no parece vislumbrar como lo hicieron aquellos comediantes y su personaje –que comienza desde lo absurdo para ir normalizándose- tampoco despierta semejante interés. No obstante, la química entre el protagonista y la gran Steenburgen es de los puntos más altos del film y que logra ser llevadero los más de cien minutos de metraje.

Tanto Greenbaum como Clements no solo se apoyan en el previsible cambio de su personaje principal, sino que suman situaciones ridículas o figuras exageradas -hay buenos pasajes del amigo del protagonista, PJ (Aaron Chen), y un Harris distinto a sus usuales trabajos- que no van al hueso de la cuestión. En la búsqueda de la comicidad, tanto la musicalización de Dara Taylor –repleta de música country un tanto desconcertante- como la colorida fotografía de Carl Herse son ejemplos de piezas evidentes en búsqueda de esos objetivos.

Dink es lo que se podría definir como una película apenas simpática, totalmente olvidable, pero que no cuenta como un antecedente positivo para su director, a la espera de que la vara se eleve en su próximo trabajo teniendo en cuenta el legado que conlleva.


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