El detrás de las escenas

La nueva serie de Hulu (que en Latinoamérica emite Starz) relata una historia de amor entre Connell y Marianne. Se nos presenta un romance tan natural y verosímil que se nos eriza la piel, acompañado de una hermosa fotografía y diálogos inteligentes y feministas. Sin embargo, hay algo en particular que llama la atención, que parece nuevo y que está perfectamente logrado: las escenas de sexo.


Por Maribe Sal

Las relaciones sexuales que mantienen los personajes de Normal People, Connell (Paul Mescal) y Marianne (Daisy Edgar-Jones), son increíblemente reales sin caer en lo grotesco o pornográfico. Son momentos eróticos en los que prima el consentimiento y la comunicación, donde el foco no está puesto en una mirada masculina voyerista, sino en trasmitir que el sexo puede ser un lugar seguro donde las personas logren sentirse cómodas.

La mente brillante detrás de estos momentos es Ita O’brien, coordinadora de intimidad. Su rol es bastante nuevo en la industria y está volviéndose cada vez más indispensable. El trabajo consiste en coreografiar las escenas íntimas en el rodaje, permitiendo, además, que los interpretes se sientan seguros y cómodos, tanto físico como emocionalmente.

O’ Brien comenzó su carrera como actriz y bailarina de teatro. Basada en sus experiencias y observaciones, en 2014 comenzó a notar una falla a la hora de recrear escenas de sexo en los escenarios, en el cine y la televisión. Para ello comenzó a escribir ciertas pautas a tener en cuenta para filmar estas escenas, que fueron ignoradas hasta el 2017, cuando estalló el escándalo de Harvey Weinstein, el productor de cine acusado de abuso. Con la posterior aparición del movimiento #MeToo, muchas actrices, entre ellas Emilia Clarke, reconocida por su trabajo en Game of Thrones, se animaron a hablar de la incomodidad a la que eran expuestas para realizar este tipo de escenas, donde no siempre se sienten a gusto hablando con los directores o sus compañeros de rodaje. De esta manera no se establecen límites de consentimiento, los actores no están en un ambiente favorable y esto no solo repercute en ellos, sino también en la escena final. Bajo este contexto, cadenas como HBO y Netflix fueron adoptando las pautas de O’brien, quien fue haciéndose indispensable en el rodaje, hasta conseguir su primer trabajo, en 2018, bajo el nombre de coordinadora de intimidad en la serie Sex Education (Netflix), convirtiéndose en una pionera en esta área.

El gran desafío para Ita O’Brien se vio reflejado en las escenas de sexo de la serie Normal People, muy importantes en la trama ya que reflejan la madurez de los personajes. Los encuentros sexuales entre Connell y Marianne van cambiando mientras crecen y experimentan con otras personas. Además, cada escena es tratada con mucha responsabilidad, por ejemplo, cuando son adolescente y tienen sexo por primera vez, se revela la inexperiencia de ambos, el momento de intimidad, donde se prioriza el consentimiento y la protección, evidencia la naturalidad del acto, tan familiar a lo cotidiano que no incomoda al espectador, todo lo contrario, la escena sigue siendo erótica, demostrando que la primera vez de cualquier persona puede ser placentera para los dos. Esta escena, se convierte en un ejemplo positivo para cualquier adolescente.

Se nos presenta así, una serie de encuentros sexuales hiperrealista y naturalista, que logran trasmitir mucho más de lo que estamos acostumbrados a ver, donde podemos conocer mejor a los personajes, sus vulnerabilidades y sus fortalezas, su humanidad. Las escenas de sexo pasan a representar algo concreto y a aportar directamente a la trama, saliéndose del lugar que muchas veces le fue otorgado, como simple decoración.
Para lograr esta representación real, honesta y fiel del sexo entre personas jóvenes, O’ Brien señaló que lo más importante es la comunicación entre los actores y el director, establecer límites, zonas permitidas y prohibidas con una palabra de seguridad previamente acordada, se ensaya cada movimiento y no se deja nada al azar. Con esto también cae la famosa “química” entre los actores, porque se la puede recrear estableciendo previamente cada movimiento, mirada y sonido, donde tocar (y donde no), alcanzando así la emoción necesaria para crear la “química” entre los personajes.

Finalmente, gracias a Ita O’Brien, Daisy Edgar-Jones y Paul Mescal se convierten en un romance que marcan un punto de partida acerca de cómo tratar el sexo entre jóvenes, no solo por traer representaciones verosímiles, sino también por demostrar que estas escenas no son inocentes, que deben ser tomadas con responsabilidad y representar buenas practicas que puedan ser tomadas como modelo para la vida. Normal People expone una fantasía erótica, sexy y respetuosa que podría ser verdad, demostrando que el sexo está presente en la vida de los jóvenes, que no es un tabú y que hay que hablar de ello si se quiere generar una conciencia real.

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