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La mayor enemiga del feminismo

Mrs. America es uno de los grandes estrenos del 2020 y llega a la Argentina de la mano de Fox Premium Series. Esta miniserie de 9 episodios, creada y escrita por Dahvi Waller, nos relata las discusiones vívidas dentro y fuera del movimiento feminista de los años ’70 en Estados Unidos. Integrada por un magnífico elenco, la serie nos invita a reflexionar el contexto actual del movimiento desde un repaso histórico del mismo.


Por Maribe Sal

Mrs. America, protagonizada por Cate Blanchett, nos revela varias claves para pensar el feminismo. Por un lado, observamos un retrato histórico de los efectos contrarrevolucionarios que causó en Estados Unidos la Enmienda por la Igualdad de Derechos entre varones y mujeres (ERA). La misma fue aprobada en 1971 aunque hasta la fecha no logró ratificarse. Por otro lado, encontramos la segunda ola del feminismo con fuertes influencias políticas, que se fue bifurcando hasta perder las fuerzas de sus comienzos.

En este contexto aparece Phyllis Schlafly (Blanchett), ama de casa y madre de seis hijos, pretende encontrar un espacio en la escena política a como de lugar. Al principio intenta que sus ideas anticomunistas respecto a las negociaciones soviéticas y la diplomacia de Kissinger sean escuchadas, pero cae en cuenta que este tema no es propio de una mujer. Phyllis es un monstruo político, inteligente y voraz que no se deja desanimar ante esta primera censura y encuentra nuevos espacios donde expresarse. De esta manera, toma la bandera anti-feminista y funda STOP ERA, una agrupación de mujeres conservadoras cuyo principal objetivo fue mantener aquellos “privilegios” que tenían siendo amas de casa. Para ellas la ERA amenazaba a una institución nacional, como lo era la familia, y tergiversando sus argumentos lograron mediatizar la discusión y frenar la enmienda.

Es este uno de los puntos más interesantes que propone la serie para pensar el feminismo. El mismo sistema patriarcal que excluye a Schlafly de la política es el que la lleva a batallar contra quienes buscan hacerle un lugar a la mujer en estos espacios. El personaje está magníficamente pensado, en ningún momento se juzga su discurso de odio porque el enemigo no es ella, sino el patriarcado. Es un personaje lleno de dudas y contradicciones que busca ser escuchada, que sus ideas sean tomadas en cuenta, que dejen de interrumpirla y conseguir la independencia suficiente para defenderse sola, estudiar y ser un referente político. Sus ideales eran feministas, pero el camino para conseguirlos fue apoyar a su propio adversario.

Por otra parte, se encuentra el feminismo, con Gloria Steinem (Rose Byrne), Shirley Chisholm (Uzo Aduba) y Betty Friedan (Tracey Ullman), entre otras. Se abre aquí también, un complejo escenario de discusión dentro del mismo movimiento. Tenemos el radicalismo de Friedan, el feminismo negro, el feminismo lésbico y el feminismo liberal. Las agendas comienzan a ramificarse, cada personaje persigue sus propios objetivos. Las cuestiones se tensan, las contradicciones se ponen sobre la mesa y comienza la discusión para planificar los próximos pasos luego de la presentación de la ERA.

En el fondo está Bella Abzug (Margo Martindale), que con su cautela política nos inquieta a cada instante. En la realidad las secretarias están siendo abusadas por los congresistas, las mujeres siguen muriendo desangradas por abortos clandestinos, las esposas continúan aguatando la violencia de sus maridos, pero la política feminista debe aguardar, debe tragar la bronca y esperar “el momento indicado”. Al final de eso se trata: analizar el mapa, saber cuáles son los jugadores, hacer una movida y esperar que todas soporten un poco más hasta conseguir los derechos tan ansiados. Aquel feminismo que nació siendo reaccionario, terminó adaptándose a las exigencias políticas para tener más opciones de ganar.
Por último, un gran logro por parte del guion de Waller es el anclaje que mantiene el relato con el presente. La idea de que el feminismo contemporáneo tiene sus raíces en aquellas luchas.

La serie termina con una contundente frase: “Los líderes del movimiento feminista continuaron luchando por la igualdad de género, pero no recuperaron la influencia política que tenían al comenzar los 70”. Con esto nos hacemos un panorama de lo que la creadora nos ha intentado comunicar a lo largo de los capítulos. La explosión de este feminismo que ya luchaba por las trabajadoras sexuales, por el aborto y otras luchas muy actuales, fue un fenómeno que provocó una cara contrarrevolucionaria que no volverá a permitir que la igualdad de derechos entre en la agenda política de tal manera. Podemos ver incluso a Schlafly (Blanchett), republicana, anticomunista, oportunista, con ambiciones políticas que la llevan a utilizar estrategias grotescas como la mentira y las fake news, como un augurio de lo que nuestras luchas iban a despertar de manera masiva.

La serie nos abre los ojos, presenta un nuevo panorama para entender las coyunturas actuales. Advierte de manera brillante cómo el patriarcado nos enfrenta y hace que nos odiemos para que olvidemos cuál es el enemigo real. Pero justamente eso es lo interesante: nos usan porque nos necesitan y no pueden seguir sin nosotras. Sin embargo, el feminismo está creciendo, aprende de sus errores y abarca cada vez más. Confío en que nuestras peleas internas pueden ser duras y controversiales, pero nunca serán contradictorias si tenemos claro que nuestro objetivo no es el odio y el enemigo no está entre nosotres.