¿Mi asesino soy yo?

TÍTULO: You Might Be the Killer
TÍTULO ORIGINAL: You Might Be the Killer
DIRECCIÓN: Brett Simmons
ELENCO: Fran Kranz, Alyson Hannigan, Brittany S. Hall, Patrick R. Walker
FOTOGRAFÍA: Andrew Strahorn
GÉNERO: Terror, Comedia
ORIGEN: USA

Sam es el consejero de un campamento de verano en el que la diversión acaba convirtiéndose en una pesadilla cuando un asesino comienza a matar a todos los supervisores. Pero el principal problema está en que, quizás, Sam sea el asesino.


Por Emanuel Juárez

Nadie puede negar que los mayores exponentes e íconos del cine de horror fueron fruto del slasher, subgénero quizás más conocido de este tipo de producciones. Si bien fue con Halloween (Halloween, 1978) que John Carpenter instauró la moda de los psicópatas, producciones como Viernes 13 (A Nightmare on Elm Street, 1980) o Pesadilla en lo profundo de la noche (A Nightmare on Elm Street, 1984) fueron propuestas que lograron tener un importante reconocimiento, pero la demanda por estos personajes y el éxito reflejado en taquilla, llevó a los estudios a realizar incontables secuelas que, poco a poco, fueron desgastando la fórmula. Fue hasta mediados de los 90 y gracias a Wes Craven, que el fanatismo por los asesinos en serie volvió a resurgir. Scream (Scream, 1996) vino a cambiar las reglas preestablecidas y ofreciendo un perfecto ejercicio entre el meta-horror y la comedia, significó una de las sagas más correctas dentro del género. Con el correr de los años, las bases plantadas por este título se buscaron imitar hasta el cansancio, pero pocas producciones lograron aportar algo innovador a lo ya conocido. Películas como la excelente La cabaña del terror (The Cabin in the Woods, 2011) o la simpática Feliz día de tu muerte (Happy Death Day, 2017), fueron algunas de las que merecen ser recordadas, pero, lamentablemente, otros títulos se quedaron en el camino y a este segundo grupo es al que pertenece You Might Be The Killer (You Might Be The Killer, 2018).

You Might Be The Killer nos presenta la historia de Sam (Fran Kranz), un consejero de campamento de verano con pérdidas de memoria que se encuentra atrapado en medio de una verdadera masacre a manos de un psicópata suelto. Con la ayuda de su mejor amiga, Chuck (Alyson Hannigan), intentará develar el misterio y recordar los lapsos perdidos, pero el problema más grande lo encontrará cuando descubra que, probablemente, el verdadero asesino sea él mismo. Con esta premisa podemos esperar que Brett Simmons ofrezca un producto llamativo, pero no nos engañemos porque las sorpresas y el ritmo del largometraje solo se sostienen durante la primera media hora.

Fran Kranz y Alyson Hannigan están perfectos en sus roles, incluso cuando la sobrexplicación toma el mando del guion, pero ni sus momentos en pantalla logran salvar al resto del elenco. La profundidad generada para el cast secundario y la empatía de estos para con el espectador son nulas, logrando que lo más rescatable de todas sus apariciones sean sus asesinatos.

El punto a favor de esta propuesta se encuentra en su estructura. La historia es narrada a través de una serie de flashbacks que sirven para llenar los momentos olvidados por Sam. Mediante los mismos somos testigos de la cantidad de víctimas que el asesino se cargó, ya que estas aparecen en un contador impreso en pantalla a medida que van sucediendo sus muertes, pero si bien la película está repleta de referencias y clichés del género, todo queda a medio camino, obteniendo un resultado confuso que no logra entenderse a que público va dirigido.

Mientras otros largometrajes buscan innovar resaltando y burlando, de una manera inteligente, las partes más torpes de las reglas principales del cine de género, Brett Simmons no logra encontrar el ritmo a un concepto que a priori era grandiosa. No hay dudas de sus conocimientos sobre las bases del horror, pero sus ideas quedan en el aire.