En Mississippi nunca cesó el fuego
Luego del asesinato a Vernon Dahmer en 1966, el agente afroamericano del FBI Wayne Strider deberá unir fuerzas con una figura inesperada: el mafioso Gregory Scarpa, quien lo ayudará a encontrar a los responsables.

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Por Ignacio Pedraza
“Si no está bien Mississippi, no está bien Estados Unidos”, la frase de Allison (Nicole Beharie) resume la importancia de la investigación que llevaba adelante su esposo Wayne Strider (Yahya Abdul-Mateen II) en el estado sureño en 1966. Es que luego del icónico caso de asesinato de los activistas James Chaney, Andrew Goodman y Michael Schwerner por parte del Ku Klux Klan dos años atrás, el atentado contra el empresario Vernon Dahmer (Giancarlo Esposito) vuelve a poner en tapa la segregación y discriminación racial.
A cualquier precio (By Any Means, 2026) resalta la investigación del agente ficticio Strider, quien los rumores lo posicionan como perteneciente al FBI en esa época pero sin ninguna confirmación, para dar con lo sucedido a Dahmer, quien incentivó el voto afroamericano y estaba en la mira por la comunidad. Para llevar adelante su trabajo, el protagonista unirá fuerzas con alguien inesperado: Gregory Scarpa (Mark Wahlberg), famoso mafioso de Nueva York que ayudaba a las fuerzas federales a través de sus violentos métodos.
El film de Elegance Bratton –con guion de Sascha Penn– permite pensarse como una espiritual secuela de Mississippi en llamas (Mississippi Burning, 1988), el largometraje de Alan Parker, que retrataba el caso de los activistas, pero sin tener en cuenta el rol de Scarpa, ya que para ese entonces aún era una incógnita su colaboración con las fuerzas. En esta ocasión, el caso de 1964 sirve como puntapié para retratar la coyuntura del país y una presentación del personaje de Wahlberg, quien también se involucrará dos años después.
El estreno aborda dicha problemática a través del buddy film, donde las características disímiles están en plena disputa por los métodos: Strider intenta llevar adelante la investigación por el camino legal y con las correctas formas; mientras que el mafioso tiene poco que perder, y cuenta con vía libre para llevar sus frenéticas formas hasta las últimas consecuencias, en pos de dar con los nombres responsables del asesinato a Vernon. Dicho contraste estará presente continuamente a lo largo del largometraje, generando ricas interacciones entre Abdul-Mateen II y Wahlberg –en sus respectivas filmografías, ambos actores cuentan con antecedentes de policía bueno y policía malo- tanto en las secuencias de acciones como en la dialéctica, y que permite ver la transformación del primero con el correr de los minutos.
A esto hay que sumarle los interesantes puntos técnicos que tiene el proyecto: además de la buena puesta de escena de la década del sesenta y la correcta fotografía de Ante Cheng, lo que realmente resalta es la musicalización de Terence Blanchard, sobresaliendo las partituras originales propias de su especialidad como es el jazz pero también un abanico más ampliado que va desde Nina Simone a The Isley Brothers.
Dentro de los parámetros esperados en el género –y que se celebra-, es cierto que A cualquier precio no quedará en el recuerdo de las obras más inolvidables, y ni siquiera entre los roles más destacados de sus intérpretes, pero sí logra ser una buena historia que despierta su interés y que permite ahondar más a la trágica historia racial de Mississippi, proponiendo un interesante doble visionado con la obra de 1988.
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