La grasa de las capitales socialistas
Aprovechando lo que se denominó el “milagro económico chino”, el empresario Ah Bao logra hacer valer sus negocios e imponerse como figura importante, pero el turbulento mundillo de las negociaciones lo tendrán siempre en la mira, repercutiendo en él y sus allegados.

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Por Ignacio Pedraza
Ya no quedan dudas del peso que tienen las series hoy en día, siendo consumidas masivamente gracias a las múltiples plataformas y le disputan su espacio como entretenimiento a las películas y, aún más, a las salas; siendo el formato predilecto para gran parte de la audiencia. Por si quedaba alguna duda de su imposición, Wong Kar-wai vuelve a demostrarlo: el reconocido cineasta llegó a la pantalla chica, y lo hace con Blossoms Shangai (2023).
A través de treinta capítulos, con guion de Wen Qin y basada en la novela homónima de Jin Yucheng, el estreno de MUBI abarca las consecuencias del “milagro económico chino” o “reforma y apertura”, proceso económico originado en 1978 que modificó las lógicas industriales del país asiático a partir de la apertura al comercio exterior, alternando la industrialización y un mayor peso en la bolsa de valores, formando un socialismo de mercado.
Esta metamorfosis en la política permitió que Ah Bao (Ge Hu) logre escalar socialmente en Shanghái a partir de unos fructíferos negocios. La serie se situará en el año nuevo de 1993 –hay flashbacks que permiten considerar cómo el señor Bao pasa a las grandes ligas gracias al apadrinamiento de Tio Ye (Benchang You) -, con una sociedad todavía en auge por las modificaciones económicas y que visualizaban tratos y gestiones por doquier. Además de lo macro, el foco estará puesto en Huanghe Road, una calle repleta de restaurantes que compiten por ser el mejor, tanto en sus menús como en el espacio propicio para que los negocios floten.
Aún con mucho terreno por explorar, el protagonista se verá en varias encrucijadas, donde encontrará aliados y enemigos en cada uno de sus trabajos. Luego de un accidente con un taxi y algunos rumores de apuestas que no salieron bien, el personaje de Ge Hu tendrá su máximo desafío ante la incógnita irrupción de Li Li (Zhilei Xin), quien es la nueva dueña del lujoso restaurante La Gran Lisboa y tendrá sus propios objetivos, pateando la mesa de lo establecido.
Kar-wai nos trae una paleta de personajes amplios, pero todos a tono con la vorágine del ámbito en el que se mueven: la señorita Wang (Yan Tang), Ling Zi (Yili Ma) y Tao Tao (Long Chen) son algunos de los participantes que permiten darle mayor volumen a la trama y que crean un contexto realmente totalizador sobre las lógicas establecidas a partir de la nueva política, ya sea en el plano más personal como en órbitas gubernamentales –el personaje de Tang es una empleada del comercio exterior, y permite visualizar el rol estatal en ello-.
Más alejado de cuestiones amorosas –algún espacio encuentra en la narración, sin la necesidad de ser prioritario-, el estilo de su creador se hace más evidente en el ritmo frenético y por momentos lisérgico –la contaminación visual en la calle Huanghe permite impulsar esto- al suspenso y a los dramas propios de los pasillos de Sterling Cooper o Waystar RoyCo, donde Kar-wai no deja espacio para lo pausado y las tomas movedizas y de diferentes fotogramas por segundo son la característica principal de la serie. La pomposa musicalización de Frankie Chan y la iluminada fotografía de Chen-Yu Jin hacen su trabajo de manera precisa. Y sí, también hay voz en off que permite desarrollar ideas, al igual que sucede en cada una de las producciones de su realizador.
La nueva propuesta de MUBI logra ser provechosa por dos puntos: por una parte, se destaca la incursión del director hongkonés en este formato; mientras que, por otro lado, a partir de un suceso importante de la política asiática crea una historia atrapante de intereses, ambiciones y poder.
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