Un concepto que pierde fuerza con una tercera parte sin espíritu

Es raro que The Sinner siga siendo una serie exitosa a pesar de que su personaje principal sea tan poco comunicativo. Y aún así, la cuarta temporada aparecerá en algún momento. Algo bueno deben estar haciendo.


Por Federico Furzan

Quien ha sostenido a The Sinner y aparece en sus tres entregas es el detective Harry Ambrose, interpretado por Bill Pullman. No es un personaje atractivo, no es precisamente el más bondadoso y siempre pareciera tener intenciones escondidas. Si a esa fórmula “confiable” le añadimos un conflicto poco claro, obtenemos la tercera temporada de la serie de USA Network, que después de una magnífica primera temporada solo pudo ir hacia abajo en calidad de contenido.

En esta ocasión, Harry Ambrose está ensimismado como siempre. Su actitud es la esperada y solo tiene una preocupación: reforzar el lazo con quien queda de su familia. Vive aislado, excepto por algunas visitas de su hija y nieto, y algún chiste que su jefe y amigo le hace. Harry tiene dolencias físicas y emocionales que parece no poder resolver. Su último caso es misterioso. Un joven ha participado de un accidente automovilístico en un lugar improbable. Junto a él se encontraba otro amigo quien falleció. El único sobreviviente parece estar escondiendo algo y Ambrose parece “conectar” con este joven. Su intención es esclarecer un extraño caso pero los cuerpos siguen apareciendo y el único sospechoso parece tener cómo defenderse.

Ahora imaginen que esto sea el primer episodio de la tercera temporada de The Sinner visto desde la perspectiva de quién “lo hizo”. La serie sobre crímenes inexplicables se convierte en un juego ya resuelto por el espectador quien, por alguna razón, se mantiene expectante sobre lo que pueda pasar. Ya no hay misterio. Ya no existe un camino que no sea una enfermedad mental que empeora.

Ahí la serie que distribuye Netflix en Latinoamérica pierde el valor que alguna vez tuvo. Con un Harry Ambrose unidimensional que realiza acciones inexplicables junto a quien claramente es un villano declarado, la serie cambia el enfoque hacia el análisis del héroe quien actúa de forma extrema para solventar… ¿Un crimen? Es algo que no tiene solución y que la serie pasa por alto. A esta ecuación le añadimos un personaje femenino que aporta la contraparte emocional de Ambrose, y quien también parece tener una extraña intención de experimentar. ¿Dónde quedaron los buenos que solo quieren salvar a los buenos?

En la serie se supone que se aborda un desorden mental pero su diagnóstico es difícil, y omitido por quien escribe la serie. Ese personaje en manos de Matt Bomer carece de estabilidad y lógica en lo que hace. En ocasiones es el villano, y en otras parece buscar redención como sea. Desperdiciado está Chris Messina quien hace el papel del “malo” definitivo quien supuestamente causa el desorden.

No esperaba terminar aburrido con The Sinner pero con ese desenlace me pareció lógico. Definitivamente ya no hay tanto material por explorar, y lo que alguna vez funcionó en manos de Jessica Biel se ha desvanecido para nunca más hacer presencia. The Sinner ya es más una novela dramática que un thriller.

Federico Furzan es miembro de la Online Film Critics Society y crítico aprobado por Rotten Tomatoes. Pueden encontrar esta y otras notas en cinelipsis.com

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