Un repaso por el director más británico

¿Cuantos directores podemos nombrar que reconozcas su estilo automáticamente al ver una escena de una de sus películas? Saquemos de entrada a los directores mas famosos, los que conoce cualquiera de nosotros: Martin Scorsese, Quentin Taratino, Stanley Kubrick o Alfred Hitchcock. Nos queda Guy Ritchie.


Por Matías Irazabal

En el mundo del cine donde todo está contado y filmado es extremadamente complicado para los directores inventar su propio sello, su propio estilo, algo que los identifique automáticamente. Aunque tal vez no te salga el nombre podés nombrar mas películas de él, el famoso “a sí, es el de …”. Guy Ritchie es el rey de esa frase.

El director británico comenzó su carrera en 1995 con el corto The Hard Case y le siguió con dos películas icónicas. Primero con Juegos, trampas y dos armas Humeantes (Lock, Stock, ad Two Smoking Barrels, 1998) y Snatch: cerdos y diamantes (Snatch, 2000). Estas películas le dieron mucho al mundo del cine: un Brad Pitt completamente irreconocible haciendo de gitano mostrando todo lo que puede actuar y también le presentaron al mundo entero a Jason Statham. Un Statham distinto, no la super estrella de acción que todos conocemos hoy en día, pero le dio los primeros pasos al actor en el mundo de la actuación. O mismo con Vinny Jones: el británico ex futbolista se destaca en ambas películas como un matón, personaje que se seguiría repitiendo a lo largo de toda su carrera. Hay una discusión sobre estas dos películas dentro del mundo del cine y los fanáticos de Guy Ritchie ¿Cuál es mejor? ¿Juegos, trampas y dos armas humeantes o Snatch? La respuesta correcta es Snatch.

 

El estilo

Pero repasemos porque el estilo de Ritchie es único en el mundo y en particular se hace notar en sus dos primeras películas. Escenas con una narrativa circular donde todos los contenidos y personajes están conectados de principio a fin con episodios completamente al azar que van armando la trama con los diferentes grupos participantes que más adelante vamos a nombrar. Este azar es el que hace a la comedia de sus películas con escenas por momentos tan inverosímiles que es inevitable que te saque una carcajada. Son narradas por una persona casi omnisciente podríamos decir (en Snatch es Statham y en Lock & Stock es Alan Ford).

Primero se destaca el cerrado acento británico de todos los personajes participantes, que aunque sepas inglés te va a costar la vida entenderles una palabra. Con muchos personajes protagonistas que son ladrones o mercenarios o metidos en algo ilegal en un 100% y son presentados o en cámara lenta o con una gráfica en particular, mientras una voz en off nos dice el nombre y a qué se dedica en su día a día con un posible flashback de su trabajo y cómo se ganó su apodo en el caso de tener uno. Muchos personajes, cada uno con su propia meta en la película, aunque esa meta suele ser la misma para cada participante, lo que lleva al clímax, el choque de los diferentes grupos. Con la comedia que nombrábamos siempre presente debido a la ridiculez con la que estos personajes suelen encontrarse y sus planes salir horriblemente mal o sorprendente mente bien.

Con música fuerte para pasar las escenas sin diálogo, personas caminando o llegando a diferentes lugares. Robos que terminan en su gran mayoría con escenas de persecución filmadas en contrapicado (la cámara siempre mirando para arriba) con muchos cortes a puntos fijos de la calle o a la cara de los personajes. Muchas fiestas, tomas de dinero, juegos de cartas, alcohol. Con la misma voz en off que nos presentó a los personajes contando diferentes tramas de la historia. Y las mejores escenas de acción de todo Hollywood con cámaras lentas para mejorar el entendimiento de la situación y poder ver cada golpe con precisión y brutalidad seguido de cortes rápidos y vertiginosos que nunca nos dejan perdidos, preguntándonos qué es lo que está pasando (como otro director que prefiero no mencionar) y hacen más impresionante estas escenas prácticamente al lujo del detalle. Todo con un estilo de violencia muy “tarantinesca”.

Este estilo único siguió con Revolver (2005) y RocknRolla (2008) que lo llevaron a su primera película grande: Sherlock Holmes en 2009 con Robert Downey Jr. como el famoso detective y Jude Law como el Dr. Watson. Y acá es donde el director mostró su capacidad: no es fácil hacer una película de tanta plata para uno de los grandes estudios (Warner) y darle tu estilo a la película y que esta sea un éxito. Pero no solo Ritchie lo logró sino que para muchos esta es la mejor de sus películas. Llevó al Siglo XXI a uno de los personajes más reconocidos de la historia de la literatura, agarró sus escenas de acción y las modificó (o mejor dicho las adaptó) a la inteligencia del personaje, logrando escenas cautivadoras y un realismo de ver a Sherlock Holmes, el gran detective, pelear. Sumó su cámara lenta más la voz en off del personaje y su forma no lineal de editar ¡y bum!

Tenemos a Sherlock pensando y calculando con frialdad cada uno de sus movimientos en cámara lenta para luego actuar todo a la velocidad normal para acabar con la escena y el enemigo. Esta tuvo una secuela en 2011 (Juego de sombras) y en 2014 trajo a otro famoso nombre a la actualidad con El agente C.I.P.O.L. (The Man From U.N.C.L.E.) un peliculón poco valorado del director que no tuvo mucho éxito. Lo mismo se puede decir de Rey Arthuro: la leyenda de Excalibur (King Arthur: Leyend of the Sword, 2017). Tiene un estilo que hace divertido a todas las películas que hace en mi opinión tengan éxito o no. Y que mejor ejemplo para demostrar esto que Aladdin del 2019. Sí, la Aladdin de Will Smith como el Genio fue dirigida por el británico, que aunque de todas es la que menos de sus marcas registradas tiene, se pueden ver los momentos en los que le dio su estilo, particularmente en las escenas de acción y persecución por las calles de Agrabah.

Y para este inicio del 2020 el director volvió  a sus orígenes con Los caballeros: criminales con clase y una película que vuelve a involucrar a la mafia londinense que tanto le gusta. Guy Ritchie es un caballero enamorado de su estilo, que deberían seguir más de cerca.