La reunión social

En el episodio anterior, comenzamos el inicio del fin de estas historias, donde en algún punto, todas se entremezclan. Si no la leíste, podés hacerlo ACÁ.


Por Rodrigo Vega

Alejandro:

¿Preguntan por mí? ¿Aún reverbera mi paso por el plano físico? ¿Mis hazañas son relatadas por quienes las vivieron a mi lado? Los rostros se desvanecen, tu rostro se desvanece. Te convertiste en un recuerdo. Porque no estás con ellos y tampoco estás presente en tu nueva realidad. Entonces llega ese pensamiento tan cruel, esa nube de sangre coagulada en el cielo grisáceo de tus expectativas: elegiste cavar tu propia tumba cuando te fuiste sin despedirte de esa vida llena de pequeñas cosas buenas que no supiste apreciar. Pudiste tenerlo todo, ser el pez grande en el estanque pequeño. ¿Pero cuál hubiera sido la diversión en ello?

Por cada portal que paso esa cosa sigue detrás de mí, he intentado perderla en la pista de ese boliche legendario, en la calle interna que tenía, en el vip al que esa cosa no debería poder entrar. Saliendo a través del club en la esquina, donde vi tantas bandas geniales, que pronto será un aburrido complejo de edificios; esta cosa oscura continúa allí, marcando mis pasos por más imposibles de alcanzar que sean. Es difícil saber cuándo estoy realmente despierto, siento como si no hubiera dormido en días. Pero quizás sean semanas. No se bien en que me metí, no es propio de mí hacerlo, pero la rutina -oh la rutina- fue letal. Literalmente me mató. Estoy ahora en el medio, un delicado equilibrio que otros sobrellevan bailando. Siempre lean la letra chica de sus tratos con espectros cool que vagan por plazas frente a su departamento. Esta cosa se está poniendo fastidiosa, creí haberla perdido cuando llegué al edificio donde vive Fran para vernos con los otros y despedir a Pablo. ¿Ese es él?

· La sombra que temes no soy yo Ale, es la duda que te atormentaba de noche, la razón por la cual no dormías bien. Es el catalizador que te llevó a encontrarla. Pensaste que era la solución, ¿Verdad? Que todo se disiparía con esa mordida, esos delicados dientes perforando tu carne desesperada, bajo la luz de leds, en medio de la pandemia. Pero allí está, detrás de ti.

· No puede ser que estés acá, lo digo en el buen sentido, esperaba no verte. No estoy como vos. No he muerto aún. Solo quiero que mi paso por el mundo valga de algo. Quiero ser recordado por algo concreto. Un antes y un después de mí.

· Solo podrías hacer eso viviendo. No evadiéndote una y otra vez hasta quedar inconsciente y perder la noción de tu responsabilidad… Quedate.

· No es tan fácil, hay cosas que hice, cambios y digamos personas que han aparecido desde entonces…

· Entenderán. Su finalidad no es el caos. No buscarán represalias. Pero probablemente vuelvan a tentarte.


Mi herida comenzó a sangrar y arder, no lo había hecho desde la primera noche. Esa noche duró lo que duran semanas en el plano mortal. Y mi sangre se mantuvo fresca en mi remera blanca todo el tiempo que estuve bailando y disfrutando con ellos. Esa noche no es como esta noche. Al elegir quedarme en un lugar tres versiones de mí se manifestaron, una llegó desde mi izquierda y otra desde mi derecha, la tercera era mi sombra, la que me perseguía desde que elegí evadirme. Era verdad lo que dijo Pablo, ellos no me atacaron por irme, solo revocaron mi entrada. Me pregunto si volveré a verla. O si me está observando esta noche. Ella, mi anfitriona en su mundo. Tal vez nos quede un nuestro último baile… Pero ahora es momento de entrar a ese departamento y encontrarme con mis amigos.


Iván:

Hice lo que mejor me sale, tomé la campera y corrí. No me enorgullezco, fue un instinto, más fuerte que yo. Tomó posesión de mí, canalizó mi adrenalina y miedo en un acto brusco, la silla voló detrás de mí, quizás esta rota. Y mis amigos deben pensar que soy un cobarde, un cagón dirían ellos. Salí al pasillo y bajé las escaleras tropezando en la oscuridad, pero sin detenerme. Sin luz, sin amigos, ¿Sin motivos? ¿Qué tenía en el cuello Ale? ¿Fui el único que lo vio? Subí dos pisos hasta el departamento, nunca estuve más aterrado y no había nadie. Se fueron sin mí. Lo merezco. Así que debí bajar otra vez, nueve pisos en total, Franco no podía alquilar en el tercero, no. Bajar con mas miedo o miedo a lo que pudiera haber fuera del edificio.

Las calles desiertas, falta la bola de heno rodando para darle el toque tragicómico. Aquí es donde termina la historia de la civilización de la que soy parte. En edificios construidos sin pasión, sin interés por enaltecer la ciudad donde se sitúan, solo patéticas excusas de cemento barato para ganar dinero. Esto dejamos, cables expuestos para la electricidad. Un insulto enorme de la humanidad a Nikola Tesla. El último gran alquimista. Esto fuimos, calles mal diseñadas, espacios muertos, plazas horrendas, suciedad por todas partes. La tumba de concreto para las ambiciones de unos pocos. Siento la misma energía que estaba cuando la manada me persiguió en la plaza. Lo siento en el ambiente, estática, la electricidad en el aire es palpable. Pero siento algo más, escucho algo concreto. ¿Son pasos?

Volví a hacer lo que mejor me sale, esta vez tenía motivos más allá de un corte de luz y la desaparición de mis amigos. Tenía que salir del camino de esos runners. Cientos de ellos, con la mirada en blanco, corriendo como una estampida. Sin conciencia, directo hacia mí, para aplastarme. Traté de gritarles, pero ninguno movía su cuerpo a voluntad fuera de los movimientos marcados por el grupo. Todos golpeándose, amontonados, buscando un objetivo y yo con mi campera roja huyendo otra vez entre los autos vacíos y las cortadas en las cuadras siguientes al edificio donde vive mi amigo. ¡¿Qué puedo hacer?! ¡¿Por qué siempre me encuentro en estas situaciones?! ¿Y qué es esa figura haciendo señas? Me está señalando que me acerque, se parece a… ¡¿Pablo?!

Iván, se que sentís que siempre estás huyendo de los problemas, correr es tan natural para vos como lo es para otras especies nadar o volar. Otras especies sin duda… No es casualidad lo que soñaste, tampoco lo que alucinaste, de no haber huido te habrían encontrado despedazado en esa plaza. Y ella está en la ciudad, no fue solo un encuentro fortuito. Pero tendrás que aprender a usar tu fuerza para frenar a quienes deseen atacarte.

¿Era eso cierto? Pablo se veía borroso como un holograma distorsionado. Se veía como ella cuando me dijo que hacer esa noche frente a los perros salvajes. No puedo seguir huyendo debo volver al edificio, tengo que entrar a ese departamento, siento que allí están ellos esperándome.

La luz regresó y los cuatro estábamos allí, sentados en el mismo orden. Agustina con el brazo lastimado y trozos de espejo en la ropa. Iván transpirando como si hubiera corrido kilómetros. Alejandro ya no tenía aspecto anémico y su herida en el cuello ya no se veía putrefacta. Nos miramos sin necesidad de explicar qué había ocurrido. Y comenzamos a recordar a Pablo por las cosas que nos inspiraron de él. Charlamos como antes, como si el mundo fuera no tuviera un gran signo de interrogación. Algo está sucediendo y todos pudimos verlo a nuestro modo. Pero sabemos que en compartir con el otro está la respuesta y la motivación. Lo que debamos enfrentar, lo haremos juntos.