Las manos de mi padre

TÍTULO ORIGINAL: El hombre del futuro
DIRECCIÓN: Felipe Ríos Fuentes.
ELENCO: José Soza, Antonia Giesen, Maria Alche.
GUION: Felipe Ríos Fuentes.
FOTOGRAFÍA: Eduardo Bunster.
MÚSICA: Alejandro Kauderer.
GÉNERO: Drama.
ORIGEN: Chile, Argentina.

Michelsen es un solitario ex camionero que fue jubilado a la fuerza. Antes de terminar una vida de trabajo, tiene un último viaje por realizar: ir hasta Villa O’Higgins, el fin del mundo para los camioneros australes. En el camino se irá desprendiendo de todo aquello que formaba su vida, convirtiéndo su última ruta en un viaje de iluminación, en el que enfrentarse al final del camino y a la naturaleza salvaje le permitirá vivir el presente como siempre deseó: junto a su hija Elena.


Por Lau Kievsky

Michelsen es un camionero que emprende su último viaje a Villa O’Higgins antes de jubilarse a la fuerza. Su hija Elena, boxeadora y con la que no habla desde hace 15 años, también inicia un viaje a Caleta Tortel. Ambos parten hacia el sur y el cruce será inevitable. Un viaje movilizador que muestra una historia entremecedora apoyándose en la belleza de la naturaleza patagónica chilena.

En esta ópera primera del director Felipe Ríos se juntan a la perfección la madurez y la sensibilidad. Es una película emocional que lleva al espectador a preguntarse sobre sí mismo y sus elecciones. Al viaje del protagonista no le faltan paisajes increíbles del sur chileno y silencios incómodos que se vuelven eternos.

El trabajo que hace el actor principal, José Soza, es impecable. El personaje es el típico hombre mayor que parece no tener sentimientos (o no querer mostrarlos) pero termina sorprendiendo al espectador. El diálogo es bastante simple y se destacan los gestos y las miradas de los protagonistas. Sin decir mucho, muestran más de lo necesario para entender sus motivos y pensamientos.

El hombre del futuro es una película simple, que no requiere que pensemos demasiado ni teoricemos sobre los personajes, pero nos lleva a disfrutar de los paisajes, la fotografía, la música y los sonidos, las miradas y los silencios como pocas películas lo han logrado. No cae en lo cliché ni en los típicos finales felices, sino que tiene un cierre que acompaña a los personajes de la misma manera que lo hizo a lo largo de la historia. Nos deja pensando sobre nosotros mismos y nuestras realidades.