Una historia de rebeldes
Richard Linklater homenajea la creación de ‘Sin aliento’, de Jean-Luc Godard, en una divertida y conmovedora exploración de la rebelión juvenil y el caos creativo que dio inicio a una de las historias más importantes del cine.

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Por Ignacio Rapari
Apenas tres meses después del estreno de Blue Moon —con Ethan Hawke, nada menos que uno de sus actores fetiche— Richard Linklater presentó Nouvelle Vague en la Competencia Oficial de Cannes. La referencia temporal no solo subraya lo llamativo de que el director haya lanzado dos obras tan íntimas en un período tan breve, sino que también dialoga con la esencia misma de esta película. Su primera exhibición (nada más ni nada menos que en Cannes, con lo que implica para esta película) tuvo lugar apenas unos meses antes de que se cumplieran tres años de la muerte de Jean-Luc Godard, figura central del film y presencia que sobrevuela cada escena.
Por supuesto, no estamos ante una simple biografía de Godard —interpretado magistralmente por Guillaume Marbeck— sino ante una recreación un tanto libre del rodaje de Sin aliento / À bout de souffle, la obra más emblemática de su filmografía, y a la vez una de las tantas míticas del movimiento cinematográfico bautizado por Cahiers du Cinéma, al que Linklater rinde homenaje directo desde el título.
El realizador estadounidense se propone una mixtura que logra el equilibrio entre el registro casi documental y la construcción cinematográfica de sus personajes. No busca simples imitaciones —aunque el parecido de Marbeck con Godard, y de Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg con Aubry Dullin y Zoey Deutch, es realmente impactante— sino figuras que funcionen por sí mismas más allá del homenaje, sostenidas por un guion que las vuelve capaces de atraer incluso a quienes desconocen, parcial o totalmente, las causas, detalles y protagonistas de aquella revolución cinematográfica. Es así que con Nouvelle Vague, Linklater indaga en el clima de época y en las figuras que lo atravesaron. Algunas reciben un desarrollo más profundo, otras aparecen apenas de modo anecdótico, pero todas quedan fijadas gracias al gesto de detener la acción para nombrarlas en el plano.
Entre pequeñas miserias retratadas con encanto y una camaradería que quizá cueste imaginar como real —pero que resulta hermosa de ver en este retrato— la película reconstruye esos veinte días de rodaje de Sin aliento, cuando las reglas se quebraban sin culpa (con la paradoja de que la única norma inquebrantable era justamente romperlas), se filmaba desde la aventura y se soñaba con un ideal casi irreconocible en el cine contemporáneo.
Los escasos encuentros entre Godard y François Truffaut después del éxito de Los 400 golpes; los desencantos de Seberg; la desesperación del productor Georges de Beauregard (Bruno Dreyfürst) frente a las rebeldías de su director; las ocurrencias del fotógrafo Raoul Coutard (Matthieu Penchinat); y, por supuesto, la bellísima recreación de la París de 1960 —filmada en un blanco y negro que remite de inmediato a las obras de aquel período y con un aspect ratio 1:37— son apenas algunos de los momentos que atraviesa la Nouvelle Vague de Richard Linklater, una hermosa oda a uno de los períodos más decisivos de la historia del cine.
TÍTULO ORIGINAL: Nouvelle Vague
DIRECCIÓN: Richard Linklater
ELENCO: Guillaume Marbeck, Zoey Deutch, Aubry Dullin, Bruno Dreyfürst, Benjamin Clery, Matthieu Penchinat, Pauline Belle
GUION: Holly Gent y Vince Palmo, adaptado por Laetitia Masson y Michèle Pétin. FOTOGRAFÍA: David Chambille
EDICIÓN: Catherine Schwartz
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