“Creo que el problema está en la sociedad, que está bastante enferma”

Pabellón 4 retrata el trabajo de Alberto Sarlo dentro de una cárcel de máxima seguridad. El abogado y escritor les enseña filosofía, literatura y boxeo a 52 presos del Pabellón. Al mismo tiempo, acompaña a Carlos “Kongo” Mena quien acaba de salir en libertad pero vuelve como ayudante. Entrevistamos a Diego Gachassin con quien pudimos conversar acerca de su experiencia en el rodaje de Pabellón 4 y la realidad carcelaria de nuestro país.


¿Cómo llegaste a la historia de Alberto Sarlo?

Diego Gachassin: En Los cuerpos dóciles, mi película anterior, habíamos grabado un par de jornadas en la cárcel y me habían quedado ganas de profundizar en el mundo carcelario. A raíz de su estreno, Rocío Raiberti, que hacía la prensa de la editorial de Alberto Sarlo “Cuenteros, verseros y poetas” se contactó y me contó del proyecto de Alberto. Al reunirme con él, Alberto en una charla muy sentida, me contó su proyecto y me pareció que ahí había una película posible, y que podía responder varias preguntas que me habían quedado dando vueltas en la cabeza, desde mi película anterior.

 

El sistema penal parece ser un tema que deambula mucho en tu cabeza. ¿Qué te impulsa a volver a trabajar sobre esta temática?

DG: Creo que la cárcel es un lugar interesante porque hay un conflicto muy fuerte y esencial, que es la falta de libertad. Y también es un tema que sirve para pensar quiénes están en la cárcel y quiénes no, para poner en cuestión muchos aspectos de la sociedad que están naturalizados. Por otro lado este proyecto en especial me servía para poner a los presos en un lugar muy poco visto, discutiendo ideas, estudiando filosofía y repensando sus vidas. Desestigmatizar a la población carcelaria.

 

¿Cómo fue tu experiencia durante el rodaje y con qué obstáculos te encontraste?

DG: La experiencia en el rodaje fue muy buena. Uno tampoco está libre de los prejuicios de la sociedad, pero al entrar al Pabellón 4 y ver a 52 presos de máxima seguridad escuchando en silencio a Sarlo explicar filosofía, tomando apuntes, leyendo sus escritos y discutiendo de literatura, me quedé maravillado. Con los presos del Pabellón siempre hubo una excelente relación. Realmente no tuve muchos inconvenientes, los permisos de rodaje, que podían ser el mayor problema, gracias a las gestiones de Alberto Sarlo, y al apoyo de Gustavo Ferrari, el ministro de justicia de la provincia de Buenos Aires, y la buena predisposición del director de la Unidad, Juan Fernando Pirali, se consiguieron rápidamente.

 

¿Pudiste llegar a comprender por qué cuesta tanto en nuestra país que las cárceles sean un modo de reinserción de las personas a la sociedad?

DG: Creo que el problema está en la sociedad, que está bastante enferma. Cuando uno ve que la gente pide que los ladrones se pudran en la cárcel, que sean violados, etc. es comprensible que el estado de las cárceles no ayuden a la reinserción. Hasta que la sociedad no comprenda que la violencia y la injusticia que hay dentro de las cárceles indefectiblemente va a salir a salir a las calles, creo que seguiremos por el mismo camino. Los medios dominantes y los políticos más básicos siempre se aprovechan de algún caso policial para fogonear la mano dura y el punitivismo, como si eso hubiera solucionado el tema de la seguridad alguna vez. Hay que pensar con qué ex convicto quiere encontrarse uno, si con una persona que fue maltratada y violentada y que sale con odio y sed de venganza o con alguien a quién se le dio una oportunidad de repensar su vida.

 

¿Sentís que con esta película se puede llegar a poner en agenda el tema de la realidad de las cárceles en nuestro país?

DG: Si por algo hice esta película es porque creo que el proyecto de Alberto debería replicarse, pero como dice él, no por un privado o una ONG, sino por el Estado, que debe hacerse cargo del problema. Si, tengo la esperanza de que esta película pueda poner en agenda este tema.

 

¿Cómo ves la situación del INCAA en cuanto a la promoción del cine independiente en Argentina?

DG: La verdad es que el INCAA se portó muy bien conmigo, pero eso no quita que las resoluciones tomadas por esta administración están poniendo muchos palos en la rueda del cine independiente. Cada vez se hace más difícil poder presentar un proyecto, y cada vez hay más trabas burocráticas para poder llevar el proyecto adelante. Al día de hoy solo para tener un proyecto documental aprobado hay que esperar un año, desde la presentación al INCAA. Con estos tiempos este documental hubiera sido imposible, porque habrían cambiado las autoridades políticas que me permitieron hacerlo. Hay documentales, que tratan realidades urgentes, que no pueden esperar un año para ver si se hacen porque la realidad ya cambió. También es muy difícil en estos tiempos, ya que con la inflación que hay, los presupuestos quedan totalmente desactualizados.

Por otro lado ahora el INCAA está bancarizando los créditos, con una taza de interés del 30 por ciento, que es muy difícil de afrontar por el cine independiente. Siendo que siempre funcionó bien el tema de los créditos con el dinero que tiene genuinamente el INCAA. Esto lo único que beneficia es el negocio bancario y lo que va a provocar es la quiebra de las pequeñas productoras.