Justicia por mano propia… ¿Justicia?

TÍTULO ORIGINAL: 4×4
DIRECCIÓN: Mariano Cohn .
ELENCO: Peter Lanzani, Luis Brandoni, Dady Brieva.
GUION: Mariano Cohn , Gastón Duprat.
FOTOGRAFÍA: Kiko de la Rica.
MÚSICA: Dante Spinetta.
PRODUCCIÓN: Gastón Duprat.
GÉNERO: Thriller.
ORIGEN: Argentina.

Una lujosa camioneta con vidrios polarizados estacionada en una calle cualquiera de un barrio de Buenos Aires. Un “pibe chorro” que pasa por al lado y no puede evitar la tentación de abrirla para robarse el stéreo. Ya dentro del vehículo y con el botín en sus manos, el ladrón se da cuenta que las puertas están trabadas, los vidrios blindados y ningún control responde. Encerrado en una jaula con ruedas, desde el exterior alguien se comunica con él con la intención de hacerle pagar por su delito…


Por Rodrigo Álvarez

Tour de force es una expresión francesa que significa ‘acción difícil cuya realización exige gran esfuerzo y habilidad’ y ‘demostración de fuerza, poder o destreza’ y cuya definición le cabe perfecto a la primera película como director en solitario de Mariano Cohn (junto a Gastón Duprat ya había co dirigido El hombre de al lado y El ciudadano ilustre).

4×4 es una película que se desarrolla en un 95% dentro de la camioneta que le da el título, un “set” de 3 metros cuadrados. El talento, tanto de los realizadores como del actor, para lograr semejante hazaña es inobjetable: conseguir que una película filmada casi enteramente en el interior de un vehículo entretenga, sea creíble y que no solo mantenga la tensión sino que la vaya aumentando a medida que pasan los minutos, requiere de una habilidad y virtuosismo que Cohn y Peter Lanzani (el protagonista) dejan plasmado en pantalla.

Por otro lado, la demostración de fuerza y poder, queda en manos de la invulnerable Todo Terreno blindada y su dueño (un médico interpretado por Dady Brieva) quien desde afuera se comunica con el ladrón a través del equipo de audio y desde su casa y su trabajo por medio de un celular. El doctor parece tener el control, no solo de la camioneta, sino también de la situación y de la vida del joven, en un juego casi sádico y de tortura física y psicológica, similar al de un gato que atrapa un ratón y antes de matarlo se divierte con él. Lo tiene a su merced y va a hacer con él lo que considera justo: hacerle pagar, no solo por intentar robarle el estéreo, sino también por sus anteriores crímenes.

La premisa de la película, según cuenta Cohn, está basada en casos testigos y trae a la superficie un debate que cada tanto surge en los medios, producto de la violencia que existe en nuestra sociedad: la justicia por mano propia.

Técnicamente el film es impecable y la actuación de Lanzani es de lo mejor: ser casi el único protagonista de un largo no le queda grande, asume la responsabilidad y se carga el peso de la película, inclusive cuando la avasallante personalidad de Brieva, hacia el final de la película, toma por asalto la pantalla y su rol queda relegado a un segundo lugar. El resto, está bastante bien. Reitero: entretiene, no aburre, está muy bien lograda, tiene detalles muy buenos, bien pensados y bien resueltos.

Sin embargo, el punto más flojo es esa moralina típica de los films de Cohn-Duprat: ese “sentido común”, ese debate en círculos y sin salida de los programas TV con panelistas de la tarde-noche se apodera de la película en los minutos finales. Exponer un tema (en este caso la “inseguridad”) y llamar al debate para que el espectador, sin pensar demasiado, tome una posición. Pasó en El hombre de al lado, pasó en El ciudadano ilustre. Está claro que el objetivo de Cohn es interpelar al espectador y que salga del cine hablando de ese tema. Pero con una postura superficial formada en gran parte por la ideología del espectador, que verá sus creencias apoyadas (o no) en la película, y en parte por la poca información que el guion nos da. Casi como una charla de ascensor, sin importar ni analizar el tema en profundidad, sin tener en cuenta ni el transfondo político-social-económico y abriendo aún más la grieta entre los mal llamados garantistas y quienes apoyan la famosa frase de Susana “el que mata tiene que morir”.

Lamentablemente, 4×4 no deja nada más. Saldrán de la sala, debatirán el tema en las escaleras mecánicas del cine y cuando lleguen a la calle ya estarán debatiendo qué cenar como quien cambia de canal para ver un partido de fútbol después del griterío de un programa de debate político.