“Estos hombres no se mueven por deseo sino por ansias de competir”

Monger es un inquietante documental sobre los extranjeros que llegan en busca de sexo extremo a Buenos Aires. Está dirigido por el estadounidense radicado en Argentina Jeff Zorrilla y nos muestra la dinámica del circuito de turismo sexual en la ciudad de la furia a partir de las historias de vida de tres personajes. La película tuvo su proyección en el Festival de Cine de Mar del Plata y generó polémicas a partir del abordaje del film que privilegia el punto de vista masculino para ponerlo en crisis.


¿Cómo surge la idea de Monger?

JZ: La historia de este proyecto empezó en 2013, yo estaba en el Festival de Cosquín, recibí una llamada de mi novia. Ella estaba shockeada porque al buscar el contacto de la persona que nos alquilaba nuestro departamento encontró su email en un foro de turistas sexuales en Argentina; aparentemente también alquilaba departamentos a turistas sexuales. Cuando volví a Buenos Aires miramos este foro y empezamos a descubrir este submundo de turistas sexuales que se llaman a sí mismos “mongers”.

 

¿Cómo llegaste hasta los protagonistas?

JZ: Creé un usuario en el foro y posteé que quería hacer un documental sobre ellos y su subcultura. La mayoría de las respuestas fueron negativas pero recibí algunos mensajes privados de personas interesadas en participar, específicamente Ramiro y Alan. Más tarde encontré a Joe a través de su Facebook, me pareció un personaje importante para la película por su ingenuidad en su forma de ver el mundo y su actividad.

 

¿Qué fue lo más extraño que descubriste mientras rodabas el film?

JZ: Todo este mundo era extraño para mí, pero uno de los personajes vino a Buenos Aires con un fin sumamente extraño: vino exclusivamente para tener sexo con 12 prostitutas, que eran las que le faltaban para completar las 400 antes de su cumpleaños número 35. Me interesó particularmente porque muestra que estos hombres no se mueven por deseo sino por ansias de competir o alcanzar una cierta idea de qué es deseable.

 

¿Qué experiencias te llevaste de la exhibición de la película en el Festival de Mar del Plata?

JZ: Fue la primera vez que mostramos la película y para mucha gente fue una experiencia un poco shockeante. Personalmente estoy muy feliz porque se armó un debate entre todos los presentes donde mi opinión sobre el tema tenía el mismo valor que la de cualquier espectador. La película es un poco como un test de Rorschach, donde cada uno interpreta los personajes y sus acciones a través de sus propias experiencias de vida y punto de vista sobre el mundo. Después de los debates se nos acercaron muchas personas con comentarios en su mayoría positivos, incluso mujeres que trabajan en organizaciones de género estaban muy interesadas. Por el otro lado, recibimos comentarios del tipo “con tantos problemas que tenemos en Argentina, ¿por qué sumar una cosa más?”.

 

¿Tenés una postura tomada al respecto sobre el trabajo sexual?

JZ: En primer lugar creo que es derecho de cada mujer decidir lo que quiere hacer con su cuerpo. Pero la situación de prostitución está muy basada en la posición económica de las personas. Decir que la mayoría de las mujeres que realizan trabajo sexual lo eligen libremente sería bastante cínico. Estoy a favor de la regulación y protección de las mujeres pero creo que el hecho de que el Estado obtenga dinero en forma de impuestos, beneficiándose así del trabajo sexual de las mujeres, plantea un problema. Me interesa lo que hicieron en Suecia, donde se criminalizó el consumo pero no la prostitución, y el dinero que el Estado recibe gracias a esto es usado para centros de ayuda a mujeres en situación de prostitución.

 

¿Cómo te paras frente a las distintas críticas y controversias que genera Monger?

JZ: Me parece fascinante que recibimos críticas de todo tipo, incluso diametralmente opuestas. Mucha gente piensa que la película es apología del accionar de sus personajes y otros dicen que es una condena moralista de eso mismo. Como ya dije, creo que la película es un test de Roscharch de las opiniones de cada espectador. Por eso me parece que la película genera una muy buena discusión porque los espectadores terminan debatiendo sus propias opiniones, no es un debate de corte sociológico solamente.

¿Por qué la decisión de incluir fragmentos de Súper 8 en la película?

JZ: El formato analógico es una pasión personal, me siento muy afortunado de haber encontrado una movida del fílmico acá en Buenos Aires, de hecho soy parte de un grupo llamado Club del Súper 8. Particularmente en esta película el formato me ayudó en la idea de fetichizar la imagen y crear un distanciamiento con el espectador, porque esas imágenes generan asociaciones con los films de viajes y muestran ese extrañamiento del observador frente al lugar exótico que está registrando. En Monger extendimos ese recurso a la mujer. Por otro lado usamos los momentos en súper 8 casi como separadores donde aparece el 4to personaje que es la voz en off de mongers anónimos que justifican sus acciones a través de un punto de vista muy particular sobre el mundo y presentan un mundo idílico que contrasta fuertemente con la vida cotidiana de nuestros personajes, que vemos en las escenas de observación y entrevistas en digital.

 

¿Cómo ves la exhibición de películas en Argentina?

JZ: Me parece excelente que haya un circuito de exhibición alternativo (Malba, BAMA, ahora reabrió la Lugones, el Recoleta está estrenando muchas películas, incluso lugares más chicos como Matienzo) que junto con los Espacios INCAA (ahora CINE.AR Salas) y muchos festivales son los únicos espacios donde documentales y películas más chicas tienen oportunidad de encontrar su público.

 

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

JZ: Por el momento sigo con mi trabajo experimental en fílmico, estoy terminando un corto en 16 mm sobre Donald Trump que se llama White Trash, codirigido con Ignacio Tamarit. Como proyecto más a largo plazo, para el año que viene estoy planeando un documental del que no puedo decir mucho más pero tiene que ver con la adolescencia.