11 de enero de 2026
EL BESO DE LA MUJER ARAÑA: Puig leído desde la fantasía como política emocional (REVIEW)

Un drama cautivador donde la lucha por sobrevivir revela el lado más humano del amor y la esperanza.

DIRIGIDA POR BILL CONDON, LA NUEVA VERSIÓN DE EL BESO DE LA MUJER ARAÑA ENCUENTRA SU MAYOR FORTALEZA EN EL TRABAJO ACTORAL. TONATIUH ELIZARRAZ COMPONE A MOLINA DESDE UNA SENSIBILIDAD PRECISA, MIENTRAS DIEGO LUNA CONSTRUYE UN VALENTÍN CONTENIDO Y PROGRESIVAMENTE POROSO. EN ESE CRUCE, LA PELÍCULA APUESTA POR LA INTIMIDAD ANTES QUE POR EL ÉNFASIS, Y ACIERTA.


Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar para que siga creciendo esta comunidad.

Invitame un café en cafecito.app

Por Gastón Dufour

La nueva adaptación cinematográfica de El beso de la mujer araña (2026) no se limita a actualizar un clásico: propone, más que actualizar un relato, una lectura explícitamente literaria de Manuel Puig, entendiendo que el corazón de la obra no está en la anécdota carcelaria ni en la alegoría política, sino en aquello que Puig convirtió en poética central: la fantasía como creación emocional y como forma de resistencia. La película no adapta solo una historia, sino un modo de narrar y de sentir.

Puig nunca pensó el cine como cita culta ni como referencia ornamental. En su escritura, el cine —sobre todo el melodrama— se mueve como lenguaje afectivo, como archivo sentimental desde el cual los sujetos pueden reconstruirse cuando el mundo real se vuelve inhabitable. La versión 2026 recoge esta idea con claridad: la fantasía que Molina (Tonatiuh) relata no aparece como un simple homenaje cinéfilo, sino como una estructura emocional que organiza su manera de existir. El cine resignifica la fantasía además de distraer del encierro.

Desde esta perspectiva, la celda compartida por Molina y Valentín (Diego Luna) vuelve a leerse como lo que Puig siempre propuso: un espacio de oralidad casi teatral, en el que la narración se convierte en acto de fuerza íntima. El film entiende que la palabra dicha —el relato contado de memoria, exagerado, repetido— es un gesto de supervivencia. La puesta en escena refuerza esta idea al privilegiar los cuerpos, las pausas, los silencios y la cadencia de la voz por sobre cualquier espectacularización del encierro.

Uno de los mayores aciertos de esta adaptación es no ironizar lo exagerado. La película asume ese registro como Puig lo hacía, sin cinismo alguno. El melodrama, el bolero, la diva sufriente y el amor imposible no aparecen como restos culturales menores, sino como un saber emocional que desarma jerarquías. Frente al discurso político rígido de Valentín, la sensibilidad de Molina no es pura evasión; en cambio se mueve como una forma alternativa de conocimiento, donde el cuerpo y el deseo piensan tanto como las ideas.

En este punto, la película dialoga directamente con la literatura de Puig: el conflicto no es entre compromiso y frivolidad, sino entre dos maneras de leer el mundo. Valentín lee desde la abstracción, desde el futuro, desde la causa. Molina lee desde el afecto, desde el presente, desde la experiencia. El remake entiende que el verdadero movimiento dramático no es la conversión de uno al otro, sino la contaminación mutua: la política se vuelve vulnerable y la fantasía, inevitablemente, política.

El beso —ese gesto mínimo que da título a la obra— vuelve a ocupar un lugar central, pero despojado de toda solemnidad. No es clímax romántico ni provocación calculada: es un quiebre narrativo, una interrupción del sentido. En términos puiguianos, es el momento en que la fantasía deja de ser solo relato y se vuelve acto. La película presenta ese instante con contención, casi con pudor, entendiendo que su potencia no está en lo visible, sino en lo que desacomoda.

Esta versión de El beso de la mujer araña parece comprender algo esencial: que Puig no escribía sobre personajes marginales, sino sobre formas marginales de sentir, históricamente despreciadas. Al recuperar esa poética, no moderniza a Puig: lo lee con seriedad, y al hacerlo, lo devuelve a un presente donde la fantasía sigue siendo un territorio en disputa.

Más que una adaptación funciona como una lectura audiovisual de Puig, fiel no a la letra, sino a su ética narrativa: esa que entiende que contar historias —especialmente las consideradas menores— puede ser un gesto profundamente político. En tiempos donde todo tiende a explicarse, El beso de la mujer araña insiste, una vez más, en algo incómodo y vigente: sentir también es una forma de resistencia.


TÍTULO: El beso de la mujer araña
TÍTULO ORIGINAL: Kiss of the Spider Woman
ELENCO: Tonatiuh, Diego Luna, Jennifer Lopez, Josefina Scaglione, Bruno Bichir, Aline Mayagoitia, Kevin Michael Brennan, Thomas Canestraro, Eduardo Ramos, David Turner.
GÉNERO: Romance, Thriller.
ORIGEN: Estados Unidos.

Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar para que siga creciendo esta comunidad.

Invitame un café en cafecito.app

About Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial