Regresa la historia con Aang, el Avatar ya adulto
Avatar Aang, el último maestro del aire del mundo, descubre la existencia de un antiguo poder que podría salvar a su pueblo de la extinción. Con la ayuda de un grupo de maestros de distintos elementos y hábiles guerreros, Aang emprende una búsqueda por todo el mundo para encontrar ese poder antes de que caiga en las manos equivocadas y amenace con destruir la paz por la que lo sacrificaron todo.

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Por Ignacio Pedraza
En la búsqueda de la paz entre los cuatro elementos, Aang y su grupo descubren una poderoso báscula que puede renacer a los maestros aire. Por ello, el equipo Avatar se pondrá en marcha en una nueva aventura en que el peligro y el destino del mundo estará nuevamente en juego.
En 2005, Nickelodeon nos brindó una de las mejores series animadas de la modernidad: con los elementos agua, tierra, fuego y aire en disputa, solo uno podía controlar los cuatro poderes y traer armonía al mundo: el Avatar. Bajo la encarnación de un niño de diez años, que encima representaba al único ser viviente de la cultura aire, su responsabilidad y trabajo se enmarcaría bajo tres temporadas con acción, aventura y humor en Avatar: la leyenda de Aang (2005).
La riqueza y posibilidad de expansión de esa mitología ha generado múltiples adaptaciones e historias nuevas en distintos formatos: desde la fallida película live action de 2010, pasando por la serie –también de acción real- de Netflix en 2024, hasta la secuela La leyenda de Korra (2012), la cuerda que ofrecía el futuro del protagonista y sus amigos luego de vencer al señor del fuego se materializó con el nuevo largometraje animado estrenado –filtración mediante- en Paramount+, Avatar Aang: El último maestro del aire (2026).
Un adulto Aang (la voz original es de Eric Nam) vive sus días en paz entre las tres naciones, pero aún algo le falta: el sentimiento de culpa y ausencia de la nación del aire. Cuando un grupo de rebeldes llamados “Los renegados” roban un mapa que los lleva hacia una mágica báscula que tiene el poder de generar nuevos maestros aire, el protagonista lo verá como una posibilidad para revivir esa cultura; para ello deberá descubrir el paradero de Tagah (Dave Bautista), un antiguo maestro que le será de ayudar para dar con el artefacto.
Con los creadores Bryan Konietzko y Michael Dante DiMartino a cargo de la historia, el nuevo proyecto de Avatar Studios se brinda en una especie de continuidad de la serie estrenada veinte años atrás, y a la vez sentar bases para lo que fue edificando la historia que protagonizaba la entusiasta Korra. Sin embargo, la primera de estas ideas se impone: repleto de aventura y acción, con una trama que no cuenta con tanto desarrollo y es más bien plana, su directora Lauren Montgomery pone en foco al maestro aire y sus amigos, con la vuelta de
Katara (Jessica Matten), Toph (Dionne Quan), Zuko (Steven Yeun) y Sokka (Román Zaragoza) bajo sus características personalidades para darles su especie de “The last dance”.
Asimismo, lo interesante del largometraje se basa en algunas ideas que la serie original tomaba en cuenta pero que, entre tantas subtramas, no terminó de desarrollarse del todo: la responsabilidad del Avatar con la nación del aire. Sin llegar a pensarse como un “libro cuatro” –en la historia de 2004, cada temporada llevaba el nombre de los elementos restantes-, todo lo referido a esa cultura y su trágico destino, al igual que la motivación de diferentes personajes, están en el plano principal de la historia.
Más allá de evidenciarse que el espíritu se siente en el aire, con una animación que eleva a lo visto anteriormente manteniendo el estilo, pero codeándose con el 3D principalmente en sus paisajes, algunos pasajes del guion de Tim Hendrick y Christopher Yost pueden hacer ruido: uno pasa por el mundo espiritual, que siempre ha estado presente en la obra, pero que aquí intenta meterse de una manera desigual al resto de los conflictos y que pierde fuerza, sintiéndose desaprovechado. Lo otro, que va de la mano con lo anterior, sucede con la utilización del humor: siempre bien equilibrado en cada una de las aventuras de sus personajes, por momentos durante el film dicho recurso parece irse de las manos, tanto en el corte abrupto de secuencias realmente dramáticas –el personaje de Gorilavark (Taika Waititi) lo ejemplifica a la perfección- como en un intento de mantener la caracterización de sus personajes, y no ver necesariamente un progreso o madurez.
El nuevo estreno es más que digno, trae de vuelta el espíritu de la obra y los fans de dicho universo lo sabrán apreciar, más allá de que termina siendo, a pesar de sus intentos de grandilocuencia, una historia de bajo vuelo.
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