13 de febrero de 2026
EEB_EP201_12_10152024_0126_R

A los Borges nadie los detiene

Luego de intentar reinsertarse en la sociedad, Gladys Borges cae en una trampa y vuelve a La Quebrada, que cuenta con nueva directora. Más allá de las caras conocidas que la reciben con los brazos abiertos, deberá estar atenta ante la flamante líder de la cárcel: la “Gringa”.


Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar para que siga creciendo esta comunidad.

Invitame un café en cafecito.app

Por Ignacio Pedraza

El universo expandido de El marginal (2016) encuentra, además del público que abrazó la propuesta, un personaje en particular que permite darle cuerda: Gladys (Ana Garibaldi) terminó tras las rejas debido al manejo de los negocios por afuera de los Borges, y tanto su creador Sebastián Ortega como el director Alejandro Ciancio, encontraron terreno fértil para seguir profundizando.

El año pasado En el barro (2025) tuvo su primera temporada donde la protagonista lograba salir de La quebrada, la cárcel de máxima seguridad, con libertad condicional, pero sus necesidades económicas y de cuidado de su nieto –“la inserción no existe”, dirá desde un principio el personaje de Garibaldi– la obligan a meterse en turbios negocios. Eso no termina saliendo bien, y el conocido edificio –esta vez manejado por Beatriz Lanteri (Inés Estevez)- la recibirá con los brazos abiertos.

Allí volverá a encontrarse con viejas aliadas, habrá internas nuevas que interactuarán con la “Borges” y se enfrentará a una nueva líder del pabellón, como es la “Gringa” Casares (Verónica Llinás). Bajo este nuevo mapa, la figura principal deberá reacomodarse e ir encontrando su lugar, mientras la disputa por el poder siempre está en juego y los negocios se cruzan.

En términos argumentales y narrativos la nueva temporada no tiene rasgos diferenciales a lo de un año atrás: Ciancio apunta a lo largo de sus ocho episodios a un elenco coral, con múltiples arcos en sus personajes que permiten darle una visualización total a la cárcel de máxima seguridad con distintas temáticas que logran ser afines al género. Ya como identidad de la serie, lo novedoso brilla por su ausencia y aquellos que han disfrutado de los primeros ocho episodios –y de su predecesora protagonizada por Juan Minujín, Nicolás Furtado y Claudio Rissi– van a volverse a encontrar con ese código establecido.

Violencia gráfica, ritmo frenético y planos movidos son los componentes que están a disposición de la –no tan- nueva aventura de su protagonista y, a la vez, para abordar diferentes historias: como un año atrás fuimos testigos del recorrido de Marina (Valentina Zenere) por los pabellones, esta vez le toca a Nicole (Eugenia Suárez), una viuda negra y amante del personaje de Llinás, intentar sobrevivir. Lo mismo sucede con múltiples personajes que logran tener diferentes tonalidades, desde el misterio que rodea a Helena (Julieta Ortega) hasta algún tono más de comicidad para Olga (Erika de Sautu Riestra).

En esta radiografía, hay asimetría que permite jerarquizar ciertos argumentos, con algunas figuras siendo funcionales –hay otro gran trabajo de Camila Peralta– para darle pie a lo de mayor importancia. Bajo estos parámetros, queda claro que la disputa entre la «Gringa” y la «Zurda” (Lorena Vega) o un secuestro que abarca las interacciones entre los personajes de Garibaldi y Suárez –y la participación, ya risueña, de Antín (Gerardo Romano)-, resulta lo más preponderante.

Más allá de algunas caras nuevas, que se adentran a lo visto el año anterior, En el barro mantiene su lógica –permite el debate de cuánto hay de realidad carcelaria y cuánto de espectacularidad- para el deleite de ese público que la haya disfrutado y que permite seguir pensando que las paredes carcelarias aún tienen cosas que contar.


Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar para que siga creciendo esta comunidad.

Invitame un café en cafecito.app

About Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *