El principio del fin

Los paralelismos entre Breaking Bad y Better Call Saul parecen ser una bienvenida constante, con el comienzo de ambas quintas temporadas situando a su (anti) héroe abrazando una nueva identidad.


Por Javier Puma

Si en el caso de Walter White se trataba del temido narcotraficante Heisenberg, en el caso de Jimmy McGuill (un extraordinario, como de costumbre, Bob Odenkirk) se trata del carismático abogado Saul Goodman. Pero como también ya es bien conocido, las historias de ambos criminales no se destacan precisamente por asegurarles un “final feliz”.

El principio de esta season premiere, en concordancia con temporadas anteriores, nos muestra escenas en blanco y negro que representan el futuro de Saul en su vida de fugitivo de la justicia. El devenido empleado de cafetería continúa viviendo paranoico y con su mayor temor finalmente convertido en realidad. Un taxista de su Albuquerque natal lo reconoce y entre simpático y aterrador lo hace admitir que se trata del famoso abogado que apareció en tantos anuncios de televisión. Con su identidad expuesta, llama urgente al “vendedor de aspiradoras” que lo ayudó a desaparecer (un cameo del recientemente fallecido Robert Forster) antes de retractarse y decidirse a hacerse cargo del problema por sí mismo.

Volviendo al presente de nuestra historia, retomamos a los días en que comienza a gestarse su trágico destino. Jimmy recupera su licencia de abogado al manipular al tribunal y cambia su nombre, aunque solo sea simbólicamente, al de Saul Goodman. Cansado de luchar contra el estigma, decide finalmente resignarse a ocupar el lugar que el resto del mundo, incluyendo su hermano Chuck, parece haberle asignado. Gracias a los “contactos” que consiguió como vendedor de celulares, él ve esta como su tan ansiada oportunidad para hacerse un nombre por sí mismo. Pero este cambio de rumbo entra en colisión con las nuevas perspectivas éticas de Kim y su creciente cargo de conciencia. Uno empieza a creer que este será el factor determinante que pondrá punto final a su deteriorada relación.

Por otro lado, Gustavo (Giancarlo Esposito) debe lidiar con la creciente amenaza de Lalo. Inventando una historia sobre la construcción de un enorme “refrigerador de pollos”, da una explicación creíble sobre sus trabajadores alemanes. Y si bien basta para anular las sospechas del resto, no parecen bastar para Lalo que finge aceptarla con una sonrisa aunque algo en su mirada nos hace asumir que tiene otros planes para desenmascarar la operación secreta del dueño de “Los Pollos Hermanos”.

Mientras tanto, el asesinato a sangre fría al que se vio asignado al final de la anterior temporada todavía tiene a mal traer a Mike (Jonathan Banks). Descargando su furia contra uno de los constructores alemanes y haciéndole un planteo cara a cara al mismísimo Gus, él decide tomar distancia del negocio.

La quinta y penúltima temporada de la serie tiene un arranque vibrante que va colocando las piezas sobre el tablero de cara a su desenlace. A cada paso Jimmy/Saul se acerca más y más a cruzar la delgada línea que lo separa de los delincuentes que él mismo defiende. Un principio del fin, que a pesar de ser conocido, no deja de ser el principal atractivo de una precuela que aprendimos a querer tanto (o en mi caso hasta más) que esa otra gran serie de la que se supo desprenderse.