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Un thriller político tan intenso como atrapante

La nueva edición del Festival de Cine Coreano (Han Cine), que se puede disfrutar gratuitamente a través de CINEAR PLAY hasta el próximo 26 de septiembre, presenta entre sus 13 títulos El hombre del Presidente, una notable propuesta que significó un éxito de taquilla en su país de origen, donde fue vista por más de 35 millones de personas durante la pandemia.


Por Ignacio Rapari

Alianzas, lobistas, rupturas, traiciones y una paranoia in crescendo. En sus casi dos horas de duración, El hombre del presidente tiene todo para ser un nuevo ejemplo que atestigüe la categoría del cine sur coreano, imponente desde hace mucho tiempo pero injustamente registrado por una gran mayoría desde el fenómeno Parasite, en la anteúltima edición de los Premios Oscar. En esta ocasión, el interesante realizador Woo Min-ho (Inside Men, The Drug King) brinda una propuesta tan frenética como el contexto socio-histórico al cual alude, e indudablemente se destaca como uno de los mejores thrillers políticos de los últimos años.

La historia (basada en un caso real) transcurre durante los 40 días previos al homicidio del ex presidente de Corea del Sur, Park Chung-hee (Lee-Sung min), un ex miembro del ejercito coreano que impuso un golpe de estado en 1961, lo que condujo a la formación de la llamada Tercera República y al arraigo de Park en el poder presidencial durante nada más ni nada menos que 18 años. Si bien Park logró imponerse en elecciones democráticas en 1963 y su gobierno logró un significativo crecimiento económico -y hasta intentó lograr la reunificación con Corea del Norte-, el extenso mandato comenzó a derivar en escandalosos casos de corrupción en los que se vio involucrada, especialmente, la KCIA, el Servicio de Inteligencia coreano creado exclusivamente luego de la asunción de Park.

El fim de Woo Min-ho se concentra especialmente en la figura de Kim Kyoo-pyeong (Lee Byung Hun), director de la KCIA que debe lidiar tanto con los conflictos que derivan del gobierno de Park como con sus demonios personales.

Por un lado, Kim gestiona los hilos de un comprometido asunto vinculado con el ex director de la Central, Park Yong-gak (Kwak Do-won), quien ha escapado de Corea para testificar ante el Congreso de EEUU sobre los casos de corrupción que involucran al gobierno surcoreano. A su vez, hay una lucha interna de poder que preocupa a Kim, ya que el impulsivo jefe de seguridad del presidente Park, Kwak Sang-cheon (Lee Hee-joon), comienza a adquirir una relevancia no solo cada vez mayor para el mandatario, sino también peligrosa para el futuro social.

El hombre del presidente se desarrolla principalmente sobre estos dos ejes y sorprende por el frenético ritmo que propone, aún con las complejas cuestiones que aborda. Inclusive, el film puede resultar un tanto caótico para aquellos que desconozcan sobre el contexto socio-político en el cual se basa, pero no por ello atenta contra el interés del espectador, especialmente luego de que la historia termine por concentrarse en la lucha de poder que conduce a Kim hacia la locura absoluta, la cual se refleja magistralmente en un inolvidable plano secuencia en una de las últimas escenas de la película.

Bajo la influencia de exitosos thrillers como The Conversation (Francis Ford Coppola, 1974) o The Parallax View (Alan. J. Pakula, 1974), El hombre del presidente significa una excelente oportunidad para continuar con la expansión cultural que propone este interesante cine, que nada tiene que envidiar y del que mucho se debería aprender.


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