Breve repaso del trabajo femenino

El rol de la mujer en el cine argentino no siempre estuvo ligado a su trabajo como guionista o directora. Años de lucha les permitieron llegar a un 2020 mucho más auspicioso y prometedor y hoy podemos encontrarlas encarando proyectos que permiten darles mayor visibilidad. En Cinergia vamos a hacer un breve repaso sobre este asunto de mujeres.


Por Walter Pulero

El cine argentino, desde hace décadas, está en deuda con el lugar que le da a la mujer, tanto delante como detrás de cámaras. Analizar a las películas según el rol que se le adjudican a las mujeres con una simple prueba como es el test de Bechdel, nos daría en minutos un panorama bastante desalentador porque en su inmensa mayoría están representadas como personajes con un mundo acotado a su relación con los hombres. Y al mismo tiempo estaríamos tapando otra problemática, como resulta el lugar de importancia dentro de la cadena de producción del cine argentino.

Desde hace algunos años muchas mujeres comenzaron a cobrar cada vez más protagonismo como guionistas y directoras. Esto llevó al resurgimiento de nuevas cineastas y un número interesante de muy buenas camarógrafas, sonidistas, directoras de arte, asistentes de producción y productoras. Mujeres como Lucrecia Martel, Albertina Carri, Celina Murga, Paula de Luque, Lucía Puenzo, Julia Solomonoff y Tamae Garateguy, solo por mencionar algunas pocas, lograron reflejar con el peso de sus puntos de vista, el rol femenino en el cine argentino de la actualidad.

Y esto llega como consecuencia de la evolución que la mujer fue ganando en muchas partes del mundo, pero sobre todo desde hace tiempo en la sociedad argentina, abriéndose paso a fuerza de decisión, talento y perseverancia, ocupando lugares que si bien les correspondían por derecho propio, esas funciones estuvieron vedadas por cierta discriminación y prejuicios. Históricamente la dirección en el cine era considerada un rol masculino por la sencilla razón de que se trata de un espacio de poder: se decide qué, cómo y desde dónde se va a contar una historia.

El inmenso cambio de mentalidad en la cinematografía argentina, provocó a mediados de los 90 el llamado Nuevo Cine Argentino, surgido de esas mujeres que fueron partícipes de un fenómeno que derrumbó modos antiguos de producción y rompió con muchos prejuicios relacionados con la actuación, la puesta en escena y las formas estéticas. Y más cercanos a esta época, si bien no existen en Argentina estadísticas oficiales públicas acerca del tema, analizando la información que arroja el sitio Ultracine, de un total de 203 películas estrenadas en 2019, 59 fueron dirigidas por mujeres.

Pero más allá de números, existen datos que nos hacen ver que el rol de la mujer acompañó al desarrollo del cine nacional desde sus inicios. Ya en la era del cine mudo, María V. De Celestini con Mi derecho (1917) y Emilia Saleny con La niña del bosque (1918) fueron pioneras en un ámbito que paulatinamente se fue transformando en un trabajo exclusivamente masculino. Es así que vemos un extenso período sin participación femenina en el cine nacional: entre los años 30 y 50 prácticamente no encontramos directoras, y mucho menos mujeres ocupando roles técnicos. Solo se dedicaban a trabajos relacionados a la realización de vestuarios y el diseño del arte, tareas que aún no se les daba una importancia mayor dentro de una producción cinematográfica. Tuvimos que esperar a 1960 para que otra mujer vuelva a aparecer como directora de un largometraje, y ella fue Vlasta Lah, quien ya contaba con una carrera como asistente de
dirección fundamentalmente en películas de su marido Catrano Catrani. Sus películas Las furias (1960) y Las modelos (1963), que trataban temáticas femeninas, llegaron a estrenar en cines.

Recién en los años 70 comenzaron a destacarse mujeres como María Herminia Avellaneda, quien dirigió Juguemos en el mundo (1971), y Eva Landeck, directora de Gente de Buenos Aires (1974) y Este loco amor (1979).



Ya en los años 80 la participación femenina en el cine nacional inició su crecimiento, fundamentalmente a partir de dos cuestiones de importancia para la industria. Por un lado gracias a María Luisa Bemberg y su capacidad y tenacidad para crear películas como Camila, Miss Mary y Yo, la peor de todas. Tenaz activista del feminismo y una de las fundadoras de la Unión Feminista Argentina, se destacó como creadora de películas con temáticas referidas a la emancipación y reivindicación de la mujer, y logró mayor prestigio cuando Camila fue elegida para competir por el Oscar como mejor película extranjera, una de las siete películas que accedieron a una candidatura en la historia del cine argentino. Y por el otro, hizo su aparición La Mujer y el Cine, una asociación de directoras, escritoras y actrices que de forma organizada iniciaron la búsqueda de una participación más amplia en el espacio artístico que les pertenecía, pero que hasta ese momento no habían podido ocupar. Y es necesario hablar de mujeres con decisión y talento, como la productora Lita Stantic, quien no por casualidad produjo cinco películas de Bemberg. Además de ocupar otros roles como de directora, productora ejecutiva y jefa de producción, fue quien continuó y transmitió a las nuevas generaciones de mujeres el legado de María Luisa Bemberg. De esta forma descubrió a una cineasta trasgresora como Lucrecia Martel (fue productora ejecutiva de La ciénaga y La niña santa) y reconoció a hombres y mujeres innovadores del Nuevo Cine Argentino.

Hoy nos encontramos con la presencia de influyentes mujeres delante y detrás de cámaras, ocupando espacios de mayor poder de decisión. Pero queda aún un largo camino si observamos la asimetría que existe respecto a los varones. Cada vez más amplio es el grupo de mujeres que dirigen cine argentino y que seguro seguirán dirigiendo: El cine nacional esté en movimiento constante y hoy las mujeres también son protagonistas.