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Entrevista por el estreno de Una chica invisible

Comenzó a estudiar actuación a los 12 años y a sus 21 encontró un anuncio para un casting cinematográfico. Marco Berger le ofreció el protagónico de Ausente, película que ganó en el Festival de Berlín y recorrió decenas de festivales internacionales. A Javier De Pietro le costó decir que era actor sin haber trabajado profesionalmente, pero luego de varias participaciones en televisión, teatro y más de una docena de largometrajes, hoy podemos decir que es un actor con mayúsculas.


Por Walter Pulero

Esta semana estrena en Cine.ar Una chica invisible, primera película de Francisco Bendomir donde se encuadran los dilemas modernos sobre privacidad, fama y reconocimiento en un relato tragicómico. Está protagonizada por Javier De Pietro junto a Andrea Carballo, Lola Ahumada y Pablo Greco y en Cinergia conversamos con Javier acerca de este estreno en medio de la pandemia y cuarentena, y su larga trayectoria en la profesión.

¿Cuándo fue que te decidiste por tu profesión?

Javier De Pietro: Tenía 21 años, estaba estudiando comunicación social en la UNLAM, me gustaba pero sentía que me faltaba algo. Hacía ya unos años que no estaba haciendo teatro y me empecé a dar cuenta de que la cosa venía por ahí. Era muy chico y tenía los medios para estar bien y ser feliz, así que volví a contactarme con mi profe de toda la vida, Silvia Cichelli, y con Melisa Alonso, con quien habíamos empezado juntos teatro y de a poco empezamos a juntarnos y volver a tener contacto con la actuación. Eso me dio confianza para empezar a mandar curriculums a diferentes convocatorias, en su mayoría cortometrajes, y cuando me empezaron a elegir me fui animando a más… y así llegué a Ausente, que además de mi primer trabajo como profesional, también fue un protagónico.

Es difícil decir “soy actor o soy actriz”, a algunos nos cuesta un poco decirlo sin haber trabajado profesionalmente de esto. A partir de ahí pude empezar a decir que era actor, pero claro que lo sentía desde hacía mucho tiempo.


Comenzaste a estudiar actuación a los 12 años, ¿qué de todo lo que te enseñaron hoy implementás en tus clases?

J.D.P.: Muchas cosas, principalmente jugar: soy una persona muy lúdica, y siempre sin perder el respeto ni la seriedad con la que se preparan los trabajos, una fuerte base en todo lo que hago como actor tiene que ver con el juego.

Tuve la suerte de cruzarme con Silvia Cichelli quien todo el tiempo me hacía jugar con la verdad, mirar a la gente en la calle, copiarlos, contagiarme de ellos, de mis amigos, mi familia, mi entorno y mi contexto y a partir de ahí crear y jugar. Desde chico me inspiraron las personas y no tanto los personajes de ficción.


Tu primer trabajo en cine fue en Ausente de Marco Berger. ¿Qué cambios notás en ese Javier al de hoy? Tanto personal como actoral.

J.D.P.: Muchos, en lo personal pasaron 10 años desde aquel primer trabajo y todo lo que conlleva ese tiempo, además como lo dije anteriormente, antes de ese papel mi vida no giraba al rededor de la actuación y luego sí. Por lo que mi vida tomó un rumbo que hoy por hoy me hace estar en contacto permanente con la actuación. Desde el trabajo, soy actor y docente de actuación; y por lo personal donde mis principales pasatiempos pasan por ver cine y teatro.

Desde lo actoral también el tiempo, la experiencia en rodajes y la formación actoral te van dando cierta seguridad y compromiso con la profesión y a partir de ahí se pierde un poco lo genuino y se gana desde lo técnico o formal y todo el tiempo es una lucha entre lograr volver a lo genuino de un pibe que soñaba ser actor y darle el costado profesional que me encuentra hoy, en donde uno se plantea el trabajo con la responsabilidad que implica crear personajes que van a mostrar o representar personas.




¿De qué forma llegaste a formar parte del elenco de Una chica invisible?

J.D.P.: Conocí a Francisco (Bendomir) hace muchos años filmando un cortometraje en donde él era parte del equipo técnico y yo actor. Luego nos volvimos a cruzar en un rodaje en donde yo fui asistente de dirección y pegamos buena onda. Yo sabía que él venia con un proyecto de largometraje durante muchos años y sus cortos mostraban que tenía mucho que decir y contar, pero nunca pensé que me iba a llamar dos meses antes de empezar a rodar para protagonizarla. Me pasó el guion una noche y me lo leí en 15 minutos: no lo dudé porque además estaba buenísimo.


En palabras de su director, todos los personajes en la película tocan la invisibilidad y la exposición de distintas maneras, así como su incapacidad de controlar en qué niveles son visibles o no para los demás. ¿Qué cosas compartís con tu personaje?

J.D.P.: Con mi personaje comparto que soy un poco ermitaño y trasnochador, la energía de Daniel es creo algo de lo que me vieron para personificarlo, soy una persona calma y tengo, al parecer, cierto peso en la mirada que genera intriga. Después desde su acciones Daniel es un poco más jugado de lo que yo me considero a mí mismo, jajaja. Soy curioso pero no tanto como para invadir la intimidad de desconocidos.


Al menos en tus últimas tres películas puedo encontrar que el deseo sexual está muy presente y tus personajes no se encargan de reprimirlo. ¿En qué aspectos notás eso mismo en Daniel?

J.D.P.: Creo que Daniel tiene una vida que lo fue superando y nunca pudo lograr madurez para enfrentar sus obligaciones como supuestamente debería enfrentar alguien que tiene una hija a cargo, y ese peso lo lleva a creer que no puede vincularse sanamente con otras mujeres, por lo que ve como un posibilidad espiar a una conocida casi desconocida como un acercamiento y desde ahí podríamos sumar lo sexual como parte de ese “morbo”.


No solo sos actor de cine, sino que también incursionaste en el teatro. ¿Sentís la misma comodidad que cuando estás frente a una cámara?

J.D.P.: No se si es comodidad la palabra, son dos terrenos muy diferentes pero con la misma esencia.

Yo desde muy chico soy cinéfilo y siempre soñé con ser parte de películas, entonces a priori siempre me moviliza más estar en una película, pero también con el paso del tiempo en la profesión uno aprende a convivir con todas las formas posibles de actuar y ante esa variedad hay proyectos que vienen del teatro que te permiten jugar con otras cosas, como por ejemplo actuar con gente que uno quiere mucho, contar cosas más personales y ser parte de algo tan transformador como lo es el teatro que te hacen pensar que actuar está por sobre el medio en donde lo hagas.


En medio de la pandemia, uno de los rubros más perjudicados sin dudas es el relacionado al entretenimiento. ¿Qué hace un actor mientras espera hasta el próximo casting?

J.D.P.: En mi caso estoy viendo mucho cine del que me había alejado, con la ansiedad que provoca el día a día, la velocidad con la que pasan las cosas. Sin querer hasta uno que se dedica a profundizar quizás un poco más en el arte, cae en manos de Netflix, las superproducciones y todo eso, que por otra parte están buenísimos. Así que traté de bajar un cambio y me acerqué nuevamente al cine de autor, a las series no tan populares y a leer e investigar sobre la actuación. Me gusta mucho escribir sobre la profesión y lo que me pasa y observo yo como actor de mi contexto, no con ánimos de que eso sea material para publicar pero sí como un ejercicio de vincularme y entender al otro sin su presencia.


¿Cuál es tu mayor desafío como actor?

J.D.P.: Poder trabajar en historias que movilicen, que sean rupturistas, que inviten a la reflexión sin dejar de entretener y divertir y para que eso suceda hay que estar preparado, entrenado y nunca perder el sentido de realidad que nos rodea, y por sobre todo no perder esas ganas de jugar aún sabiendo que estoy trabajando.


¿Cuáles son tus próximos proyectos?

J.D.P.: Estoy con una película por filmar en el sur, pero aún sin fecha de rodaje por esta pandemia y con un corto que si todo sale bien me va a tener como actor y como parte de la producción. Y sigo investigando con colegas para poder volver al teatro under lo antes posible.