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Casa de muñecas.

Título original: Braid
Año: 2018
Duración: 82 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Mitzi Peirone
Guion: Mitzi Peirone
Música: Michael Gatt
Fotografía: Todd Banhazl
Reparto: Madeline Brewer, Scott Cohen, Sarah Hay, Imogen Waterhouse, Brad Calcaterra, Mauricio Ovalle, Mary Looram, Nancy Ozelli, Dhoni Middleton, Tai Lyn Sandhu, Jill Dalton, Lenore Wolf, Ethel Fisher, Zack Calhoon, Zoe Feigelson
Productora: Wandering Bard, Somnia Productions
Género: Terror

Dos mujeres que huyen de la ley deciden robar a una adinerada y psicótica amiga, una mujer que parece seguir inmersa en el mundo de fantasía que ellas crearon cuando eran jóvenes. Sin embargo, cuando ésta se da cuenta de lo que tratan sus amigas, decide someterlas a una prueba: les dará el dinero si participan en un juego mortal que lleva años ideando.

Por Emanuel Juárez

En su debut cinematográfico, la directora y guionista Mitzi Peirone nos trae Juegos perversos (Braid, 2018), un thriller de terror psicológico muy pintoresco desde lo técnico, pero totalmente vacío y sin sentido.

La historia gira en torno a Petula (Imogen Waterhouse) y Tilda (Sarah Hay), dos jóvenes traficantes de drogas que se encuentran en problemas cuando su último viaje es interrumpido por la llegada de la policía. Al escapar de la ciudad, se ven profundamente comprometidas con su proveedor, por lo que deciden hacer una visita a su amiga de la infancia Daphne (Madeline Brewer), una rica heredera que ahora vive sola en una inmensa mansión. Su objetivo es encontrar la caja fuerte escondida en la casona, que creen que contiene una fortuna en efectivo.

La primera película de Peirone está acompañada de un guion retorcido y un estilo sofisticado, puntos a favor para mantener al espectador alerta mientras el trío protagónico deambula por la enorme casa.

Hay que reconocer Todd Banhazl, director de fotografía, impregna al relato con un surrealismo pocas veces visto en los últimos años, siendo su claro referente el giallo, ese sub-género dentro del cine de terror que supo tener su gran momento en los años 70.

Banhazl y Peirone juegan con colores histriónicos, como el rosa brillante y púrpura para sugerir un estado mental alterado, mientras que los tonos oscuros representan personajes que se acercan a la verdad.

Refiriéndonos al elenco, aunque esto no alcance para decir que estamos ante un producto recomendable, vale reconocer que las muchachas encargadas de sacar adelante la producción están íntegramente comprometidas con el material expuesto, logrando salir airosas ante cualquier contrapunto que la trama requiera. Pero el frenetismo que presenta la narrativa es tan forzado y constante que no existe lugar a la creación de climas o atmósferas. Por momentos, estos caminos resultan hasta insultantes para el consumidor final y a pesar de la hipnótica puesta en escena, todas las situaciones se notan desequilibradas.

Juego perverso intenta sumergirse en la psicología femenina y pese a todos sus intentos, esta faceta nunca se llega a indagar profundamente, provocando una suerte de oportunidades desaprovechadas dentro de un film meramente superficial.

En resumen, las fallas que presenta la ópera prima de Mitzi Peirone no son pocas, y pese a imponerse con un atrevido esquema visual, su obra resulta totalmente hueca y olvidable.