Invitame un café en cafecito.app

La directora estrena su documental Juanas

La película de Sandra Godoy, Juanas, retrata a Juana Rouco Buela y su lucha por los derechos de las mujeres. A través de su relato autobiográfico publicado en 1964, conocemos los inicios de la participación de las mujeres en las constantes luchas obreras que se sucedían en Argentina en las primeras décadas del siglo XX; huelgas como la de los Inquilinos en 1907 y la de los Talleres Vasena en 1919, en las que tuvo activa participación. La directora reconstruye la vida de Juana Rouco Buela, y en Cinergia conversamos con ella acerca de su experiencia investigando a esta leona que luchó contra el crimen y el oprobio.


Por Walter Pulero

Sandra Godoy nació en Buenos Aires. Egresada del Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda en 1993, trabajó en televisión para diferentes productoras en estudio y móviles y actualmente como editora. También participó en algunos documentales y co-realizado otros. Su trabajo en la realización de los mismos le permitió conectar con grupos de mujeres que día a día articulaban su vida cotidiana con la lucha en las calles, generando en ella la necesidad de indagar un poco más sobre la participación de las mujeres en los cambios sociales, su intervención que fue y continúa siendo fundamental.


¿Cómo fue que te topaste con la historia de Juana Rouco Buela y te llevó a realizar esta película?

Sandra Godoy: Hace unos años atrás comencé a investigar sobre los cambios sociales y la participación de las mujeres en esos cambios, de esa manera me topé con las mujeres anarquistas de principio del Siglo XX, entre ellas estaba Juana y su autobiografía “Historia de un ideal vivido por una mujer”. Juana llega de Madrid a Buenos Aires en el año 1900, en esas primeras décadas del siglo en Argentina las protestas por derechos laborales eran casi diarias. Ella conectó enseguida con sus derechos y comenzó a participar en reuniones, actos, capacitándose e interesándose sobre sus derechos laborales y los de sus campañeros/as.
En su libro recorre su vida como activista, su participación en hechos históricos que marcaron nuestra historia. Encontrarme con esta mujer, esta revolucionaria anarquista que desafió a quien se pusiera delante, confirmó mi deseo de querer contar esta historia, la historia de una mujer valiente con una gran convicción por la búsqueda de justicia y libertad.


¿Cómo fue el proceso de investigación previo a construir la película?

SG: Ir tras los rastros de Juana fue un recorrido muy gratificante, junto a Ana Cutuli, la productora, recorrimos lugares, revisamos cajas, conseguimos teléfonos, contactos, información que nos servía para seguir avanzando.
Por ejemplo, la búsqueda en Montevideo nos dio un gran hallazgo en la FAU (Federación Anarquista Uruguaya), una publicación uruguaya sin tapa, no sabemos cómo se llama, pero con la foto y una reseña de Juana y María Collazo. Una revista que apareció en el momento justo y que incorpore a lo largo de todo el documental, también en Necochea tras los rastros del grupo editor o en la FORA con fotos y otros documentos de gran importancia.
Contactamos con algunos compañeros de militancia que la conocieron en los últimos años de vida y a sus nietas Rut y Diana, que me dieron acceso al material inédito y me mostraron una parte de Juana que no está en su libro, algunas anécdotas, recuerdos, fotos y escritos.


¿Qué fue lo que más te llamó la atención acerca de Juana que pudiste descubrir en tu investigación?

SG: Juana se animó a ir más allá, no pidió permiso, solo lo hizo, con doble esfuerzo y mérito propio ya que era autodidacta, tuvo que aprender a leer y escribir por su cuenta.
Toda su vida es apasionante, la Rouco fue una mujer muy emprendedora, escribió un cuadernillo de 34 páginas llamado “Mis proclamas”, editado por Lux donde vuelca parte de su pensamiento acerca de prostitución, la guerra, la cárcel, feminismo, etc. Creó el primer periódico anarquista llamado Nuestra Tribuna, escrito y dirigido por mujeres, que salió durante 4 años con un tiraje de 4000 ejemplares.
Juana siempre estuvo a la delantera, como anarquista fue defensora de la libertad del individuo, ella consideraba que la emancipación femenina era posible a través de la emancipación social y colectiva. Así lo deja expresado en el lema de Nuestra Tribuna impreso en todos los ejemplares “No hay emancipación de la mujer. La emancipación que nosotras mujeres libres, propiciamos, es social, netamente social” Rouco Buela, Juana (Nuestra Tribuna, 1922).




¿Qué puntos de encuentro destacas entre la lucha de las mujeres de comienzos del SXX y las actuales?

SG: Hoy como ayer seguimos relegadas en muchos aspectos, si bien el contexto actual no es el mismo de esas décadas, aún la disparidad está muy presente. Las mujeres en muchos hogares todavía se encuentran bajo el poder patriarcal, con hombres cabeza de familia, tareas domésticas impuestas y responsabilidades ante el cuidado de lxs hijxs, en la mayoría de los casos combinado con el trabajo fuera de la casa.
El mercado laboral tiene una serie de prejuicios de género que dificulta la inserción laboral de las mujeres y más si están en situación vulnerable, la desigualdad de oportunidades a la hora de ascensos o cambio de tareas siempre son más accesibles para los hombres, si una mujer ocupa un puesto con cierta autoridad suena como una amenaza y casi siempre es descalificada con comentarios misóginos.
La maternidad para aquellas mujeres anarquistas fue motivo de escritura, también el respeto al cuerpo, la decisión de ser madres o no, fueron temas que abordaron dejando claro que la maternidad es un deseo no una imposición, acá creo uno de los mayores puntos de encuentro con el presente, aún hoy como ayer seguimos gritando que nosotras decidimos sobre nuestros cuerpos. Juana en su periódico decía: “Cuando no se tiene los medios económicos para dar una alimentación o una educación adecuada, recomendamos a las mujeres que se abstengan de procrear, empleando para ello los medios de preservación científica que no menoscaban en nada la naturaleza del acto fisiológico” (Nuestra Tribuna Año 2, n° 171923). Si bien el texto hace hincapié en lo económico como principal motivo para no ser madres, en nuestro presente el deseo está por sobre cualquier mandato.
La fuerza que impulsó a esas mujeres es la misma fuerza que hoy nos une en el presente contra el patriarcado, la misma pero renovada, transformada. Otra frase importante que encontramos decía: “La inferioridad mental de la mujer es una mentira teológica, repetida y propagada por todas las congregaciones religiosas y jurídicas” (Nuestra Tribuna, Año 1, N° 11922).


La lucha de Juana es la misma que hoy reagrupa a muchas en las calles. ¿En qué momento comenzaste a sentir que verdaderamente el movimiento de mujeres estaba siendo escuchado en la Argentina de este siglo?

SG: No podría precisar un momento, viene asentándose y creciendo con la labor de muchas compañeras, entendiendo que juntas es la forma, hemos aprendido a ser tenaces, sensibles, a trabajar en la sombra y a tendernos redes.
Hemos conseguido ser vistas a fuerza de marchas multitudinarias, de Encuentros de mujeres y disidencias que marcan la agenda año tras año, de lucha de todas las Juanas que desde sus diferentes espacios levantaron y levantan la voz para ser escuchadas.


¿La vida de qué otra mujer te gustaría llevar al cine? En forma documental o ficción.

SG: Me gusta el género documental, soy documentalista, cuando pienso en contar una historia siempre pienso desde esa mirada.
Me interesan los temas que tienen correlación con el presente, temas que nos agrupan, la verdad no lo había pensado así, pero ahora que me preguntas el otro día cuando miraba unas fotos de Sara Facio, la fotógrafa, pensé: “¡Qué historias habrá detrás de cada foto!”.


¿Cómo ves hoy el cine argentino? ¿Por qué considerás que faltan tantas protagonistas mujeres detrás de cámaras?

SG: El cine argentino no está pasando un buen momento. Institucionalmente están siendo cuestionadas las gestiones pasadas y la actual, generando un parate general en la industria, falta de pagos que impiden seguir con las producciones empezadas o en etapa de post producción, este parate no solo es por la pandemia, sino que es estructural.
Es necesario un plan de salida de emergencia para poder afrontar lo inmediato y un plan a largo plazo teniendo en cuenta el contexto actual de salud y los cambios tecnológicos.
El detrás de cámara está cambiando, son varios los sectores que se están organizando, distintas colectivas de mujeres (sonidistas, microfonistas, técnicas, editoras, etc.) reclamando tener las mismas oportunidades laborales, equiparación de los sueldos, vías de fomento, cupo con equidad de género en los comités de selección. En el ámbito documental somos muchas las realizadoras integrales abordando variedad de temáticas, con una mirada femenina, contando los temas que nos interesan, ocupando las pantallas que nos corresponden.


¿Cómo es la vida de un artista en cuarentena? ¿Qué hace un director cuando no está en el set?

SG: Este contexto de encierro y de falsa quietud es justamente una quietud aparente, por detrás de escena pasan cosas.
Podemos escribir, leer, investigar lo que alguna vez dijimos “qué bueno sería poder investigar más sobre este tema”, editamos proyectos y estrenamos documentales dentro de las posibilidades. En el caso de los documentales existen etapas anteriores a estar registrando, el estudio de campo junto con la investigación son facetas esenciales y placenteras a la hora de contar la historia.
Todo este panorama es diferente para cada uno/a. No todos/as tienen la solvencia para poder esperar que la cuarentena termine, un amplio sector está sin trabajo y agotando sus fuerzas y recursos.


¿Cuáles son tus próximos proyectos?

SG: Hace tiempo da vueltas en mi cabeza como las llamadas “Madres de Ituzaingó”, Córdoba, pelearon contra el glifosato y quería hacer algo con el juicio oral que se iba a hacer en marzo 2020 pero fue suspendido por la cuarentena, pasado el estreno iré metiéndome en tema.

Juana estrena 1 de septiembre en CINE.AR