El verdadero vínculo entre un perro y su dueño

Cuenta la historia de Togo, un perro de trineos que ganó la carrera más importante de esta disciplina en 1925 pese a haber sido considerado incapaz de terminarla siquiera debido a su pequeño tamaño.


Por Gonzalo Schiffer

En 1925 la población de Nome Alaska se vio bajo el peligro y amenaza de una epidemia de difteria, los niños eran el principal foco vulnerable a la enfermedad. El hecho real retratado en libros de historia y hasta similar en su desarrollo a la pluma autoral de Jack London, recuerda la epopeya y real misión heroica conocida como la “carrera del suero de 1925”, donde los equipos de trineos tirados por perros de diferentes raza, donde se destacan los siberianos, iniciaron la búsqueda en un tramo de más de 1000 kilómetros de ida y vuelta para conseguir el suero y la cura de la enfermedad.

Un antecedente cinematográfico nos recuerda la historia de Balto (1995), el clásico animado infantil, también de Disney, donde se le atribuye el logro al perro líder del ultimo equipo de trineo en llegar a Nome con el suero milagroso, hasta incluso hay un homenaje con su estatua en el Central Park. Togo, producción original de Disney+, se presenta como una versión live action y viene a modo de restitución de méritos y prestigios para darnos una abofeteada emocional sobre la verdadera historia del perro siberiano Togo, que junto a su entrenador Leonhard Seppala (Willem Dafoe) y equipo de trineo, batallaron en esta milagrosa aventura donde su principal enemigo fue el clima hostil.

Con Togo se te mete una basurita en el ojo durante los 113 minutos de duración. No es ninguna novedad que una historia de perros bien realizada conmueva y emocione, al menos que seas más duro que una roca y difícilmente corrompan tu sensibilidad como espectador, y estés en nivel experto Steven Seagal+Chuck Norris. Ya el cine ha explorado con cansancio este tipo de tramas, cayendo en reiterados clichés y estereotipos banales y hasta cursis, por ende la diferencia para que una historia de dramática de perros se destaque, según mi parecer esta siempre en el tratamiento del guion, la dirección y el cuidado y aspecto de cada área técnica que componen una producción en cine, y Togo le hace honor al cine clásico dirigido a todo el publico, convirtiéndose en la primera joya artística de Disney+. El lenguaje cinematográfico en Togo está presente todo el tiempo, no hay un descuido técnico, la continuidad de planos es bella y poética, con un apartado de efectos especiales exquisitos en los tramos donde Leonhard y Togo atraviesan difíciles caminos con fuertes tormentas de nieve, montañas y caminos congelados a puntos de colapsar. A diferencia de la grosera y obvia animación con CGI que se aplicó en The Call of the Wild para su protagonista Buck, la película de Ericson Core guarda el enorme mérito de utilizar casi todo el tiempo, perros reales en las escenas, con Togo a la cabeza del equipo de trineos. Esta idea de utilizar entrenadores y coachs de animales y mascotas en el rodaje, logra un completo verosímil, en la relación e interacción entre los personajes y habitantes del pueblo de Nome y los perros, principalmente entre el lazo afectivo de Leonhard y Constance Seppala con Togo, a fin de obsesionarnos y encariñarnos con esa tierna mirada del perro siberiano y esos ladridos aturdidores.

Otra clave es la edición junto al guion de Tom Flynn, es decir, de qué forma se encaró el montaje y la narrativa. Primero nos aventuramos en el camino que deben atravesar Leonhard y Togo para intentar lograr conseguir el indispensable suero y medicamentos, frente a una tormentosa nieve, pero apenas inicia la misión hay una pausa y primer flashback, recurso que perdura con continuidad en la película: siempre que hay un difícil obstáculo metereológico que peligra la vida del equipo de trineo de Leonhard. Esta edición entre pasado y presente, funciona para ir construyendo con más profundidad el vínculo afectivo entre Leonhard, su esposa Constance y Togo, cómo fue ganándose la confianza de su entrenador desde cachorro, con varias idas y vueltas.

La visión de Ericson Core muestra su buen ojo en la composición de planos, con locaciones que me hicieron acordar a la gran franquicia de Red Dead Redemption 2 en el mundo de los videojuegos, el pequeño pueblo de Nome y las acogedoras casas de madera, cabañas y albergues rodeadas de montañas y paisajes nevados. El director también se compromete en la dirección de escenas con acción y tensión dramática, y maneja los distintos pasajes emotivos con la sensibilidad que lo amerita, con un trabajo actoral espléndido de Willem Dafoe como Leonhard (es idéntico al verdadero Seppala) y Julianne Nicholson como Constantine, más allá que la historia se centra más en Dafoe y su relación con Togo, el personaje de Nicholson refuerza más aún el drama, guardando también un amor grande por el can y siendo gran responsable de su cuidado durante su crianza.

En Togo el balance audiovisual es ejemplar, para entregarnos una película al mejor estilo clásico de Disney live action. La vara está muy alta en todas las áreas, los vestuarios, los maquillajes y peinados, una exhausta investigación de los departamentos para adaptar con gran eficacia el contexto y época. Togo es una de esas películas biopic sobre animales con mucha personalidad que se colocan a la altura de Hachiko, con historias diferentes, guarda similitudes en su efecto dramático en el espectador, y en retratar con gran lucidez y honestidad la relación histórica del “mejor amigo del hombre”, frase y slogan reciclable y cliché pero que esta lejos de ser errónea.