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La historia de una falsificadora en la era influencer

El camino que llevaría a Anna Delvey hacia su ruina comenzó en febrero de 2017, cuando la entonces supuesta heredera alemana se alojaba en el hotel 11 Howard en Soho, New York. ¿Pero quién es Anna Delvey?


Por Rodrigo Vega

Anna Delvey era una ex empleada de la revista francesa Purple, habitué de eventos y fashion weeks en Europa que eventualmente llegó a New York y comenzó a mostrarse con jóvenes de clase alta, otros herederos y celebridades.

Su llegada al hotel 11 Howard marcó el pico de su opulencia, entregando propinas de 100 dólares a cualquier empleado que le ayudara con sus bolsas de compras en Balenciaga, Supreme, Celine y Alexander Wang, entre otras. O con la recepcionista Neffatari Davis, a quien siempre buscaba para charlar, copa de vino en mano, como si no tuviera amigos cercanos, incluso luego de tantas fiestas y cenas lujosas alrededor del mundo. Neff Davis pronto se dio cuenta de esto y tomó provecho, las propinas de Anna siempre fueron recibidas sin importar que se formara una especie de amistad entre ellas, con Davis haciendo de su asistente personal.

Delvey comenzó a utilizar el restaurant Le Coucou del 11 Howard como su centro de operaciones, allí recibía a celebridades como Macaulay Culkin y escuchaba el disco inédito de Lil Wayne en paseos en limosinas, entre tantas otras excentricidades que deslumbraron a Neff, la recepcionista/ asistente. Anna le había comentado que venía de Alemania y su padre era un empresario exitoso en el negocio de paneles solares. Esa no era la única explicación para su dinero, otros conocidos y habitués de la alta sociedad habían oído que Delvey era heredera de familia petrolera, que su padre era un millonario ruso, un coleccionista de antigüedades e incluso un embajador. En cualquier caso, nadie dudaba de Anna porque su dinero hablaba por sí solo.

Entre sus amistades intimas que luego serían perjudicadas por creer en Anna, estaba Rachel Deloache Williams, la periodista de Vanity Fair, quien la conoció en una de las tantas cenas con amigos en común. Williams se dejó seducir por la vida de lujos que prometía Delvey y el hecho de que siempre pagara la cuenta. Incluyendo sesiones de 4000 dólares de ejercicios con una entrenadora de celebridades, quien también se convirtió en parte del círculo intimo de la falsa heredera; nótese que nadie estaba con ella gratis.

El proyecto que Delvey siempre mencionaba a quien quisiera escucharla, era tener su propio centro cultural, exclusivo, con galería de arte y club privado. Lo llamaría The Anna Delvey Foundation o ADF. Desde su regreso a New York en 2016, se había puesto como meta abrir este club y por ello utilizó todos sus contactos para encontrar el lugar, un edificio histórico de 6 pisos ubicado en Park Avenue y 22nd conocido como Church Missions House. Anna les dijo a todos que tendría pop up shops curados por Daniel Arsham, que expondrían artistas como Urs Fischer, Damien Hirst, Jeff Koons y Tracey Emin. Y que Christo habría accedido a envolver el edificio para la inauguración. Todo esto parecía demasiado ambicioso y requería mucho dinero para asegurar el alquiler del espacio. Durante meses cambió su habitual círculo de herederos y celebridades por inversionistas y banqueros, contratando a la prestigiosa firma Gibson Dunn para solicitar un préstamo al City National Bank & Fortress Investment Group. Y aquí comienza su caída…

Luego de un mes y medio hospedada en 11 Howard el hotel solicitó una tarjeta de crédito a Delvey para realizar los cargos correspondientes por 30000 dólares. Ella aseguraba que el dinero llegaría vía transferencia bancaria, como solía manejarse. Solo había problemas con el sistema de su banco -decía siempre- y procedía a llamar por teléfono a Peter W. Hennecke, el asesor financiero de su familia. La transferencia llegó finalmente pero no sería el único problema con ese hotel ni con otros. Al regresar de uno de sus viajes buscando inversionistas para su club de arte, Anna le dijo a Neff que iría de vacaciones a un hotel de 7000 dólares la noche en Marruecos junto con la entrenadora/amiga y Williams. Durante el viaje surgió otro inconveniente, luego de dos días el hotel confirmó que no había tarjeta de crédito para asegurar la reserva. Cuando tuvo que presentar una, Anna entró en crisis diciendo que había un problema con su banco y la transferencia de su familia no estaba entrando. Williams, quien había pagado con su tarjeta los pasajes bajo la promesa de que Anna lo reintegraría, tuvo que pagar la estadía en el hotel también por un total de 62000 dólares. Al regresar a New York los problemas continuaron, una firma de relaciones publicas de Londres reclamaba un pago de 16800 euros por el diseño gráfico para su club de arte. Los mails enviados al asesor financiero de Anna, Peter W. Hennecke, rebotaban. Hasta que el diseñador en cuestión recibió un mail informándole que Hennecke había fallecido.

Pronto Anna se encontraría en la calle. Tras una estadía de 20 días en el hotel Beekman, nuevamente sin una tarjeta de crédito para garantizar el pago de los cargos, sus cosas se confiscaron y se le negó alojamiento. Dos días después el hotel W en el Downtown neoyorquino haría lo mismo, concluyendo con la heredera desamparada vagando por New York en su ropa Alexander Wang.


Resultó que el espiral de estafas realizado por Delvey había comenzado en noviembre de 2016, falsificando documentos donde aseguraba tener una fortuna de 60 millones de euros para conseguir un préstamo por 22 millones en el City National Bank. Todo en servicio de abrir su club de arte ADF. Luego intentó en otro banco, esta vez el Fortress Bank, que le pedía 100000 dólares para realizar comprobaciones. Ante esto, solicitó una línea de crédito por ese monto al City National Bank que luego envió como prueba de sus fondos a Fortress. Cuando este último quiso enviar personal para comprobar los bienes personales de Anna, ella retiró el monto que aún tenía disponible, 55000 dólares, que había dilapido en ropa, cenas y hoteles. En Abril de 2017 depositaría cheques sin fondo por 160000 dólares en la cuenta de City National para retirar un total de 70000 dólares antes que rebotaran. Dinero con el cual pagó la cuenta en 11 Howard. El asesor financiero Peter W. Hennecke se comprobó era un alias falso, cuyo teléfono era de un chip liberado. Otras estafas incluían no pagar cuentas en restaurantes, alquilar un jet privado con documentos falsos y no pagarlo, dos noches en el hotel Bowery con un recibo de transferencia bancaria falso, entre otros crímenes menores. Eventualmente fue arrestada en octubre de 2017 mientras hacía rehabilitación en el centro medico Passages en Malibu, Californa. Anna enfrentaría 6 cargos por robo mayor e intento de estafa mayor, además de robo de servicios y la demanda iniciada por Rachel Deloache Wiliams por los cargos del viaje a Marruecos.

Anna Sorokin, nacida en Rusia en 1991, quien se mudó a Alemania a los 16 años, estudió en Londres y luego incursionó en la moda en Berlín para eventualmente conseguir una pasantía en una revista francesa Purple, ahora esperaba su juicio en Rikers Island, New York. La escena de la ciudad se conmovía levemente por los rumores de las estafas legendarias de la falsa heredera. Fuentes no oficiales afirman que había muchas más que los cargos presentados contra ella. Nadie lo vio venir, pues exhibir indicios de riqueza y pronunciar los nombres correctos, era suficiente para abrir las puertas más exclusivas y codearse con la nueva generación de herederos en la ciudad. Ahora todos tendrían al menos por un momento una anécdota traída desde otro continente, llegando desde Rusia con la apariencia anodina de una joven rica y arty con grandes ambiciones y ninguna intención de pagar la cuenta.


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