El monstruo de las tragedias nucleares

Finalizó la emisión de la nueva miniserie de HBO, Chernobyl, que tan solo con cinco capítulos ha sabido cautivar a la prensa, a los espectadores y críticos especializados.


Por Gonzalo Schiffer

 

Realmente estamos ante una reliquia audiovisual y de registro histórico que va más allá del entretenimiento que pueda brindar. Chernobyl propone revelar secretos y poner en tela de juicio a las autoridades gubernamentales frente a lo que fue el accidente nuclear en la central Vladimir Ilich Lenin durante 1986, que dejó graves secuelas con el pasar de los años. En la historia dirigida por Johan Reck y guionada por Craig Mazin conoceremos a los verdaderos héroes y culpables, en un exhaustivo trabajo de investigación de parte de todo el equipo que llevo a cabo todo la producción.

En esta nota queremos contarles por qué nos parece que ha causado tanto agrado intelectual en la crítica y en los espectadores. Debemos saber valorar a Chernobyl como un contenido osado y valiente, que perdurará por muchísimo tiempo como fuente de entretenimiento, pero más importante como enseñanza y aprendizaje. Es desgarradora, cruel y con un tono de denuncia y conciencia social sobre las consecuencias de una catástrofe nuclear, y afirma que HBO sigue con el sello implacable de contenidos de primera calidad narrativa, priorizando en primer instancia el guion y consolidando las historias con una realización audiovisual imponente en todos los rubros técnicos que hacen a una producción.

Desconstruyendo Chernobyl
Repasamos los puntos más importantes que convierten a la miniserie en una pieza clave de denuncia y esclarecimiento de la explosión del reactor nuclear de Chernobyl en territorio ucraniano, en aquel momento perteneciente a la EX Unión Soviética.

El tono realista y estilo sombrío con el que el director Johan Reck encara la historia, nos sumerge en una atmósfera fría, incluso cercana al terror, sin CGI exagerados ni grandes jump scares, si no siendo lo más realista posible con la crudeza suficiente para asustarnos y entristecernos por las atrocidades cometidas por el hombre, con una fotografía que varía en un claro oscuro muy notorio, un tungsteno recurrente y la influencia de la contaminación radiactiva con destello de grafitos, humo y fuego cercano al núcleo . El director junto a la edición se toman el tiempo necesario en cada plano, para contarnos con paciencia y lujo de detalles el paso a paso a el declive y camino hacia el caos radiactivo producido por la explosión en la central de Chernobyl.

Cada fotograma de los paisajes es un reflejo nostálgico de esa Europa del Este, cada rostro de los ciudadanos de Pripyat, los científicos, soldados, mineros, operarios de la central, expresan conmoción y emociones encontradas, mayormente asociadas con la tristeza y el miedo, caso contrario la de la mayoría de los politicos (excepto el personaje de Stellan Skarsgård) y miembros de la URSS, donde vemos corrupción, soberbia y ambición, y terror porque la verdad se desvele.

Los responsables del guion pusieron más el foco en el desarrollo del contexto durante los cuatro episodios iniciales previos al juicio, no cae tanto en el lugar y posicionamiento explicativo. Claro que está presente la investigación, es la trama madre, pero no la principal y protagonista del relato, es más bien la rama argumental que articula las subtramas. El último episodio es el que desarrolla lo sucedido previo al incidente, ya profundizando muchísimo más en términos académicos, de ingeniería nuclear, dentro de un lenguaje técnico y científico .

El hecho en sí como tragedia y catástrofe nuclear supone unas consecuencias inapelables, en el medio ambiente de Pripyat, y en las personas que habitan cerca de Chernobyl, sumiéndola en una oscuridad producto de una negligencia laboral y corporativa de la URSS, antigua Unión Soviética. De esta forma el creador Craig Mazin y equipo de guionistas se preocupan más por mostrarnos quienes fueron los verdaderos afectados, los responsables gubernamentales y los héroes que ayudaron que la catástrofe no se expanda al resto de Europa. Eligen narrarnos diferentes puntos de vista dentro del mismo contexto, a través de personajes de distintas áreas y sectores que conforman a una sociedad, involucrados de lleno en el conflicto.

 

Como protagonistas tenemos al físico nuclear Valery Legasov que junto al político Boris Shcherbina se encargaron de dar la cara para los trabajos de limpieza, e investigar lo sucedido junto al personaje de Ulana Khomyuk, único personaje inventado para representar a la comunidad científica. Tenemos al bombero Vasily Ignatenko y a su esposa Lyudmilla Ignatenko, pareja que sufrió la ruptura y la lejanía a partir del accidente. El supervisor Alexander Akimov, visto como uno de los mayores responsables y al ex jefe de estado de aquel entonces, Mijaíl Gorbachov.

La línea argumental no es llevada por un solo personaje ni mucho menos una sola trama o subtrama. Sí hay más protagonismo de algún que otro personaje, pero se busca recalcar en profundidad el rol y papel cumplido por aquellas personas retratadas en la serie, los que padecieron y lucharon contra la catástrofe, incluidos a los mineros que ayudaron a evitar la fusión, bomberos que contribuyeron en apagar los incendios provocados por el reactor, ciudadanos de los alrededores que prestaron sus servicios como voluntarios para las zonas de exclusión, los operarios que se encontraban en el turno noche y formaron parte de la prueba que derivo en el accidente .

Hay una claro llamado de atención hacia los lideres de la ex Unión Soviética, las caras no visibles del accidente, aquellos que por el orgullo y supuesto patriotismo falso, y a la vez miedo de quedar mal parados frente al mundo, escondieron lo ocurrido con diferentes políticas del miedo, manipulación de la información y egocentrismo nacional, representando una falta de sensibilidad y afecto hacia sus pares, principalmente por los que sufrieron enfermedades y muertes por la fuerte presencia de contaminación y radiación.
El lenguaje de sociedad y estado, con el agregado del científico y técnico, aplicado en los diálogos entre ingenieros nucleares, lideres políticos y operarios, nos sirve de enseñanza para aprender más sobre lo acontecido en Chernobyl y sobre la coyuntura sociopolítica de la ex Unión Soviética. Es un próspero trabajo de recopilación de información e investigación en primera persona de todo el equipo técnico, plasmado este resultado en un trabajo profundo para lograr una verosímil recreación histórica del contexto de 1986 en Europa del Este.

No está de más aclarar el elenco notable con el que cuenta la serie, actores sin un marketing descabellado , comprometidos por representar con respeto a cada personaje y hasta con sentido de homenaje, destacando a Jared Harris como el ejemplar Legasov, Stellan Skarsgård interpretando a Boris Shcherbina, Emily Watson en el papel de Ulana Khomyuk, Jessie Buckley como Lyudmilla Ignatenko, y la sensacional participación de Barry Keoghan como un joven inocente sin formación militar enviado a realizar tareas en las zonas de exclusión, en el que es en lo personal, el capítulo más doloroso. Son los más reconocidos y son solo algunos de los actores que forman parte de un extenso elenco talentoso.

Ojalá que el propósito de fondo de la miniserie provoque un efecto de concientización a escala mundial, que sirva más allá de premiaciones, eliminar esa ceguera política y ambiciosa, para evitar catástrofes futuras, como expresa uno de los últimos pensamientos de Valery Legasov “…Antes temía el precio de la verdad, ahora solo pregunto ¿Cuál es el precio de las mentiras?