Mal de altura

TÍTULO: Himalaya
ACTORES: Pablo Bronstein, Gastón Filgueira Oria, Manuel Iglesia, Marcos Krivocapich, Nicolás Levin, Francisco Ortíz, María Belén Ribelli, Eloy Rodríguez Tale, Carolina Stegmayer, Jennifer Sztamfater, Luis Tenewicki y María Agustina Trimarco.
MÚSICO: Eloy Vicario Malich
ESCENOGRAFÍA: Federico Dirrheimer y Juan Fiori
DISEÑO DE VESTUARIO: Bruno Chávez Couture
MÚSICA ORIGINAL: Ismael Pinkler y Eloy Vicario Malich
OPERACIÓN TÉCNICA: Fidel Semería
FOTOGRAFÍA: Nicolás Levin
DISEÑO GRÁFICO: Guillermo Lizarzuay
DRAMATURGIA: Juan Seré
DIRECCIÓN: Juan Seré

Domingos 18.00 horas / Ladran Sancho-Guardia Vieja 3811

Dos grupos muy diferentes de hombres, los sherpas y los alpinistas, despiertan un sueño dormido, ascender al monte Manaslu; pero la conquista nunca es completa. Himalaya es una alegoría pequeña de un viaje hacia adentro, donde habitan las penas.


Por Fernanda Miguel

Todo se desarrolla en una sala minúscula que hace mucho más fácil adentrarse en la trama. Los sherpas, habitantes originarios de Nepal, son quienes arrancan la historia que tiene como protagonistas tanto a ellos como a unos intrépidos alpinistas que sueñan con hacer cumbre en el monte Manaslu, uno de los más altos de la cordillera del Himalaya.

Al comienzo la trama parece lineal, pero todo cambia y empeora en algunos minutos, por lo que se vuelve más interesante. La lucha del espíritu de la montaña contra el hombre blanco se vuelve impredecible a cada paso.

La puesta en escena, hecha con cortinas pintadas, da una sensación de altura y profundidad que cobra relevancia a medida que van pasando las secuencias. Los efectos sonoros y lumínicos acompañan y dejan una sensación de frío que no se va en la hora diez minutos que dura la obra.

Las actuaciones son sobresalientes y cada uno de los actores, que son 12, se desenvuelven muy bien por el espacio del escenario. Cada uno de ellos tiene características bien definidas y propias, además de pequeñas historias que hacen aún más rica la trama. El punto a destacar es el lenguaje y juego de palabras que utilizan los sherpas para comunicarse en ese mundo invadido por los hombres blancos.

En la obra el humor es justo y necesario, se recurre al absurdo para abordar ciertos temas más complejos y también aparecen algunos momentos más reflexivos. El final es por demás inesperado y es la vuelta de tuerca justa.

En Himalaya abunda la creatividad y el trabajo en la puesta en escena y vestuario. Todos estos elementos se conjugan con el excelente libreto de Juan Seré, brindándole al espectador un producto que supera ampliamente todas las expectativas.