24 de febrero de 2026
eternity

Doña Elisabeth y sus dos maridos

Luego de fallecer, Larry espera a su esposa Joan para pasar la eternidad juntos. Sin embargo, cuando llega al paraíso, la mujer se entera que también la aguarda Luke, su primer marido y fallecido en la Guerra de Corea; por lo que la protagonista deberá elegir a solo uno.


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Por Ignacio Pedraza

La novela de Jorge Amado, Doña Flor y sus dos maridos (1966), retrataba la lucha de la protagonista entre dos amores: si bien se encontraba satisfechamente casada con el farmacéutico Teodoro, el espíritu de su primer marido Vadinho, proporcionalmente opuesto al actual, seguía presente para ella. No sería de sorprender que Eternity (2025), la nueva película de Apple TV+, haya tomado dicha idea como disparador, teniendo en cuenta un detalle: acá no hay vivos, sino que desde el más allá, Joan (Elisabeth Olsen) debe elegir con quién de sus dos pretendientes pasará la eternidad.

La protagonista tiene la oportunidad de elegir una locación y pasar el resto de sus días entre Larry (Miles Teller), su esposo con el que formó toda una familia, o Luke (Callum Turner), quien la espera hace 67 años luego de casarse con ella y fallecer en la Guerra de Corea. Con dos personalidades opuestas, Joan tendrá una semana de debate, y ellos sacarán a relucir todos sus trucos para reconquistar a la mujer.

La propuesta del director David Freyne –quien escribió el guion junto a Patrick Cunnane– se inserta en la comedia romántica con una interesante vuelta de tuerca que abraza lo onírico y lo fantasioso pero que, a fin de cuentas, cumple con el prototipo del género para desarrollar los típicos triángulos amorosos. El foco está puesto allí, ya que más allá de todas cuestiones existencialistas que permitiría jugar con esa situación queda en apenas guiños.

Tras su interesante premisa, el estreno logra ser sólido gracias a las interpretaciones de sus tres figuras. Principalmente en los roles de Teller y Turner se divide de manera concreta la tonalidad del largometraje, ya que el primero se lleva los laureles humorísticos –con un histrionismo más en tono a sus primeros trabajos, y se valora- y el segundo responde a los terrenos más dramáticos para la historia. Si bien esto es consecuencia del arco argumental de sus personajes cabe destacar que, a pesar de las texturas propias, con el correr del metraje logran congeniar y sintetizarse en un registro más homogéneo. Por parte de Olsen, la joven actriz vuelve a demostrar su capacidad de protagonizar y también juega en esos diferentes pasajes y vaivenes que tiene el proyecto, siendo siempre el punto clave de la historia.

A ello hay que sumarle cuestiones técnicas que intentan darle al film una identidad especial, principalmente a lo referido a la fotografía de Ruairi O´Brien y una puesta en escena para representar “el más allá” que juega con lo retro, especialmente a la década del 60 con las lógicas de convenciones y ferias de la época. Asimismo, la paleta cromática logra resaltar con la viveza de sus colores, que resaltan en el vestuario y las locaciones. La musicalización de Dave Fleming logra ser complaciente con lo construido, aunque lo visual termina pesando más.

Si bien alguno puede tener un reparo para la segunda mitad del film, donde queda la sensación que el guion no sabía hacia dónde disparar o cómo materializar esa interesante noción, la propuesta no deja de ser atrapante, dinámica y que permite atraer a un amplio público, ya sea por estar inmerso en un género clásico como el ingenio de crear un contexto particular, enriquecido por su reparto.


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