Las lágrimas piden auxilio

Mija es una adorable niña que convive en paz en las montañas de Corea del Sur, con su abuelo granjero y su mejor amiga Okja, una super cerda creada genéticamente por la empresa multimillonaria Mirando que concibio a los animales y los distribuyo estrategicamente para darles darles un contexto natural. Tras diez años la corporación elige a Okja como la mejor de los diez super cerdos, y va en busca de la misma con la excusa de exibirla en New York, para luego sacrificarla con fines alimenticios, plan malefico de un mega negocio porcino que abarata costos y genera múltiples ganancias. Mija hará lo imposible por rescatar a Okja con la ayuda de unos activistas de un frente de liberación animal.


Por Gonzalo Schiffer

La película del coreano Boong Joon-Ho producida para Netflix fue estrenada en el festival de Cannes en el 2017 rodeada de una pólemica por fallos en su proyección y paranoias de sabotaje al gigante del streaming, aunque al final de su proyección terminó recibiendo calidez de parte del público y prensa, y es que la película produce un malestar interior que golpea al espectador a medida que la historia va desembarcando en un crudo reflejo de lo que sucede en las profundidades del capitalismo más salvaje, aquel que deja en claro que la humanidad y los negocios no van de la mano, a la hora de generar millones de ganancias, y aquí entramos como responsables también los consumidores. Okja consigue un equilibrio entre el factor entretenimiento, la parodia y la emotividad, para compartir una critica a la industria alimentaria del consumo de carne.

El vínculo amistoso entre humano y animal, en este caso entre Mija y la super cerda Okja, que conlleva una aventura cinematográfica, lo hemos visto en gran cantidad de producciones para público infantil, adolescente e incluso adulto, pero aquí dicha amistad forma parte de una visión muy critica a la sociedad desvalorizada y cínica en la que vivimos. La aventura ahonda en diferentes terrenos, desde las montañas paradisíacas en Corea del Sur, donde conviven Okja y Mija en una profunda paz, hasta la locura urbana en New York y los interiores tenebrosos de un matadero.

Boong Joo-Ho crea un universo plagado de personajes típicos y estereotipos, con la intención de parodearlos, y aquí no se salva nadie, entran todos en el show mediático y de caricatura: un grupo de vegetarianos activistas que ayudan a Mija para rescatar el supercerdo, la multimillonaria Lucy Mirando y sus torpes secuaces, la mano derecha, un oscuro y frío representante, la hermana de Lucy, Nancy, una archi malvada empresaria con cero sentimientos, y un presentador supuesto amante de los animales que solo quiere ser la cara y figurita de Mirando Corporations.

La comicidad se torna un poco excesiva en el uso de algunos gags y diálogos para acudir a la burla, pero no dejan de ser interpretaciones efectivas de un elenco de lujo, con actores de la talla de Tilda Swinton, Jake Gyllenhal y Paul Dano, entre otros.

El dúo protagónico Mija-Okja no entra en este cuadro de parodia, Mija es el personaje más humano y real, luchadora y confrontativa, interpretada por una sorprendente carismática niña, y Okja diseñado con grandes vfx, es aquel animal inocente y víctima, producto de una manipulación genética en laboratorios, que está expuesta a sufrir tarde o temprano las consecuencias del enfermizo capitalismo de consumo. El vínculo entre ambos personajes es muy real, y tierno, construido en el inicio de la historia, nos muestra una relación madre-hija, de cuidado y amor mutuo. Obviamente que ya en ese inicio, comienzan las especulaciones sobre el peligro y separación que sufrirán, con emociones de por medio que coexisten con la reflexión que propone Boong Joo-Ho al adentrarnos en las tinieblas de un matadero, secuencia perturbadora que aleja a la historia del género infantil y la categoriza más en un plano de reflexión moral y ético.