Largometrajes con pocas locaciones

El séptimo arte puede llevarnos a conocer diferentes mundos o escenarios a través de sus escenas; sin embargo, existen algunas excepciones y muchos cineastas optaron por emular el formato teatral a la hora de exponer sus ideas.


Por Emanuel Juárez

Largometrajes con pocas locaciones (por no decir una), en su mayor parte, son los que se tendrán en cuenta a la hora de armar esta lista. Más apoyadas en el guion y en la labor actoral, estas producciones intentan ofrecer un ejercicio diferente para el espectador al momento de contar un relato.

Solo como aclaración, el listado no sigue un orden específico y muchas quedaron afuera, por lo que pronto se vendrá la segunda parte. Claustrofóbicos, abstenerse.

 

Cube (Vincenzo Natali, 1997)

¿De qué va?
Seis personas encerradas en un extraño laberinto compuesto de habitaciones cúbicas y repleto de trampas mortales. No saben cómo llegaron allí, pero deberán resolver ciertos enigmas y sortear con habilidad todos los trucos si quieren sobrevivir.
¿Por qué verla?
Muchos la consideran una película de culto dentro del cine de horror. Vincenzo Natali nos ofrece un experimento asfixiante, sorprendente y (por momentos) intolerable. Aprovecha al máximo los pocos recursos.

 

12 Angry Men (Sidney Lumet, 1957)

¿De qué va?
Doce miembros de un jurado deberán juzgar a un adolescente acusado de haber matado a su padre. Todos (o casi todos) están convencidos de la culpabilidad del mismo.
¿Por qué verla?
Desde el vamos, el debate absorbe: condenar a muerte, o no, a un ser humano. Lumet hace entrega de uno de los mejores dramas judiciales de todos los tiempos. Tensiona y conmueve en partes iguales.

 

Locke (Steven Knight, 2013)

¿De qué va?
La tranquila vida de un capataz de grandes obras se vuelve inestable cuando recibe una llamada que lo empuja a tomar una decisión que, probablemente, eche toda su rutina por tierra.
¿Por qué verla?
Un largometraje con mucho potencial y Tom Hardy al volante. ¿Qué más necesitamos? Un relato (casi) a tiempo real que aporta tensión en aumento y una gran carga emocional.

 

Dogville (Lars von Trier, 2003)

¿De qué va?
Huyendo de una banda de gángsters, una mujer acepta trabajar para los residentes de un pueblo a cambio de un refugio.
¿Por qué verla?
Una película única que logra transitar varios géneros a la vez. Una brillante interpretación de Nicole Kidman y peso dramático que crece minuto a minuto derivando en un final tan magnífico como devastador. Von Trier no puede fallar.

 

Carnage (Roman Polanski, 2011)

¿De qué va?
Dos matrimonios se reúnen en Nueva York, en principio civilizadamente, para hablar de la reciente pelea de sus hijos en un parque. Pero el encuentro se complicará hasta límites insospechados.
¿Por qué verla?
Christoph Waltz, John C. Reilly, Kate Winslet y Jodie Foster. Si con ese nivel actoral no alcanza, se puede agregar que la película de Polanski es un imparable descenso a los infiernos de la comodidad burguesa.

 

El método (Marcelo Piñeyro, 2005)

¿De qué va?
Siete aspirantes a un puesto ejecutivo se presentan a la prueba de selección de personal de una empresa multinacional, situada en un rascacielos de Madrid.
¿Por qué verla?
Una brutal crítica del capitalismo, una habitación aislada y un único objetivo: conseguir el preciado puesto de directivo. Un relato sobre la deshumanización a la que puede llegar un hombre por conseguir un puesto de trabajo.

 

Climax (Gaspar Noé, 2018)

¿De qué va?
Jóvenes bailarines toman accidentalmente LCD mezclado con sangría y así su exultante ensayo se convierte en una pesadilla cuando uno a uno sienten las consecuencias de crisis psicodélica colectiva.
¿Por qué verla?
Con Noé no existen los grises, es amor u odio, sabe cómo incomodar y esta no es la excepción. Con una introducción para el recuerdo y una estética deslumbrante, nos ofrece una película visualmente extraordinaria en donde la psicodelia se apodera de la obra y nos introduce en la locura de sus protagonistas.

 

The Invitation (Karyn Kusama, 2015)

¿De qué va?
Will y Eden perdieron a su hijo años atrás. La tragedia afectó su relación de forma irreversible, hasta el punto de que ella desapareció de la noche a la mañana. Un día, Eden regresa a la ciudad, se ha vuelto a casar y en ella parece haber cambiado algo, convirtiéndola en una presencia inquietante e irreconocible incluso para Will.
¿Por qué verla?
Estamos ante un inquietante thriller psicológico que en ningún momento subestima al espectador y maneja de manera elegante los climas de la tensión y la paranoia. La invitación es una obra casi perfecta que funciona en todos sus aspectos.

 

[REC] (Jaume Balagueró, Paco Plaza , 2007)

¿De qué va?
Una reportera y su camarógrafo quedan atrapados en un edificio y graban la epidemia de una enfermedad desconocida que transforma a los humanos en caníbales viciosos.
¿Por qué verla?
El nacimiento de la franquicia de género más importante de España y la reinvención del sub género zombie. Claustrofóbica y frenética, un cuento de horror en tiempo real. Una auténtica pesadilla que demuestra lo efectivo que puede resultar (todavía) el found footage. ¿Datos para agregar? Nos regaló a uno de los villanos más escalofriantes de los últimos tiempos y en caso de que no se sientan cómodos con el cine español, tienen una remake norteamericana que solamente recomendaría por mi admiración a Jennifer Carpenter. Quarantine (John Erick Dowdle, 2008) está lejos de esta obra maestra.

 

Blue Jay (Alex Lehmann, 2016)

¿De qué va?
Jim y Amanda se encuentran casualmente en su pueblo natal después de veinte años sin verse. Ya con su vida realizada, tienen mucho para contar y la ex pareja se ve transportada al pasado y a los increíbles momentos que vivieron juntos.
¿Por qué verla?
Lehmann hace uso de sus dotes para presentarnos una historia tan melancólica como angustiante. Un viaje al deseo de Jim y Amanda (interpretados por los inmensos Mark Duplass y Sarah Paulson) por revivir parte de la juventud perdida en la frustración de la vida adulta. Lo que es y lo que podría haber sido. De eso trata este viaje de emociones que merece ser visionado.