Ser amable es el nuevo punk
El errante caballero Duncan, el Alto quiere participar de los juegos de Ashford, a pesar de tener todos los pronósticos en contra debido a su campesino aspecto e improvisada preparación. Sin embargo contará con la ayuda de Egg, un niño que será su escudero, para formar una dupla entrañable, que irá conociendo en profundidad a lo largo de la aventura.

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Por Ignacio Pedraza
El universo de Game of Thrones es enorme, y sus historias pueden disparar para diferentes tonos y estilos: si bien House of the Dragon (2022) mantuvo el tono solemne que caracterizó a la histórica serie –algunos, es verdad, eran pintorescos personajes-, la riqueza de su mitología y el amplio mapa que creó George R.R. Martin también permitía una vertiente más relacionado a la aventura y la fábula absuelta, dos puntos que definen a El caballero de los siete reinos (A Knight of the Seven Kingdoms, 2026).
Basado en Cuentos de Dunk y Egg, escritos por el propio Martin, la flamante serie de HBO sigue al caballero errante Sir Duncan, el Alto (Peter Claffey), quien debe comenzar su camino tras ser nombrado bajo ese título por su tutor Arlan de Pennytree (Danny Webb). Luego del fallecimiento de su mentor, el protagonista intentará inscribirse en las justas que se celebran en Ashford. Con un aspecto poco caballeroso y poca información respecto a su pasado, el resto de sus colegas y del pueblo lo mirarán con recelo, a excepción de un simpático niño que se cruzó durante la travesía: Egg (Dexter Sol Ansell), quien quiere ser su escudero.
La dupla marcará un hito en este cúmulo de adaptaciones martinianas: representan los dos personajes principales más bondadosos, inocentes y afables que hemos visto hasta ahora. Si bien uno puede tener cariño por alguno de los Starks o elegir un lado en la disputa entre Rhaenyra y Alicent, cada uno de ellos tenían costados controversiales, donde sus intereses y acciones los posicionaban en una zona gris. En este caso, se visualiza una credulidad y cordialidad en dichos protagonistas, aún más reluciente por los ámbitos violentos y grotescos en los que se mueven, que logran representar un aspecto inédito en este tipo de proyectos.
El registro de Duncan y Egg va de la mano con el tono de la serie de seis capítulos creado por Ira Parker. Hay cierto retazo de fábula y de historia pequeña dentro de lo macro, como si el sabio del pueblo juntase a los pequeños -y no tanto- para contarles las heroicas aventuras del caballero y su escudero, quienes tratan de imponerse y hacerse un nombre entre tanta maldad y jerarquías impuestas.
Más allá de sus aspectos distintivos, cabe resaltar que el proyecto logra visualizarse de manera clara dentro de Poniente, con múltiples referencias a tramas reconocibles; el estreno se sitúa casi cien años antes a la serie original y por consecuente es posterior a House of the Dragon, permitiéndonos entender el contexto donde predominan los Targaryen pero sin dragones como para disparar fuego. A la vez, que en su trama predomine lo menudo no quiere decir que haya un argumento con buenas vueltas de tuerca –la del personaje de Sol Ansell es una verdadera bocanada de aire fresco- y un desarrollo interesante.
Más allá de obviar de lo grandilocuente en términos argumentales –no así en lo técnico, ya que la fotografía de Gustav Danielsson, Federico Cesca y Cathal Watters está a la altura del universo, con un sobresaliente quinto capítulo repleto de acción que respeta el espíritu-, el género parece cuidado en El caballero de los siete reinos –el título tiene un buen gag en el final- y demuestra todo el potencial, si ya no se había demostrado, de diferentes aristas para abordar la compleja, mágica y turbulenta creación de Martin; esta vez jugando con la simpatía.
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