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Aporta a sus espectadores lo necesario para terminar el desenlace de la historia

La banda está en su peor momento antes de los capítulos finales de La Casa de Papel. La primera parte de la quinta temporada de la serie estrenó en Netflix y tenemos mucho para contarte sobre esta historia.


Por Agustina Colobraro

Las producciones audiovisuales producidas por España, en su mayoría, tienen esa forma peculiar de relatar la historia que hace que los espectadores nos mantengamos enganchados hasta el punto final. Esto puede verse en series de televisión como Velvet (2013), que le trajo a su público la típica relación entre un hombre rico y una mujer pobre, pero ambientada totalmente en los años 50 dentro del mundo de la moda; Vis a Vis (2015), cuyo guion sirvió de inspiración para producciones en otros países y para ver las dos caras de la moneda; y, por supuesto, una de sus cartas más fuertes hasta ahora: La Casa de Papel (2017).

Inicialmente, La Casa de Papel (2017) tuvo dos temporadas producidas por Atresmedia para la cadena española Antena 3, en las que el atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre realizado por El Profesor (Álvaro Morte) y los personajes con nombres de ciudades tales como Tokio, Nairobi, Río y Berlín, entre otros, empieza y termina, victorioso. Esto sucede porque la serie quería contar una historia “corta” para introducir un nuevo punto de vista en el que la idea que se tiene de quiénes son “los buenos” y “los malos” en un robo se distorsiona por completo. Sin embargo, cuando Netflix adquirió los derechos para distribuirla en el resto del mundo, todo se salió de control a tan gran escala que el servicio de streaming decidió crear tres temporadas más.

A diferencia de las dos temporadas anteriores, estas tres cuentan una nueva historia con los mismos personajes, pero distribuida de una forma que hace más larga la intriga y la espera por saber qué pasa. De esta forma, la tercera sirve como “introducción”, la cuarta como “nudo” y la quinta como “desenlace” de este nuevo relato. Para generar todavía más suspenso por conocer el final, el desenlace fue dividido en dos partes, con la primera estrenada hace tan solo una semana.

Este nuevo atraco sucedió en forma de protesta por el secuestro y la tortura que sufrió Río (Miguel Herrán) por parte de los entes gubernamentales como castigo por el primer robo. Consistió, nuevamente, en hacerse con un edificio público como lo es el Banco de España, robar parte de su tesoro y exigir la recuperación de su compañero, jugando con la exposición en los medios de comunicación y en el fuerte más importante: la indignación de la sociedad. Como era de esperarse, el proceso se complicó por diferentes factores que sucedieron en la tercera y cuarta temporada y ahora, en la quinta y última, es momento de salir del banco como sea.


En la primera parte de esta entrega, el relato sigue exactamente donde terminó el anterior: con Alicia Sierra (Najwa Nimri) encontrando el escondite de El Profesor, con los inspectores intentando negociar con Tokio (Úrsula Corberó), Lisboa (Itziar Ituño) y Estocolmo (Esther Acebo) y con la mayoría de los hombres del grupo peleando con Gandía (José Manuel Poga). Lo que rompe esta suerte de armonía es, nuevamente, Arturo (Enrique Arce), intentando hacerse el héroe y desafiando a los atracadores, complicando los pocos planes que seguían en pie al punto de provocar lágrimas en los espectadores – y en los personajes – al final del episodio cinco.

A partir del desafío de Arturo, el plan cae en picada cada vez más fuerte, involucrando al ejército de España, a la indignación de la gente que se encuentra fuera del banco protestando a favor de los atracadores y al cambio de perspectivas de, por ejemplo, la inspectora Alicia Sierra. Además, el relato se va entrelazando con escenas del pasado de distintos personajes, más que nada de Tokio y Berlín (Pedro Alonso) para generarle al espectador una idea de lo que va a suceder en la recta final.

Es difícil, como seguidor de La Casa de Papel desde el episodio uno, aceptar algunas de las decisiones finales de los guionistas para con los personajes principales. Si bien la serie en sí puede ser catalogada como pochoclera y redundante, supo contar una historia diferente, de resistencia, unión y amistad poco convencional, capaz de generar en los espectadores empatía por quien quizás, en la vida real, no la merecerían. Sin embargo, si el desenlace hubiera sido diferente, perdería el dejo de realismo que acompaña a esta serie en la que no existen los super poderes, las segundas oportunidades que ocurren en formas increíbles ni tampoco la magia o la ciencia ficción. En cambio, apunta a situaciones más mundanas, como lo es por ejemplo el sacrificio de uno por el bien de todos.

Por esto y mucho más, la primera parte de la quinta temporada de La Casa de Papel aporta a sus espectadores lo necesario para terminar el desenlace de la historia, siendo quizás un poco redundante pero encontrando las emociones que buscaba generar. Solo tres meses nos separan del punto final y de, quizás, escuchar a los personajes entonar “Bella Ciao” por una última vez como su himno de libertad y resistencia.


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