Su película Trautmann se proyecta la 19 edición del festival de Cine Alemán

En la presentación de la 19 edición del festival de Cine Alemán, pudimos ver Trautmann (LEÉ ACÁ LA REVIEW) y posteriormente entrevistar a Marcus Rosenmüller, su director, quien amablemente contestó a nuestras preguntas.


Por Gastón Dufour

¿Qué cantidad de tiempo te llevó la investigación y cómo llegó el tema a ser de tu interés?

Marcus Rosenmüller: Doce años atrás un productor y amigo (Robert Machinea) con quien nos encontrábamos realizando una película infantil , en medio de la Copa Europea, recuerda, al ver a un arquero de República Checa usando un casco, la historia que su padre le contó al respecto de Trautmann, y la ocasión en que atajó con el cuello roto.

 

Sobre los datos que fuiste recibiendo de la investigación, ¿Alguno de ellos parecieron demasiado complejos como para incluir en la película?

MR: Había muchísimos temas para trabajar; dado que el guion era mucho más largo, tres historias distintas se condensaron en una, que al final pudieran reflejar de alguna manera lo sucedido. Con uno de los temas en particular me sentí en duda al respecto de su inclusión; Trautmann tuvo un hijo extramatrimonial pero no encontré el espacio para incorporarlo al relato. De todos modos, aún pienso si tal vez hubiera sido útil para enriquecer la historia.

 

¿Te gusta el fútbol? ¿De qué equipo sos hincha?

MR: Amo el fútbol, me encanta; sobre todo practicarlo. Yo jugaba en ligas menores hasta que, debido a una lesión en las rodillas, no pude continuar…y mi equipo es el Bayern Munich.

 

Respecto de las situaciones que se narran en la película en cuanto a las vivencias del personaje (considerando el contexto histórico), ¿Encontraste alguna similitud con historias de tu propia familia?

MR: La primera cosa que me atrajo sobre la historia fue su espectacularidad, y luego del primer impacto me fui metiendo en los detalles, definiendo los temas que me interesaba trabajar. Más tarde surgieron temas más concretos y esos sí los relacioné, no temas estrictamente vinculados con la Segunda Guerra Mundial y mi familia, más bien cuestiones que descubrí más tarde. Una vez terminada la película, caigo en la cuenta que hubo una relación, cuando me entero que uno de mis abuelos, luego de ser encarcelado en Normandía, fue trasladado como prisionero de guerra a Estados Unidos. El punto más relevante en función de la importancia que tiene para mí la construcción individual, es, por ejemplo, notar en qué momento pierdo mi inocencia infantil y comienzo a entender y hacerme cargo de mi responsabilidad dentro de la masa; cuándo yo empiezo a ser consciente de mi rol como individuo corresponsable de la conformación de la sociedad sin usar la masa como excusa.
Luego, durante la producción, había cuestiones puntuales que deseaba remarcar, como ser la reconciliación, la convivencia, la solidaridad; estos puntos fueron apareciendo más claramente. El trabajo en total llevó diez años, cuando empezamos a desarrollar el proyecto alguna cuestiones no estaban tan vigentes como hoy: no había sucedido el Brexit, Europa estaba sólida, no pesaba fuertemente la figura de Trump (y hubiera preferido que esto no fuera así), que no hubiera todo este resurgimiento de estas cuestiones. Con el tiempo la película fue adquiriendo mucho más importancia, se volvió más actual de lo que nosotros habíamos planeado que fuera.

 

¿Y eso es lo que de alguna manera permitió el crecimiento y la maduración desde lo individual a lo grupal de la sociedad alemana?

MR: Al principio no se logró eso, apenas culminada la Segunda Guerra no se hablaba de los errores cometidos; recién en los años 60 se comienza a confrontar con el tema y aparece la fracción del ejército rojo; es así que cuando se lo empieza a elaborar, se hace esto de una manera violenta. Pero Trautmann sí hace ese recorrido, el de pasar de ser un niño convencido de esas ideas, a ser, a partir de la reeducación en los campos de prisioneros de guerra en Inglaterra y en el encuentro con el otro (los ingleses), él da ese paso y se convierte en una especie de símbolo de esa reconciliación que más tarde propició activamente, apoyando el encuentro entre jóvenes alemanes e ingleses. De ese modo, en ese individuo, se simboliza una acción que debería haber sido una acción política.

 

En cuanto al tema del casting, ¿Tenés alguna forma puntual de pensar la selección de los elencos?

MR: También me pregunto eso, porque usualmente termino notando que mi decisión al respecto de los elencos siempre es acertada; por ejemplo para Margaret hicimos pruebas a muchas actrices, y yo la vi a quien finalmente la personificó y dije: Es ella. Algunos entendían que no, yo insistí, y luego vieron que era perfecta. Sí me lo tomo muy en serio, y hago mucho casting. No me importa que sean conocidos, no es importante el nombre, sí que sean adecuados para el papel. De hecho terminó sucediendo que actores que hoy son conocidos obtuvieron en una película mía su primer gran rol.

 

En lo que respecta al proceso de entrenamiento con el actor, mencionaste que tuvo que trabajar el inglés y su tonada para lograr una similitud con la de Alemania del norte. ¿Cómo pensaron la organización de ese entrenamiento y cuánto tiempo llevó?

MR: Por espacio de tres a cuatro meses que estuvimos trabajando en ello, dado que no solamente tenía que internalizar los gestos de Trautmann, incorporar los acentos en el habla, también tenía que convertirse en un arquero. Para eso tuvo que entrenarse con un arquero profesional (perteneciente al Club Unión Berlín), y tuvo además que ir al gimnasio para el trabajo físico.

 

En ocasiones, dependiendo de las posibilidades del intérprete, es muy difícil olvidar que se trata de un actor interpretando un personaje, y eso se demostró en un muy buen trabajo final.

MR: También fue una sorpresa para nosotros cuando lo vimos finalmente; dijimos: es Trautmann.

 

¿De qué trata tu próximo proyecto?

MR: Me encuentro trabajando en el desarrollo de una película de animación sobre un caricaturista; será la primera película de animación austriaca.