El director se presentó en el DOC Buenos Aires

En el marco de una nueva edición del DOC Buenos Aires, tuvimos la posibilidad de entrevistar a Florent Marcie, fotógrafo y director de cine documental, director de, entre varias de sus películas, Saia (2000), Itchkeri Kenti (2006) y Tomorrow Tripoli (2015)


Por Gastón Dufour

 

¿Es importante la transmisión de imágenes para compartir la búsqueda de participación social?

Florent Marcie: No tengo una respuesta para esto, pero tengo muchas preguntas que son próximas a esas. Por ejemplo en el mundo de los chalecos amarillos en Francia vi una gran cantidad de gente que filma ese movimiento con teléfonos; es toda una generación que está aprendiendo, jóvenes o no. Eran personas que no hacían películas antes, y ahora ante un acontecimiento importante, en que la historia golpea la puerta, las personas comienzan a filmar. Es bastante formidable esto, las jóvenes generaciones lo ponen en YouTube, Facebook Lite, y no es solo en Francia, es en todos lados. Al mismo tiempo esas herramientas colocan un montón de interrogantes. Uno de los riesgos de filmar de ese modo es que las personas que filman no son realizadores. Hacen vivo del momento que es fuerte, pero detrás de eso no es seguro que las imágenes queden. No hay mirada. Es como si las personas estuvieran borrachas, presas del momento.

 

Quedan presas de la adrenalina de la situación…

FM: Sí, eso es. Tal vez eso alcanza, a lo mejor no es necesario un realizador. Tal vez en este momento los realizadores estén sobrepasados, puede ser que yo no sirva para nada en este momento. Realmente me lo pregunté. Porque cuando estoy en un lugar en el que mucha gente filma forzosamente me pregunto ¿Por qué filmo? ¿Para qué sirve? Hace 15 años había mucha menos gente, o yo era el único, que estaba filmado sin tener manos adelante filmando también. Filmar como si uno estuviera solo o es difícil, casi imposible. Luego, está el tema que todas esas personas que filman, que van a informar o denunciar, sin saberlo son como espías del poder. Son como agentes dobles. Porque el poder sabe exactamente donde está la persona, sabe que está filmando rostros, el poder es formidable en ese punto. Tiene 200 agentes que están filmando con sus teléfonos en una manifestación, el poder soñaba con ello. A lo mejor antes había una. Pero ahora, sobre Facebook es lo mismo. Entran y ven. La revolución por la imagen es una contrarrevolución al mismo tiempo, porque el poder se va a servir de eso para controlar. Es un verdadero problema porque cuando se filma acontecimientos revolucionarios, y tengo alguna experiencia en eso, a menudo no hay que mostrarlo inmediatamente, porque podés poner en peligro a la persona que filmas, y hasta podés ponerte a vos mismo en peligro; por ejemplo que te puedan detener inmediatamente. Si entro en un país clandestinamente y hago vivo y filmo todos los días, llega un momento en que me voy a hacer detener. Entonces la mirada, el análisis pide, demanda tiempo, entonces no se puede ser realizador en el momento; hay que tener una puesta en perspectiva, y al mismo tiempo es necesario cierta discreción. A veces es necesario retirarse un poco para reflexionar, y hoy día es muy difícil retirarse del mundo, tomar una distancia. ¿Cualquier fenómeno se puede transformar una obra? No estoy seguro.

 

Con respecto al poder y la posibilidad de la utilización del control de la información en las redes creo que los usuarios, sobre todo los más jóvenes, o por lo menos una parte de los que comparte información técnicamente inútil, comparten solamente contenido relacionado a la diversión cuando hubo una posibilidad de democratizar los contenidos o acceder a información que no teníamos 30 años antes. ¿Puede ser un plan del poder?

FM: No, no creo que haya sido un plan de poder, pero puede volverse ello. Cuando el poder comprende que esas herramientas permiten a la gente organizarse, hacer circular la información entre ellos, y ya no necesitan escuchar más la televisión oficial, entonces es una amenaza para el poder. El poder siempre es piramidal, no importa cual sea, incluso en la democracia. En la democracia no hay un verdadero poder democrático. Es siempre piramidal. Los medios de transmisión actuales no son piramidales, son horizontales. Es un contrapoder que rompe la estructura clásica del poder. Y el poder no tiene otra solución que reformarse totalmente, cambiando la forma de comunicar y de hacer política tratando de reaccionar de acuerdo a lo que la gente piensa, pero que ningún poder en realidad hoy lo quiere hacer. Es discurso, pero no es la voluntad real. En Francia, por ejemplo, Macron va a decir eso pero no es lo que realmente pasa ni piensa. Entonces la primera opción sería reformarse y la segunda seria utilizar esas herramientas para controlar, para inventar una nueva forma de control, sabiendo que son temas políticos, filosóficos; en una sociedad como la argentina, la de Francia, la de Alemania, que hace que vos seas argentino y no seas francés, no es un tema de frontera. Es el idioma, la educación que recibís, también la manera en que recibís la historia es piramidal. Entonces, cada país está bajo una cierta pirámide. Así es que se marcan las diferencias entre las personas. La situación hoy es muy complicada porque muchos países descansan en esas estructuras que son piramidales y desiguales. Al cabo de una cierta cantidad de años, se da una forma colectiva. Entonces las herramientas que tenemos hoy ponen en cuestión ese principio, lo discuten. Por un lado uno dice: está bueno, hay que cuestionar el poder, porque es malo, pero ¿Cuál es el modelo de sociedad que vamos a construir? ¿Es que existe la posibilidad de una sociedad que no tenga una estructura piramidal? Hablo de millones de personas. ¿Qué es lo que pasa en Francia? Aquí no sé, pero en Francia desde hace mucho tiempo hay una fragmentación en la sociedad; cada pequeño grupo defiende sus propios problemas. Todo el mundo es así. La gente no está de acuerdo entre sí. Y eso es complicado. No importa cuál sea el poder, siempre las decisiones se toman entre gente que no se pone de acuerdo. Y las personas pueden estar militando muy fuerte en las redes sociales y es formidable por un lado, pero ¿Una sociedad puede realmente sostenerse con eso? Es una pregunta para hacerse.

 

Por ejemplo, la sociedad está conformada hoy por muchísimas minorías, y como no pueden ponerse de acuerdo eso es tomado por el administrador ocasional del estado y trabaja con ello.

FM: El poder se sirve de esa división para ganar.

 

Divide y reinaras…


FM: Divide y reinarás. Viejo como el mundo. Pero al mismo tiempo una pregunta que hay que hacerse, o por lo menos yo me hago es ¿Qué sociedad podemos construir si todo el mundo es capaz de organizarse y de protestar? Uno escucha cosas que son muy interesantes y otras que son cualquier cosa. En las redes hay complotismo, como decimos en Francia. Siempre hay complots; es muy difícil, y esto es un fenómeno mundial hoy. Mi sentimiento es que es indispensable poder educar (no me gusta mucho esa palabra, pero bueno) educar a la gente, a la sociedad en estas preguntas, reflexionar sobre ello. ¿Qué es una imagen? ¿Cómo se fabrica la información? Pero no solamente la información, cómo se fabrica la historia. Cómo se fabricó el pasado colectivo. Porque hoy hablamos mucho de Fake News pero la historia es la historia de los vencedores, decimos, entonces siempre se hizo la historia a partir de las Fake News, en cierto modo. Si pudiéramos viajar al pasado y ponernos como observadores de una situación importante para Francia o para Argentina que esté escrita en los libros de historia creo que lo veríamos no se correspondería con lo que leeríamos. Con muchos acontecimientos seria así. A lo mejor no hay ninguna relación. Y al mismo tiempo estamos en el mito, y el mito a la vez es una herramienta para forjar la historia, entonces si alguien busca la verdad definitiva, no necesariamente se ponen de acuerdo para eso entre unos y otros.

 

Yo lo pienso sobre este país pero imagino que fue así con muchos otros: se crea un mito y una historia para crear una identidad nacional; y luego comienzan a aparecer otros historiadores con otras líneas y se entera uno que hubo cosas que nunca pasaron, o que se edulcoraron. Nosotros, como argentinos, no podemos decir que hay una identidad argentina; es una teoría personal: No hay un argentino tipo; no existe. Entonces se trabaja a partir de esa información. Ahora cuando esa información se comparte y hay mucho áacercamiento a la revisión histórica uno puede ver que su país no existe, que la historia está hecha en base a las Fake News que antes eran solamente noticias. Y ahí se choca con la realidad de decir: ¿Qué somos?

FM: Para mí la situación… somos nosotros, todo el mundo. Para hacer una especia de metáfora: descubrimos de manera creciente que nuestro padre no es nuestro padre. Entonces tal vez nuestro origen no es el que creíamos y al mismo tiempo existimos de ese modo porque es lo que nos hicieron creer. Si no, estamos perdidos. Es muy complicado. Hay una educación muy fuerte atrás, filosófica, tal vez una gran fuente intelectual para soportar ser huérfanos.

 

Es filosófico, sociológico. ¿Cómo cree como va a ser la humanidad a futuro respecto a los conflictos. Es muy profundo. ¿Cómo se podrán enfrentar los conflictos entre países, internamente y hacia afuera?

FM: Esa es una pregunta que me hago todos los días. No es muy original lo que voy a decir: creo que no hay solución. Sobre todo con la paradoja que expliqué antes, sobre existir y ser, establecer desde la propia identidad lo que uno es descansa sobre una especia de mentira, de ficción. No se si leíste algunos libros de neurociencia.

 

Sí.

FM: Mucha gente escribe sobre lo que es el yo. Cómo mi cerebro fabrica ese yo, una especie de imagen de lo que yo soy. Supongamos que esto funciona así. Hay en ello una especie de ficción. Lo mismo pasa con las colectividades. Pasa que no se puede funcionar de otra manera, es nuestra biología. El mundo en el que vivimos. El problema que tenemos frente a nosotros, más allá de tal dictador, de tal político, de tal persona, es que nosotros tenemos un cerebro muy limitado que es el de un animal, las emociones pertenecen al mundo de lo animal. Es un animal que se formó en un mundo muy distinto del nuestro. Estamos en este momento en un mundo que es, de alguna forma, inhumano. Sobrepasa nuestras capacidades. En una librería hay miles de libros; no son hojas de árbol; son libros, hechos por hombres como yo. Para mí son como hojas de árbol. Por ejemplo, ¿Cuántos objetos hay en esta mesa? Si miro dos segundos, digo: Hay cuatro. Si miro muy rápidamente no puedo decir cuántos objetos exactamente hay. Esto es porque mi cerebro no está capacitado, porque nació en una época en que la naturaleza no necesitaba contar objetos sobre la mesa. Entonces tres o cuatro objetos bastaban para asegurar mi sobrevida. No puedo cambiar eso. El tema es que cuando todos los hombres tienen este tipo de limitación, se crea un problema colectivo. El problema colectivo que tenemos. Por ejemplo, ningún hombre puede saber exactamente quién es. No tiene acceso a ese proceso en el que da la impresión de ser tal o cual. En el mundo en que estamos hoy, creo que descubrimos, nos estamos dando cuenta de sus límites, y no hay solución por el momento para esto. Tratamos de servirnos de algoritmos para ir más lejos con nuestro cerebro, pero ¿Adónde nos lleva eso? ¿Vamos a aprender algo esencial? ¿Quién controla eso? Eso es cada vez más potente, más poderoso. Creo que ese tipo de conflictos o de formas de opresión son justamente eso. Al mismo tiempo, la única cosa que me da placer en esto es que ello quizás obligue a la lucha. Un autor francés, Victor Hugo, escribió un poema que dice: Los que viven son los que luchan. La lucha es una forma de existencia. En mi sociedad, en Francia (no le daría placer a la gente de mi edad escuchar esto, porque la lucha se ha reducido mucho) hace veinte o treinta años había algunas luchas, pero no grandes. Y creo que la vida en ese sentido se redujo. Porque la sociedad de confort no es la sociedad de la lucha. En la época en que estamos trae la lucha al interior de nuestra vida, la ecología, los algoritmos, ¿Qué hacemos con eso? El momento que tenemos de los chalecos amarillos, más allá de todo lo que podamos decir , más allá de todos los análisis que se puedan hacer sobre eso, es el retorno de la historia y de la lucha que da un sentido, la gente redescubre un sentido en sus vidas a partir de la lucha de ese movimiento.