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Una muestra de la fuerza de la acción

TÍTULO ORIGINAL: Hermanas de los árboles
DIRECCIÓN: Camila Menéndez y Lucas Peñafort
GUION: Camila Menéndez, Lucas Peñafort
PRODUCCIÓN: Victoria Chales, El descanso del oso, Sintagma Cine.
DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA Y CÁMARA: Camila Menéndez
EDICIÓN: Santiago Esteves y Camila Menéndez
POST SONIDO: Adrián Rodriguez y Gustavo Pomeranec
SONIDO DIRECTO: Lucas Peñafort
VFX: Alejandro Ceverino
COLOR: Patricia Batle
PAÍS: Argentina


Entre las tierras áridas de Rajastán, rodeado de minas de mármol, hay un oasis: un pequeño pueblo llamado Piplantri, donde las mujeres ya no tienen miedo de dar a luz a una niña. Desde 2005, cada vez que nace una niña en Piplantri, se plantan 111 árboles en su nombre para celebrar la ocasión. Un hombre llamado Shyam Sunder Paliwal perdió a una hija de 16 años y decidió plantar un árbol en su memoria. En su dolor, no podía creer que a veces las personas pudieran poner fin a la vida de su propia hija, sólo por razones económicas. Entonces se dio cuenta de que los árboles deberían plantarse no para conmemorar la muerte, sino para celebrar la vida de todas las niñas. Y así nació la idea: convenció a los aldeanos, uno a la vez, de que la base de un futuro brillante era cultivar árboles, cuidar el agua y educar a las niñas.


Por Gastón Dufour

Hay, en cada país y en algunas partes del mundo, realidades crueles relacionadas al contexto social y económico particular, pero que por suerte (y por voluntad también de quienes toman fuerza y deciden modificar ciertas cuestiones), se trastocan para bien. Esto es lo que es posible ver en Hermanas de los árboles, el documental dirigido por Camila Menéndez y Lucas Peñafort que tuvo su paso y fue premiado por diferentes festivales.

En la sociedad india (atada a la miseria extrema, por un lado, y a ciertas cuestiones ancladas en lo cultural, por el otro), nadie da puntada sin hilo y es claro que como cuestión relacionada con la necesidad de supervivencia en un modo y sistema económico en que solamente el hombre puede ser sostén y herramienta válida como unidad de fuerza de trabajo, eso que menciono se ha empujado para que haga carne en el pensar y accionar. Ojo con lo que subrepticiamente se desea imponer; luego la lucha para desterrarlo es ardua.

En un pequeño pueblo, en la localidad de Piplantri, un grupo de mujeres pudo (como adelantaba más arriba) mover y modificar esta realidad, acción acompañada de un fuerte mensaje simbólico, que luego se expandió a muchos otros pueblos de la región: la plantación de 111 árboles, relacionados con la cantidad de vidas de niñas salvadas de la muerte.
A veces las distancias, que no son solamente geográficas sino también culturales, hacen más complejo comprender cuestiones tan fuertes y lejanas para el modo de vida al que estamos acostumbrados en estas latitudes, pero importante es no olvidar que las desigualdades se dan de diversos modos y con estructuras que por menos brutales no tienen, dado ello, menos peso en las vidas de las integrantes de una sociedad, tomando el caso que nos ocupa.

La búsqueda del documental, desde ya, no es solamente estética sino comunicativa, pero cada espacio de construcción de acercamiento a la intimidad de estas mujeres que procuran torcer fuertemente una realidad avasalladora desde lo cultural es efectivo resaltando lo que no parece poder verse con tanta claridad. Y sin dudas cada paso es fuerte y es efectivo en ese camino.

Consideración: Hermanas de los árboles es un fuerte documental, una muestra de la fuerza de la acción, que no es nada más simbólica.