Mujeres escribiendo sobre mujeres

El sexo nos atraviesa, somos seres sociables y practicarlo es una forma de vinculación. Estamos bombardeados por él desde publicidades, moda, gráficos hasta incluso canciones. ¡No nos olvidemos de las series! Así que adentrémonos en estas producciones que se ponen la camiseta y lo tratan como lo que es: algo natural.


Por Carla Alomar

¿Cuántos chistes conocés sobre sexo? ¿O alusivos a la intimidad? El del hongo que llora porque se cae su femenino, el de Marcelo, y muchos que lejos de funcionar caen en lo ofensivo y lejos están de ser adecuados para el paradigma actual y sus discusiones. Sin caer en la crisis existencial de Todd Philips, quien abandonó la comedia porque “en la actualidad la gente se ofende fácilmente”, no vamos a salir a buscar payasos de pelo verde, porque sabemos que existe un horizonte que crece y se mejora cada vez más, donde todo efectivamente son risas y ¿orgasmos? Y queremos que vos también lo conozcas.

Se trata de una oleada de series de comedia que problematizan y ponen sobre la mesa, sin caer en lo normativamente educativo, acontecimientos en torno al deseo que toda persona vivió o está al tanto. Y ahí es donde el “remate ” funciona. El verse reflejada y reflejado en esa situación llevada al absurdo en la mayoría de los casos, pero que sin embargo cumple su cometido: romper el tabú.

Sexo, series, sería ilógico que como primera asociación no pensemos en Sex Education de Netflix. Pero sin quitarle mérito a esta producción del gigante de la N roja, que aborda a través de su gurú Otis las distintas frustraciones que se sufre en la adolescencia cuando todo está a flor de piel, nos centraremos en producciones de otro alcance. ¿Su patrón común? Están hechas por mujeres.

De la cadena Hulu, PEN15 rompe con todo de entrada al poner a sus creadoras, Anna Konkle y Maya Erskine, así adultas (ambas treintañeras) y lookeadas en los 2000 (tiempo del relato), a actuar de sí mismas pero como si tuvieran trece años, afrontando todas esas vicisitudes de la pubertad. Sus personajes, mejores amigas, se afrontan con todo lo que demanda estar “en la onda” en la secundaria.

 

Cortes de pelo frustrados, usuarios cachondos típicos de los sitios de chats románticos, a los que la tecnología de esa época comenzaba a acercarse. Y que uno entra de trampa, a oscuras en la pieza, mientras todos están acostados. Porque ese “despertar” pivotea entre la curiosidad y el miedo a no saber con qué me voy a encontrar.

Las llamadas por teléfono fijo desde la cama, postal clásica de las comedias (vintage) previas al whatsapp, recorren algunos de los momentos presentes en los ocho episodios de su primera temporada. Esa sed corporal mezclada con el miedo a crecer se retrata a la perfección en la serie, con esta dupla que va dejando la inocencia de la mano, aconsejándose o compartiendo cigarrillos. Lo autobiográfico sobrevuela gran parte de la trama pero modificado para generar dinámicas más interesantes. ¿Quién no escribió cosas subidas de tono con los números en la calculadora? Pen15 = penis.

El gran momento de esta producción es la escena dedicada a la masturbación femenina. Maya prueba con todo tipo de presión en su zona, producto de no conocerse. Almohadones, fricción con sábanas. Un momento sumamente cuidado y genuino, pero que sin embargo no encontramos muchos otros ejemplos para comparar. Jóvenes mujeres masturbándose por primera vez, conducidas por la revolución hormonal de entre los trece/ quince años, no es algo que abunde. Pero si la tele no lo muestra, ¿Significa que no pasa? Al momento de filmarla hubo varias dudas si era correcto llegar “hasta ahí”. Sí, en los varones funciona: la masturbación es el chiste autoconclusivo, pero en una mujer, ¿Se vería de la misma forma? Anna Konkle reformula “¿Puedo como mujer haciendo eso ser divertida también? ¿Y puede ser vergonzoso, grosero y triste y todas esas cosas?”.

 

Siguiendo la línea autobiográfica y de nuevo otro par de amigas, Ilana Glazer y Abby Jacobson nos invitan a conocer su vida de supervivencia en Nueva York. Broad City, serie web que pudo dar el gran salto a Comedy Central cuando Amy Poehler vio la chispa y apostó al proyecto, concluyó el año pasado con su quinta temporada.

La línea que recorre todos los capítulos es no tomarse las cosas tan en serio. Si hay una serie rica en representación de lo cotidiano y la sátira en sí que es vivir en una gran Ciudad, rebuscándosela cuando hay que postergar los sueños para pagar el alquiler, es esta. Uno de los personajes quiere ser dibujante pero limpia estopas de pelo en baños de un gimnasio top en pleno Manhattan.

Ilana es el personaje más osado, sin tabúes podríamos decir. Al punto tal que festeja con un baile twerk cuando su amiga complementariamente opuesta, Abby (la que dibuja) decide animarse a penetrar a un hombre con un dildo.

El guion construido por el punto de vista de estas dos mujeres es fresco y directo. Abby e Ilana corren el metro, o se meten en los lugares más inhóspitos con tal de conseguir un aire acondicionado mas barato, y charlan de sexo. En el mientras de todo eso, un diálogo entre mujeres auténtico, con toda la jerga que eso implica. Estas dos veinteañeras cuando se juntan, se critican y se ríen de sí mismas, pero se preocupan cuando no pueden llegar al orgasmo desde que Trump ganó las elecciones.

Si bien usan aplicaciones de citas y se animan a probar cosas disparatadas, ninguna está en pareja. Pero sin embargo disfrutan y pueden hablar de sexo sin caer en el retrato de la frustración. Masturbarse está bien, eso también es liberarse.

Consoladores, desnudos de liberación al ritmo de Lady Gaga, y preservativos que aparecen después de hacer pis recorren la pantalla sin hacer tanto escándalo. Se está hablando de sexo y de la liberación femenina, y de personajes fluidos pero no se frena el cronómetro de los veinte minutos que dura cada capítulo para hacer una catarsis reflexiva al respecto. De nuevo no se lo toman tan enserio, pasa sin más. Y por momentos el sexo es bueno, otras asqueroso, y hasta a veces decepcionante. Como pasa en la vida real, ¿No?

Si Girls usaba el sexo para contarnos la vida de Hannah, Broad City lo refuerza no volviéndolo el centro. Dos mujeres que confiesan sus relaciones pero sin volverlo el eje. Después de todo tienen sus consoladores.

 

Si Game of Thrones nos bombardeó con topless no tan requeridos o violaciones, Fleabag es otra clase magistral del tipo de comedia requerida que en estos tiempos pide retruco. En pleno acto el personaje interpela al público, criticando al hombre que tiene encima. Vemos pero a la vez no, el chiste pasa por otro lado.

La comedia no murió, se reinventó en parte porque hay otras voces que comenzaron a practicarla y porque la gente que se ríe cambió. Se manejan otros códigos ahora. Mejor así, de lo contrario seguiríamos escuchando las risas grabadas de ultratumba, las sitcoms de estudio. Se puede seguir bromeando con partes íntimas ¿Cómo? Formulas correctas no hay. Pero cuando prima la autenticidad, mujeres escribiendo mujeres por ejemplo, hay una luz inspiradora. Romper tabúes, y hablar sin pelos en la lengua, siendo conscientes que hay otra sensibilidad respecto a hechos que antes se banalizaban, puede ser un buen inicio.