Lo utópico contra la realidad
La política idealista Ella McKay se convertirá en la gobernadora más joven de la historia, sin saber que detrás de ello vendrán los múltiples conflictos de intereses y el lidiar con traumas familiares que la llevarán a situaciones extremas.

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Por Ignacio Pedraza
Ella McCay: Imperfectamente perfecta (2025) llegará a los cines en enero. No, bueno, en febrero. Bah, en realidad, recalará en la plataforma Disney+. Sí, al igual que tantos otros estrenos, la nueva propuesta de James L. Brooks no terminó llegando a la pantalla grande y aquellos fanáticos del director –quien vuelve con un proyecto a los 85 años- como quienes esperaban una feel good movie, deberán verlo por la plataforma.
La narradora Estelle (Julie Kavner), secretaria de la protagonista, nos adentra en la vida de Ella (Emma Mackey) con sus múltiples traumas familiares y su escalonada carrera política hasta llegar a vicegobernadora, pero lo importante está por venir: tras un nuevo cargo para el gobernador Bill (Albert Brooks) en el gabinete, la joven pasará a ser la mandamás del estado a los 34 años, siendo la más joven de la historia. El logro no parece bastar: la idealista quiere cambiar las políticas, sin importarle los chanchullos de la política ni la necesidad de carisma o marketing de los candidatos.
No obstante, sus objetivos también pueden chocar con otros intereses, ya que la irrupción de su padre (Woody Harrelson) tras años distanciados, la ambición de su esposo Ryan (Jack Lowden) y el recelo de su partido político, sumado al alejamiento de su hermano Casey (Spike Fearn) y algunos aprietes periodísticos, la llevarán al límite. Para ello tendrá una aliada: su tía Helen (Jamie Lee Curtis), que servirá como espacio de catarsis en unas horas complejas.
El bueno de Brooks ha sabido desarrollar personajes neuróticos, situaciones satíricas y un humor especial que encuentra la comicidad en registros humanos dramáticos. El reciente estreno no es la excepción, pero quizá sin la acidez de otros proyectos y con una estructura narrativa que puede sufrir de mesetas, principalmente hacia la segunda mitad del largometraje. Bajo estos parámetros, el realizador –quien también es guionista, mientras que en la musicalización aparece Hans Zimmer con un olvidable trabajo- intenta brindar una visión bastante fatalista sobre la política y los políticos, aunque hay diferentes vertientes que se entrometen –como puede ser el arco del personaje de Fearn, junto a una Ayo Edebiri como participación especial- que no tiene la misma fuerza y lo vuelve un tanto caótico y desigual.
La película tiene ciertos retazos a producciones noventosas o de principios de milenio donde los blockbuster gozaban de buena salud, y en ese sentido esas sensaciones simpáticas logran sumergir en la superficie. No obstante, los nombres del reparto podían hacernos esperar más: Lee Curtis y Harrelson tienen un espacio acotado, y esos pesos pesados acompañan a la estrella de esta ocasión que es Mackey –quien ya ha demostrado protagonizar sin ningún tipo de problemas, con otro registro, en Hot Milk (2025)-, representando de gran manera a su soñadora y entrañable Ella. Cabe destacar dentro del elenco a Kumail Nanjiani, quien con su oficial Nash demuestra que no necesita siempre de la exageración ni ser siempre alivio cómico y puede mostrar otras facetas.
Algunas percepciones con Ella McCay son similares a las que sucedieron el año pasado con El gran viaje de tu vida (A Big Bold Beautiful Journey, 2025): buenos nombres –y en este caso, un director ya comprobadísimo en este terreno- y una historia que en la previa podía prometer más. Sin embargo, cae en el mar de lo aceptable y disfrutable, pero olvidable.
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