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A 44 años del secuestro de Héctor Germán Oesterheld

Héctor Germán Oesterheld nació en Buenos Aires en 1919. Quiso ser geólogo pero mientras estudiaba publicó su primera historia y de a poco se fue haciendo guionista. Su obra fue adquiriendo progresivamente mayores tintes de compromiso político. En 1957 crea El Eternauta y en 1977 fue secuestrado.


Por Walter Pulero

A una invasión extraterrestre no estamos acostumbrados. A una nieve sí, pero al menos no por ahora tóxica y que mate a todo lo que toque. ¿A una batalla con invasores en la cancha de River? Invasiones hemos tenido a lo largo de la historia argentina, pero no con el nivel de detalle con el que aparece en El Eternauta, la obra que Héctor Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López empezaron a publicar en 1957 en la revista Hora Cero, que llegó semanalmente, tres páginas cada vez, durante cien entregas y hasta 1959.

El protagonista de El Eternauta es Juan Salvo. Argentino, de clase media, no musculoso y de apariencia normal: no es un superhéroe. Estaba en Vicente López jugando al truco con amigos y acababa de tener 33 de mano cuando arrancó una intensa nevada. Sus copos mataban al tocar. Así se anunciaba la invasión. Hubo un corte de luz y en las calles todo era silencio. Quien saliera desesperado, la nieve lo liquidaba a unos metros. Había cadáveres por todas partes, pero a la casa (donde estaban Elena y Martita, mujer e hija de Juan) no había ingresado la nieve. Podríamos decir que estaban a salvo. “Éramos robinsones que, en lugar de quedar atrapados en una isla, estábamos aislados en nuestra propia casa”, menciona Juan. ¿Hay sobrevivientes? Sí. Son los que de a poco van formando el grupo: la resistencia frente a los “otros”. 

Oesterheld nació en Buenos Aires en 1919. Quiso ser geólogo pero mientras estudiaba publicó su primera historia y se fue haciendo guionista: es el autor de Sargento Kirk, Ernie Pike, Sherlock Time y Mort Cinder. El Eternauta fue su obra más popular y seguramente cuando lo creó no imaginó que viviríamos en un panorama similar (o sí). En tiempos del COVID19 no es una nevada mortal la que destruye a la raza humana, pero coincide en ser un enemigo invisible el que está cambiando al mundo y amenazando a los humanos, sin respetar fronteras. Y la forma de hacerle frente es en equipo. Nunca solos. Oesterheld lo diría mucho más claro: “El héroe verdadero de El Eternauta es el héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, el héroe solo”.

Oesterheld intentó con El Eternauta dar una respuesta a los horrores cometidos por el hombre: la necesidad de una ética de la solidaridad. Los autores de ciencia ficción de fines de la década del 50 acostumbraban a describir a la catástrofe del planeta viniendo desde afuera. El guionista rompe con esta perspectiva al transformar a los “otros” en seres irrepresentables y a los sujetos sometidos al miedo, al aislamiento, al narcisismo.

En su historia la invasión somos nosotros como raza humana, siendo partícipes de una cultura que no respeta fronteras, llevando al abandono, a la miseria, a la discriminación, a la exclusión y a la muerte a millones de humanos. Y el elemento subyacente de nuestro sentimiento de país periférico, acosado, a merced de lo que decidan otros: ¿les suena las patentes de las vacunas que por el momento los laboratorios no están dispuestos a liberar y que aún hay países en el mundo que todavía no recibieron dosis? Hoy nuestro mundo se parece mucho a ese descripto por Oesterheld, con la soledad del hombre, rodeado por la muerte. 

En 1969 el guionista se radicalizó políticamente y realizó otra versión de la historieta con ilustraciones de Alberto Breccia, donde tenemos superpotencias que pactan con los invasores para entregar a América del Sur a cambio de quedar indemnes. En 1975 le propusieron a Oesterheld hacer una segunda parte, cuando ya integraba Montoneros, y convirtió a Juan Salvo en un caudillo preparado para organizar militarmente la resistencia. Oesterheld ahora era Germán (debía enmascararse y lo buscaban para eliminarlo) y al igual que él, también había cambiado su personaje.

Héctor Germán Oesterheld fue secuestrado el 27 de abril de 1977 por las Fuerzas Armadas, al igual que sus cuatro hijas (dos estaban embarazadas), sus dos yernos y dos nietos, que fueron devueltos.

Hoy a Germán se lo sigue buscando, su cuerpo sigue desaparecido, pero su obra dejó una huella imborrable en la cultura argentina. Y como homenaje a su legado deberíamos estar juntos y juntas para derrotar al enemigo más poderoso. Solo de esa forma podremos superar la nieve, en cualquier forma que se nos presente. “Ahora no es tiempo de odiar, es tiempo de luchar”.


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