Adiós, buenos muchachos

TÍTULO ORIGINAL: The Irishman
TÍTULO: El Irlandés
PAÍS: EE.UU.
DIRECCIÓN: Martin Scorsese
GUION: Steven Zaillian, basado en el libro “I Heard You Paint Houses” de Charles Brandt.
ELENCO: Robert De Niro, Al Pacino, Joe Pesci, Harvey Keitel, Ray Romano, Bobby Cannavale, Anna Paquin, Jesse Plemons, Stephen Graham.
PRODUCCIÓN: Martin Scorsese, Irwin Winkler, Robert De Niro.
FOTOGRAFÍA: Rodrigo Prieto
MONTAJE: Thelma Schoonmaker

Frank “El Irlandés” Sheeran rememora sus días como sicario del clan mafioso Bufalino desde sus comienzos y ascenso al poder, hasta su posible participación en la misteriosa desaparición de su socio y amigo, el mítico líder sindical Jimmy Hoffa.


Por Javier Puma

“Desde que tengo memoria, siempre quise ser un gángster”

Con esta icónica línea daba inicio Goodfellas, una película sobre el ascenso y caída de un joven ambicioso en la mafia neoyorquina, que ayudaría a revitalizar uno de los géneros más representativos del cine estadounidense después del western: el cine de gángsters. Casi 30 años después, su director Martin Scorsese retorna (quizá por última vez) a resignificar aquella frase con El Irlandés, una obra épica y meditativa sobre los pecados de la vida criminal en el sistema estadounidense; que a su vez sirve como carta de despedida al género de sus amores.

El Irlandés narra a través de varias décadas la vida de Frank Sheeran (Robert De Niro), en particular sus acciones como sicario de la mafia. Veterano de guerra y repartidor de carne, el destino de Frank cambia radicalmente cuando conoce al jefe criminal Russell Bufalino (Joe Pesci), quien le toma cariño casi de inmediato y como su protegido dentro de la organización. Frank encuentra en este mundo de violencia su lugar de ser, un ámbito en el que finalmente puede sacar a relucir sus talentos. Sin embargo, aunque su “trabajo” ayuda a mejorar el status social de su familia también lo alejan mucho más de ella. En especial de su pequeña hija Peggy quien acaba siendo un testigo mudo de sus atroces crímenes. Tras ascender su posición dentro del clan, a Frank le encomiendan la tarea de proteger y ayudar a uno de sus asociados, el jefe del sindicato de camioneros Jimmy Hoffa (Al Pacino). Frank termina entablando una entrañable amistad con el carismático Hoffa, al punto de convertirse en su invisible mano derecha. Pero cuando los intereses de Hoffa y el clan mafioso sean opuestos uno con el otro, la tensión crece hasta el punto en que Fran deba tomar una difícil y dolorosa decisión.

Scorsese logra con El Irlandés una película descomunal en todos sus aspectos. Descomunal en proporciones. Y descomunal en ambiciones. Lejos del brillo y glamour que sabe identificar su característico estilo, aquí el director ofrece una mirada mucho más melancólica, con la potencia de su joven interno, pero con la sabiduría de la edad que marca su cabello canoso. En gran parte de la película, los asesinatos muestran una mayor crudeza que la vista en filmes similares como Buenos Muchachos o Casino. E incluso se permite más momentos meditativos sobre las consecuencias personales de esos actos. Todo esto realzado por la áspera fotografía de Rodrigo Prieto y el perfecto (¿cuándo no?) montaje de Thelma Schoonmaker.

La película no padece su duración de 3 horas y media, sino que se enriquece de ella. Una cocción a fuego lento, atravesando eventos bisagra de la historia política norteamericana, que rinde frutos en su brillante cumbre final, cuando un anciano Frank deba rendir cuentas por sus pecados. El trío actoral demuestra estar a la altura, brindando actuaciones magistrales. En los casos de Niro y Pacino, recordándonos por qué se convirtieron en leyendas vivientes. Y en especial en el caso de Joe Pesci (volviendo del retiro), brindando una actuación reveladora que sorprende por cómo subvierte expectativas en una labor mucho más sutil y minimalista de la que uno podría imaginar.

El Irlandés es probablemente la obra culmine de Scorsese, una película que cierra en un nuevo pico alto el género del que su nombre supo transformarse en sinónimo. Un epitafio personal, introspectivo y emocional que resulta indispensable para aquellos que, como él, aman el cine.