Sí perra, una chica real. Con vagina y todo

Filmada íntegramente con 3 iPhone5, esta obra de Sean Baker muestra con naturalidad la frenética vida de dos prostitutas trans en la Nochebuena de Los Ángeles.


Por Gimena Meilinger

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Tangerine se presenta como una historia navideña sin nada de navideño: prostitutas, proxenetas, clientes con doble vida, drogas y el completo desasosiego. Partiendo de un diálogo entre dos chicas trans, es una película atípica con raros recursos narrativos y técnicos, que logra mostrar con veracidad la ciudad vacía por las fiestas pero con quienes se quedan desamparados en las calles como principal foco.

Sean Baker aparece en la dirección, la producción, el guion, la fotografía y la edición de esta película. Aquí, como en Prince of Broadway (2008) las calles de la ciudad son protagonistas tanto como los actores en sí.
Sin-Dee Rella (Kitana Kiki Rodríguez), recién salida de 28 días en la cárcel, se entera que Chester está engañándola con una chica “de verdad”, según le cuenta su amiga Alexandra (Mya Taylor). A partir de ahí, la trama se centra en la enardecida búsqueda de esa chica y de su novio / proxeneta, para confrontarlos, por los alrededores de L.A.

Las amigas son muy distintas entre sí: Sin-Dee no tiene filtro, es charlatana y escandalosa; mientras que Alexandra es tranquila, cuidadosa y se encarga de acompañar las locuras de la primera. Las protagonistas fueron verdaderas trabajadoras sexuales y ahora sorprenden como actrices por su humor, su naturalidad y la cuota de dramatismo que le dan a sus charlas y peleas.

Por otro lado, un taxista armenio, Razmik (Karren Karagulian), con especial gusto por las chicas trans, enamorado de Sin-Dee y amigo / cliente de Alexandra, pero con una vida que también contempla una esposa, hija y suegra que le genera problemas.

Toda la historia tiene un abordaje socio-cultural sobre minorías urbanas, trabajadoras sexuales y desamparados en plena ciudad, partiendo de la base de un paisaje navideño color mandarina (tangerine, en inglés) que nada tiene que ver con el nevado clásico norteamericano. Es una “road-movie” a pie y en transporte público.

Tangerine es una película con estética prolija y no abusa de la cámara en mano, a pesar de la forma en la que fue filmada. El haber sido hecha con tres iPhone5 permite reflexionar sobre las distintas posibilidades de producción audiovisual contemporánea a partir de las nuevas tecnologías, sin necesidad de presupuestos multimillonarios de la industria hollywoodense.

Además, la música acompaña el ritmo de la película, de a ratos, con estética de videoclip de los 90s, mostrando las locaciones y la adrenalina con la que viven sus personajes.

En conclusión, Tangerine tiene un desenfreno distinto; consigue un vértigo que no deja indiferente al espectador, hace reír y empatizar con los personajes, sin quitar profundidad al tema tratado, con completo respeto en cada plano. Es una película fresca, con una historia sencilla, mostrando las terribles miserias de las minorías desde un costado amoroso, sin abusar del drama de ese panorama.