Cuando lo nuevo ya no es tan nuevo

Esta nueva entrega de Black Mirror confirma cierto declive en la calidad final de la serie, desde aquella primera temporada del 2011. Y es que la antología de ciencia ficción creada por Charlie Brooker, parece curiosamente carente de innovación, presa de la fórmula creada por sí misma. Por ello, salvando un par de excepciones, estos capítulos se sienten más como intentos sin éxito de aportar algo nuevo pero apelando a los elementos que ya se nos hacen demasiado conocidos.


Por Javier Puma

USS Callister
O el capítulo “homenaje” a Star Trek. O más bien el que funciona como cruel sátira. Jesse Plemons interpreta a un hombre resentido con sus compañeros de trabajo, que encuentra la forma de cobrarse revancha al hacer clones digitales de los mismos y así hacerlos participes de su simulador de juego. A pesar de que la historia exige que el espectador acepte mucho para ser verosímil, finalmente prevalece gracias a la química del elenco y a la simpática y colorida temática trekkie.

Hang The DJ
Un episodio que podría ir de la mano de “San Junipero” o “Nosedive” por su tono ligero y optimista. Un relato de romance entre dos jóvenes inexpertos que entran en un súper avanzado sistema de citas a ciegas que incluso decide el tiempo límite de cada relación. Aunque trata sus temas de manera superficial, tanto la interpretación de Georgina Campbell en el rol protagónico y la emotividad generada desde la dirección la hicieron mi favorita personal.
Además: SPOILER: ¡La tecnología al final hace algo bueno por la gente! Ese sí que fue un cambio interesante para la serie.

Arkangel
Por lejos, el capítulo menos inspirado de la temporada, que ni siquiera Jodie Foster puede salvar desde la dirección. Un dispositivo de control parental es el catalizador para resquebrajar la relación entre una madre obsesiva y su hija. En cierta manera rememora el drama del estilo de “The Entire History Of You” pero sin nunca lograr sus picos dramáticos más altos. Una de las entradas más olvidables en toda la serie.

Crocodile
Más allá de que el relato tome un paso valiente al no girar enteramente en torno al dispositivo futurista (en este caso un analizador de recuerdos) sino más bien en una trama de corte policial más clásica, el resultado es un híbrido al que le faltan ingredientes para destacarse en cualquiera de los dos frentes. Tampoco la ayudan giros argumentales forzados y una descuidada psicología de personajes.

Metalhead
Uno de los episodios con mejor premisa inicial, y que sin embargo también termina resultando fallido. Una historia de persecución de extrema violencia entre un implacable “perro” robot y una mujer en un escenario post-apocalíptico. Más allá de la maravillosa puesta fotográfica en blanco y negro, la historia nunca despega de lugares comunes y sin mayores sorpresas que las que uno podría esperar de una película de Terminator. Y aprovechando el ejemplo, es necesaria la claridad de James Cameron para hacer de ello algo memorable y no caer en los convencionalismos que tanto aburren en las secuelas modernas.

Black Museum
El sexto y último de la temporada sirve come exhibición de lo mejor y peor de esta serie. Aquí se utiliza el formato de mini-relato dentro del relato para adentrarnos en una muestra de las invenciones que fueron pasando a lo largo de Black Mirror. Plagado de guiños e easter eggs, “Black Museum” decae en sus momentos finales al introducir un plot twist que puede funcionar para algún televidente, pero que en lo personal evidencia una preocupante inclinación al golpe de efecto por falta de mejores ideas, en un recurso ya gastado. Un capítulo para disfrutar sin pensar demasiado.

Esta cuarta temporada dista de ser la mejor y plantea unos cuantos interrogantes sobre la serie en sí; en especial, cuando lo que parecía algo nuevo deja de ser tan nuevo. Es cierto que el nivel de producción sigue alcanzando los niveles habituales pero uno no deja de preguntarse si con los mismos conceptos esbozados en estos episodios se podría haber llegado a lugares más intrigantes e innovadores. Hace falta cierta renovación en el futuro ideado por Charlie Brooker. Quizás, precisamente, un futuro más alejado de su propio creador.