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Racismo, misoginia y exceso de violencia en lo nuevo de David Ayer

David Ayer nos trae su nueva producción The Tax Collector, una película que decepciona por estar plagada de estereotipos racistas y masculinidad tóxica, sobre la historia de un hombre de familia que trabaja como un recolector de impuestos para una banda de mafiosos de Los Ángeles.


Por Gonzalo Schiffer

La ofensiva película norteamericana The Tax Collector, dirigida por el experimentado David Ayer (director de policiales y acción) carece de alma, y si hay algo que no me genera satisfacción es destruir a una película desde una reseña que uno realiza desde la comodidad, sin haber estado presente en un rodaje donde el trabajo es muy duro para roles que no son tan conocidos, porque el trabajo de cada técnico e integrante de la producción debe respetarse.

Entonces salgámonos del análisis sobre cuestiones audiovisuales y técnicas y vayamos directamente al contenido dramático: realmente me pregunto cómo es que esta película tuvo el OK y aval para poder realizarse, producirse y estrenarse luego vía streaming. Hoy en día hay una alta sensibilidad lógica por temas como el racismo, el machismo, la violencia y misoginia, y son temas que la película de Ayer toca, pero adoptándolos como recurso de la narrativa sin denunciarlos y exponiéndolos torpemente al estilo de películas de acción de hace dos o tres décadas pasadas.

La filmografía de este director tiene en particular una película fantástica, Training Day, en la que fue el guionista, donde denunciaba con mucha efectividad la corrupción policial y el abuso del poder, pero su visión en Tax Collector es muy errada, es perezosa para esbozar una reflexión, quedándose en lo superficial, y lo peor, estigmatizando a los latinos que viven en los Estados Unidos. Parece ser que los males del narcotráfico y delincuencia en la ciudad de Los Ángeles, son estrictamente responsabilidad de la comunidad latina de mexicanos, colombianos y cubanos, y de un grupo de pandillas de afroamericanos creados como un estereotipo del videojuego de GTA. No digo que no haya un alto porcentaje de integrantes de la comunidad latina de bajos o altos recursos que estén involucrados en el narcotráfico, pero solo apuntar a ellos como el problema real, es muy bajo, y más teniendo en cuenta la mirada más crítica y universal de películas exitosas como Traffic, Crash, Sicario 1 y 2 o la gran serie de Amazon, ZeroZeroZero.

Los latinos en Tax Collector son representados con tatuajes, cortes de pelo al ras y pensamientos vistos miles de veces como “la familia unida” cueste lo que cueste, sin aspiración mas que la de delinquir y cobrar impuestos a todos los carteles de la ciudad para vivir en mansiones y hacer prevalecer el legado del dominio del negoció narco. Sin ir más lejos pensemos en la construcción del personaje de Lalo en Better Call Saul, un verdadero cínico y psicópata, vinculado al narcotráfico claro, pero con una enorme dimensionalidad del personaje que hasta contagia humor.

Otro punto errado y ofensivo, es el rol de la mujer: el protagonista las trata con cierta indiferencia en la mirada y diálogo, exceptuando un par de mujeres que trabajan como asistentes de los narcos y una enemiga 100% básica. Las demás mujeres son personajes de apoyo para los roles masculinos. A esta altura seguir recurriendo al cliché de la mujer como “carnada” sexual para atraer a un grupo de hombres y así aniquilarlos, es muy atrasado y anacrónico. Podemos seguir escarbando más cuestiones relacionadas con el guion, pero con solo comprender que la película es un rejunte de estereotipos, con mucho prejuicio y superficialísimo, entendemos por qué el consenso en general fue tan negativo para esta película. La prensa se hizo eco de lo atrasado de su historia, por eso es una película que ha sido duramente tan criticada, hubiera sido más ingenioso que se transformara en una sátira o parodia en vez de querer ser serios.

Dentro del elenco se encuentra el talentoso Shia LaBeouf, quien intenta interpretar con la máxima seriedad posible al guardaespaldas y mejor amigo del protagonista que es una especie de Maluma sensible con mucha vocación para cobrar impuestos de narcos.