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Discutir y enfrentarse a la perspectiva domesticada

TÍTULO ORIGINAL: Con nombre de flor
DIRECCIÓN: Carina Sama
DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA Y CÁMARA: Carina Sama
EDICIÓN: Camila Menéndez
MÚSICA ORIGINAL: Félix Sama


Malva vivía en un Hogar de ancianos en la provincia de Buenos Aires y, tenía los achaques de una vejez que comenzaba a estorbarle. Conservaba su casa en Villa Urquiza, a la que iba los fines de semana, donde tenía pruebas de su vida, como el cruce a pie desde su Chile natal, abandonando sus raíces, creando otros mundos. ¿Quién es esa abuelita? Cocinera, Escritora, Vestuarista. Malva con 95 años, era una travesti que superaba en tres la vida trans. Casi un siglo de la vida cuando las diferencias eran abismos de marginalidad. Quizás un minotauro dentro de la caja de Pandora. Malva falleció una semana antes de comenzar con la película que soñábamos, pero durante un año y medio nos contó su vida ante la cámara, como parte del proceso de investigación. Junto con la referente Trans Marlene Wayar, – quien es parte fundamental en la película – , tratamos de develar el misterio, analizando su actividad militante de vanguardia y la conmoción que causó en nuestras vidas.


Por Gastón Dufour

Discutir y enfrentarse a la perspectiva domesticada. Algo de eso hay en el documental Con nombre de flor (2019), con dirección y guion de Carina Sama, en el que se cuenta, casi en su totalidad en primera persona, la historia de vida de una travesti ya anciana que comparte sus experiencias de vida (y las nociones respecto de la vejez) con la directora.

Y es que la perspectiva domesticada es aquella que te presiona y te niega otra vertiente de ideas, una mirada diferente, y simplifica y coloca el amperímetro en dos niveles que solamente son blanco y negro, sin escalas. Así es como nos privamos de entender otras realidades y otras visiones de la sociedad y el mundo en que vivimos. Y es Malva quien, en su voz, nos acerca a ello en este relato de su vida.

Los mandatos sociales (y políticos), el destrato, la realidad de los sometidos, todo eso cabía en la valija de la historia de la protagonista, en la intimidad de lo narrado. La animación, que incluye audios de noticieros de la época e imágenes de crónicas ¨policiales¨ en diferentes diarios atraviesan las huellas, que no son solamente digitales, y pinta de cuerpo entero (vaya paradoja) las circunstancias a las que las travestis de la época estaban sometidas. Como siempre, ocultas y señaladas como viciosos seres que alguien se encargaba de consumir.

Las posiciones de cámara siguen al cuerpo maltrecho de Malva. ¿No es, acaso, tanto la intención como la necesidad del mensaje, seguir a la entrevistada, la fuente de la historia que se narra, en la posición que marca, la cual, claramente, no es nada más física? La creación de MUA (Maricas Unidas Argentinas), la distribución de un medio impreso de comunicación, la persecución de las bienpensantes autoridades e incautación de todos los periódicos en 1951, todos puntos distantes en la línea histórica que parecen no estar vigentes hoy. Pero sí.

Casi 80 años han pasado de los hechos iniciales que Malva narra, un largo trayecto de cuestiones que atravesaron los diferentes momentos políticos y pocas cosas han cambiado en realidad. Ciertas perspectivas domesticadas siguen allí, dispuestas a hacerse carne, para este o cualquier otro tema que genere controversia o tenga intereses ocultos.