Inicio, caída y cambios de una estrella

Will Smith es uno de los actores más reconocidos del mundo del cine. Uno podría decir que es una de las pocas súper estrellas que quedan en Hollywood. Con esto nos referimos a actores que solo con sus nombres ya garantizan una buena venta de entradas, y que no en todos los casos es así. Y tuvo porrazos… pero que no fueron caídas.


Por Matías Irazabal

Los únicos actores que podríamos poner en el mismo rubro junto con Will Smith, serían en mi opinión Tom Cruise, Dwayne “La Roca” Johnson y Keanu Reeves, entre unos pocos. Pero a diferencia de los actores que nombré anteriormente, Smith tuvo una mala época de su carrera donde eligió malas películas dramáticas. Creo yo que, para mostrarse más multifacético, como si necesitara de algún tipo de validación de estas películas y la crítica, dejó de actuar en películas de acción y/o comedia, pochocleras podríamos llamarlas, el tipo de películas con las cuales había hecho su carrera.

 

Sus inicios

Will Smith comenzó su carrera actoral como Will Smith en la famosa serie cómica El príncipe del rap (The Fresh Prince of Bel-Air, 1990) durante la cual demostró su gran talento como actor en unas muy buenas escenas dramáticas, como la charla con el tío Phill sobre su padre ausente. Esta serie lo hizo reconocido y le dio oportunidades en la pantalla grande, y mientras seguía al aire obtuvo su primer protagónico en Seis grados de separación (Six Degrees of Separation, 1993). Esta película no tuvo ningún éxito pero no ocurriría lo mismo dos años después, en 1995, con la famosísima Dos policías rebeldes (Bad Boys, 1995), dirigida por Michael Bay. Fue un éxito de taquilla y comenzó una tendencia para el actor en películas de géneros de acción y comedia. Pero la película que subió a Smith al estrellato se estrenó al mismo tiempo que el último año de El príncipe del rap, y fue Día de la independencia (Independence Day, 1996). Esta es una de las películas más reconocidas de 1990 y ganó más de diez veces su presupuesto (817 millones de dólares).

La racha del actor siguió un año después con Hombres de negro (Men in Black, 1997) y Enemigo público (Enemy of the State, 1998). Pero a comienzos de los 2000 fue su primer intento de cambiar de género de sus películas, como con La Leyenda de Bagger Vance (The Leyend of Bagger Vance, 2000) y Ali (Ali 2001). Aunque Ali fue muy bien recibida tanto por la cítrica como por el público, ambas fracasaron en recaudar el suficiente dinero como para llamarse éxitos. Así que volvió a sus orígenes con Hombres de negro II (Men in Black II, 2002) y Dos policías Rebeldes II (Bad Boys II, 2003), dos franquicias que ya conocía. En 2004 se estrenó Yo, robot (I, Robot, 2004), la exitosa película de ciencia ficción, y el mismo año le puso la voz a Oscar en El espanta tiburones (Shark Tale, 2004). Le siguieron Hitch (2005), En busca de la felicidad (The Pursuit of Happyness, 2006), Soy leyenda (I Am Legend, 2007) y Hancock (2008). La racha del actor parecía absolutamente imparable, ya llevaba seis años de un éxito tras otro, incluso saliéndose un poco del género que tanto lo destacaba, haciendo una comedia romántica como Hitch y un drama que quedará para toda la historia con En busca de la felicidad, demostrando su increíble rango actoral, pudiendo hacer todo lo que el guion le pida y transformándose en cada uno de los personajes que le tocó interpretar.

 

La caída

Pero allí terminó su período de buenas películas. después de Siete almas (Seven Pounds, 2008) que fue destrozada por la crítica aunque fue un éxito de taquilla, Smith se tomó un descanso de cuatro años y volvió a la pantalla grande en el 2012, con una de sus franquicias preferidas: Hombres de negro 3 (Men in Black 3, 2012) y nos hizo olvidar a todos de Siete almas.
Pero eso fue todo. Luego vino una seguidilla inolvidable de malas películas. Del 2008 al 2019 solamente actuó en dos buenas películas: Hombres de negro 3 y La verdad duele (Concussion, 2015), pero después una colección de desastres como Después de la Tierra (After Earth, 2013), Focus (2015), Bright (2017) y, la peor de lo peor, Belleza oculta (Collateral Beauty, 2016), un drama insoportable y sin sentido que te deja entre adormecido y atónito con lo que está pasando en la pantalla.

El cambio

Pero todo cambió cuando Aladin (Aladdin, 2019) llegó. La película de Disney fue un éxito total y nos volvió a dar al Will Smith carismático que todos tanto queremos. Porque, aunque la película no es de lo mejor, él es increíble interpretando a su personaje y lo mismo podría decirse de la película animada Espías con disfraz (Spies in Disguise, 2019). Y esa es la clave de todo esto, cualquier actor puede elegir en su carrera malos papeles en malas películas y que esto los lleve un poco a un espiral del que les cueste salir. Pero Will Smith siempre actuó bien sin importar la película porque la verdad es que muchas de las películas que nombré al inicio, como buenas películas o exitosas, puede ser que en realidad no sean del todo buenas, pero él es increíble e hizo lo mejor siempre con los papeles que le dieron.

El problema en las malas épocas del actor, con esto me refiero ente 1999 a 2001 y 2008 a 2019 no es que las películas eran malas, sino que parecía no importarle las películas en las que estaba, sin emoción, sin carisma y por momentos parecía deliberado como en Después de la Tierra donde parece un robot sin emociones. Prácticamente actúa toda la película sentado hablando en un tono monótono que dormiría a cualquiera.

El Will Smith carismático y gracioso con el que uno se podía identificar incluso, parecía desaparecido de la faz de la Tierra, pero eligió muy bien en no participar de dos de sus franquicias más famosas: Día de la independencia: Contraataque (Independence Day: Resurgence, 2016) y Hombres de negro: Internacional (Men in Black: Intenational, 2019), y sí volver a Bad boys para siempre (Bad Boys For Life, 2020). Ahora solo esperamos que haya vuelto para quedarse.