No vuela, cae coloridamente con estilo
El joven Arco quiere volar, pero sus padres no se lo permiten por su corta edad. Con los poderes del arcoíris, el protagonista viajará accidentalmente al pasado, donde conocerá a Iris, una chica de diez años, y buscarán una solución para volver a su tiempo.

Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar para que siga creciendo esta comunidad.
Por Ignacio Pedraza
Entre las nominadas al Oscar como mejor película animada se coló una de la que no estaba tan presente en el radar: Arco (2025), película de producción francesa y estadounidense –entre sus productores aparece Natalie Portman-, que competirá entre tanques de Pixar y fenómenos de Netflix.
En el año 2932, el niño que lleva el nombre del film, quiere volar bajo los poderes del arcoíris que tiene su comuna. Sin embargo, aún es muy joven y lo tiene prohibido por sus padres. Luego de una travesura que se le va de las manos, logrará su objetivo y viajará al año 2075, donde se encontrará con Iris, una chica de diez años que no está satisfecha en la convivencia con su hermano menor y su robot asistente. Juntos, deberán descubrir la forma para que Arco vuelva a su tiempo, en una aventura que despertará diferentes sentimientos a la dupla y a los que los rodean.
La propuesta de Ugo Bienvenu –quien escribe el guion junto a Félix De Givry– se inserta en la aventura familiar, con una historia que llega tanto a niños como adultos a través de las secuencias que vivencian los dos jóvenes protagonistas. El largometraje distribuido por Maco Cine logra reconocerse dentro de las producciones animadas propias de la década del 70 y 80, con un espíritu posicionado sobre la peripecia de sus personajes.
Sobre esta idea, cabe destacar que la película también logra ir construyendo de gran manera el componente dramático con situaciones lagrimosas, particularmente en el tercer acto, y que dan mayor volatilidad a los secundarios, que en un primer momento parecen más acartonados. A raíz de esto, personajes como Mikki o el trío de hermanos compuesto por Dougie, Stewie y Frankie –amén de ser el alivio cómico- terminan siendo entrañables, no reposando todo el peso en los jóvenes.
Asimismo, hay una capacidad en el director galo en presentar diferentes posturas relacionadas a cuestiones sociales –algo que también podía evidenciarse en el género cincuenta o cuarenta años atrás-. Porque si bien es evidente que lo medioambiental es notorio, también se suman otras nociones sobre la tecnología, el rol humano o familiar y hasta la pedagogía; logrando nunca subrayar ni imponerse por sobre la trama permitiendo la relectura al espectador, sí como un mensaje premonitorio, pero fomentando su debate y no desde lo aleccionador.
En este viaje nostálgico, las cuestiones técnicas no están ajenas y, por el contrario, enriquecen el proyecto: la animación 2D que combina influencias que van desde Yellow Submarine (1968) –algunos personajes parecen salidos del film del cuarteto de Liverpool- y también ciertos trabajos de Estudio Ghibli, principalmente en lo referido a los primeros trabajos de la productora encabezada por Hayao Miyazaki. Para ello, se destaca la colorida paleta de colores –punto necesario para referirse al fenómeno meteorológico- y la aumentativa musicalización de Arnaud Toulon, que logra relucirse en el final.
Arco logra ser madura y para toda la familia, rememorando a viejas propuestas del género donde la fantasía, el drama y los recados sobre nuestra sociedad no faltan, pero que todos esos ingredientes logran cohesionar y adentrarnos en la interesante historia.
Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar para que siga creciendo esta comunidad.
