29 de enero de 2026

Un thriller de terror y supervivencia

Dos colegas quedan varados en una isla desierta tras ser los únicos sobrevivientes de un accidente aéreo. En la isla deben superar viejos resentimientos y trabajar juntos para sobrevivir, pero, sobre todo, se trata de una inquietante batalla con humor negro de voluntades e ingenio para salir con vida.


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Por Gastón Dufour

En ¡Ayuda! Sam Raimi vuelve a un terreno que conoce bien —la tensión construida con pocos elementos— pero lo hace con una madurez casi austera, que convierte a esta película en una experiencia tan incómoda como fascinante. Lejos del exceso y del guiño permanente, el film apuesta por el encierro, por el desgaste físico y mental, y por la idea de que sobrevivir no siempre implica salir ileso. Raimi trabaja con precisión, dejando que la amenaza emerja del tiempo compartido, de la convivencia forzada y del roce constante entre dos voluntades en fricción.

La historia se articula a partir de una dinámica previa al desastre que resulta clave. Rachel McAdams interpreta a una mujer atrapada en una estructura laboral asfixiante, marcada por la desvalorización cotidiana y por una relación desigual con su jefe, encarnado por Dylan O’Brien. Esa tensión inicial, aparentemente menor, funciona como un sedimento emocional que Raimi traslada a la isla, donde jerarquías y rencores se reconfiguran y adquieren un peso decisivo en la lucha por sobrevivir. El accidente aéreo no irrumpe como un quiebre absoluto, sino como un desplazamiento: el conflicto ya estaba ahí, esperando otro escenario para intensificarse.

Uno de los grandes aciertos del film es su manejo del tiempo. El realizador estira las escenas, deja respirar los silencios y convierte la repetición —el hambre, el cansancio, la rutina— en una herramienta narrativa. La isla pierde rápidamente cualquier rasgo de exotismo y se vuelve un espacio hostil, filmado con una cámara que observa con paciencia y entiende que la verdadera amenaza no siempre necesita mostrarse. La incomodidad crece de forma progresiva, casi física.

Las actuaciones sostienen todo el dispositivo. McAdams compone un personaje contenido, que se transforma sin subrayados ni golpes de efecto, apoyándose en el desgaste corporal y en pequeñas variaciones gestuales. O’Brien, por su parte, se mueve con soltura en un registro cada vez más inestable, dejando que la pérdida de control se filtre de manera gradual. La química entre ambos es tensa, cambiante, atravesada por una desconfianza persistente que convierte cada diálogo en una negociación implícita.

En lo visual, ¡Ayuda! elige la contención. La fotografía evita el postalismo y acompaña el deterioro físico y emocional de los personajes, mientras que el diseño sonoro trabaja sobre lo mínimo: el viento, el mar, los ruidos insistentes que, en soledad, adquieren una presencia inquietante. Todo contribuye a una sensación de alerta constante. Sin buscar reinventar el género, lo depura. Raimi entrega una película sólida y precisa, que entiende el naufragio como una prueba emocional antes que como un espectáculo. Un relato íntimo y tenso sobre el desgaste, la convivencia forzada y las formas —a veces incómodas— que adopta la supervivencia.


TÍTULO: ¡Ayuda!
TÍTULO ORIGINAL: Send help
DIRECCIÓN: Sam Raimi.
ELENCO: Rachel McAdams, Dylan O’Brien, Dennis Haysbert, Xavier Samuel.
GÉNERO: Thriller. Terror.
ORIGEN: Estados Unidos.

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