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Apocalipsis para adolescentes que se convierte en una magnífica aventura

Pasaron 7 años desde que una horda de monstruos arrasó el mundo. Joel ha vivido estos años escondido en el subsuelo, pero, cuando consigue contactar por radio con su novia de la escuela, decide arriesgarlo todo y viajar 150 kilómetros para verla.


Por Federico Furzan

Me encantó Love and Monsters. La pasé muy bien con lo que parecía una película muy inocente y resultó ser una divertida aventura que me recordaba a las cosas de Amblin de los ochenta: presentaba un personaje principal creíble y divertido y tenía las agallas de brindar violencia inofensiva de la manera correcta. No esperaba nada de ella y demostró suficientemente que Hollywood es capaz de producir y estrenar contenidos válidos teniendo en cuenta las circunstancias de la nueva “normalidad”.
Lo que también es importante es cómo la película consigue conectar con su amplio público objetivo y ni siquiera sigue la fórmula del típico “héroe guapo que no se detendrá ante nada hasta conseguir a la chica”. Es simplemente infantil e inmaduro, y ni siquiera es responsable de su propio bienestar. Solo es Joel, un superviviente que sigue enamorado después del apocalipsis. No hay nada más relacionable con “nosotros” que eso.

En Love and Monsters monstruos gigantes han arrasado con todo. Están aquí por nuestra culpa, ya que hemos provocado una lluvia química tras destruir un asteroide con dispositivos nucleares. Literalmente los insectos y bichos han mutado en grandes animales que ahora circulan por la Tierra y los humanos tenemos que permanecer escondidos bajo tierra en colonias. En una de ellas Joel Dawson (Dylan O’Brien) intenta sobrevivir. No porque tenga contacto con el mundo exterior, sino porque no es muy esencial para la tripulación. Cocina, limpia, dibuja. Y habla por radio con su novia que está varada en otra colonia. Después de un intento fallido de ser un buen compañero de equipo, decide que es hora de partir para encontrar su propósito con quien extraña tanto. Ahí abajo no hay nada para él y abre la escotilla, arriesgando su vida. Un viaje al exterior demostrará si es capaz de sobrevivir a la presencia de monstruos hambrientos y furiosos.

La película de aventuras es un viaje emocionante de principio a fin, con el suficiente humor e inocencia para mantener su carácter en una nota interesante. La compañía de un perro funciona. Y el encuentro con un robot insinúa el lado emocional de una película que no depende de eso, pero que aun así consigue contar una historia empática. A los niños les encantará. Los adultos se lo pasarán en grande con sus hijos.

Una película como esta no merece ser tomada muy en serio. No es un momento para eso. Un viernes por la noche o un sábado por la mañana, preferimos escapar de las garras de una realidad actual que todavía huele mucho a extinción y apocalipsis. El nivel de escapismo que ofrece Hollywood a veces depende únicamente del espectador y de la capacidad de dejarse llevar. Si lo hacemos con contenidos de superhéroes, por qué no dar una oportunidad al torpe que decide actuar tras entender un claro mensaje de rechazo. Claro que el tercer acto de Love and Monsters es pobre, y ni por un segundo me creí la intención de Aimee (horrible actuación), de estar con Joel, pero es demasiado pretencioso esperar más de la película.

Nos gustan los monstruos que causan estragos, y si son versiones amplificadas de esos bichos que causan miedo a diario, creo que todos ganamos.

Federico Furzan es miembro de la Online Film Critics Society y crítico aprobado por Rotten Tomatoes. Pueden encontrar esta y otras notas en cinelipsis.com


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