Un laberinto de espejos

TÍTULO ORIGINAL: The Other Side Of The Wind
AÑO: 2018
ORIGEN: EE.UU.
DIRECCIÓN: Orson Welles
GUION: Orson Welles, Oja Kodar
ELENCO: John Huston, Oja Kodar, Peter Bogdanovich, Susan Strasberg, Norman Foster, Bob Random, Lilli Palmer
PRODUCCIÓN: Frank Marshall, Peter Bogdanovich, Filip Jan Rymsza
FOTOGRAFÍA: Gary Craver
MÚSICA: Michel Legrand

Falso documental que sigue el último día en la vida de un famoso y huraño director de Hollywood que busca terminar su película final, en medio de las protestas de productores, críticos e incluso miembros de su propio equipo.


Por Javier Puma

Sucede algo muy extraño y mágico con Al otro lado del viento, que va más allá de la película en sí e involucra cómo llego a trasladarse a la pantalla. La película final de Orson Welles (que debía marcar su regreso a Hollywood tras años de “exilio”) sufrió un sinfín de complicaciones artísticas, económicas y legales que le impidieron ser finalizada antes de la muerte del director en 1985. Sin embargo, usando como guía sus notas específicas sobre el montaje del film, varios de sus habituales colaboradores se dieron a la tarea de terminar lo que él dejó inconcluso. Una cruzada que solo pudo tener éxito gracias a la oportuna inversión de nada menos que Netflix. El resultado final bien podría considerarse el testamento cinematográfico de una leyenda, con todas las virtudes, defectos y sorpresas que convirtieron en esencial a su filmografía.

La película narra las últimas horas de Jake Hannaford (John Huston), un director de cine prestigioso, polémico y hermético sobre su vida privada, que intenta finalizar su última película, titulada también Al otro lado del viento. Pero dado el carácter experimental de la propuesta y el caos en que se ha transformado el rodaje, sus productores quieren dejar de financiarlo. Sumido en una aparente debacle, Hannaford ofrece una fiesta nocturna en donde colisionan tanto amigos como enemigos de su extensa carrera. Welles se sirve de este punto de partida para hacer un ensayo (muy) libre sobre el arte y sus consecuencias; en particular siendo crítico con la industria del cine de Hollywood aunque sin olvidar hacer un pequeño mea culpa sobre los propios pecados del cineasta.

Al otro lado del viento se vale continua y hasta caprichosamente de paralelismos entre ficción y realidad, creando una meta-narrativa que enriquece su visionado. Hannaford funciona como el alter ego de Welles pero también del propio Huston, gran actor y director que lo interpreta. Peter Bogdanovich y Oja Kodar también parecen representarse en sus papeles como reflejos de sus propias personas reales, tanto como el fiel amigo y la musa inspiradora del genio respectivamente. Filmado en diferentes formatos y colores, y con un montaje frenético por momentos, la película replica el desconcierto e incertidumbre con que se maneja el artista ante una película que no sabe cómo finalizar. Por si fuera poco, el film además alterna escenas de la propia película de Hannaford en un estilo mucho más lírico y erótico que se antepone a la crudeza de la fiesta en la que se exhibe. Una película dentro de la película que sirve como manifiesto así como un nuevo eco de lo que sucedía detrás de cámaras. Son estos pasajes los más interesantes que presenta este falso documental, al mostrar una osadía y desparpajo poco habitual en el cine de Welles. El resto fluye de manera más inconsistente entre conclusiones y derivaciones personales que el director pone en boca de otros personajes, retratando a una industria artística que cree en decadencia.

Es difícil saber qué pensaría alguien como Orson Welles si supiera que su última película se presenta en una plataforma digital. Me arriesgo a suponer que estaría contento, ya que su película puede tener un alcance mundial sin tener que rendirse a las entidades y productoras que supieron ponerle cadenas a su creatividad. Al otro lado del viento es el último trabajo de una mente adelantada a su época pero fruto de ella misma, una exposición plena de sus capacidades, un laberinto de espejos en el que el propio Welles se introduce para sincerarse a través de mentiras, una carta de amor a aquello que le dio sentido a su vida: el cine.